Rosa Parks

22 Septiembre 2021

El 1 de Diciembre de 1955 Rosa Parks se negó a levantarse de su asiento en un autobús público para cedérselo a un pasajero blanco. Hoy, 22 de Septiembre de 2021, Rosa Park es blanca.

Rosa Parks acabó ella sola y solo para ella con la segregación racial que obligaba a los negros a cederle el asiento en los medios de transporte públicos a los blancos. Fue una revolución mínima, solitaria, individual que terminó reventando un nauseabundo, cruel y estúpido sistema de apartheid establecido en la democracia más antigua de la era Moderna, primera potencia económica, militar y tecnológica, con un pueblo culto, informado y con unos valores morales, políticos y religiosos en las antípodas de lo que representaba crear dos clases de seres humanos con distintos derechos.

El movimiento por los derechos civiles en EEUU era, en sí mismo, un altavoz que gritaba a las buenas gentes de Norteamérica la atroz injusticia, la cruel realidad que estaban consintiendo, cuando no aplaudiendo. ¿Cómo no vieron el atroz rostro del apartheid con la misma nítida claridad con el que ahora vemos… los de antaño? Por la misma razón por la que ahora no vemos los de hoy mismo.

Hay personas y personajes públicos que desde su atalaya de la superioridad moral, desde sus púlpitos de libertad, democracia, derechos humanos… pregonan, arengan y traman contra otros seres humanos que tienen la marca de la disidencia. No contra los que buscan acabar con la libertad, la prosperidad y la igualdad de derechos de todas las personas sin distinción. No. Contra los que, haciendo legítimo uso de esa libertad, deciden disentir con lealtad. Ocurre, de forma inexplicablemente generalizada, con quienes pretenden segregar, incluso encarcelar, tal vez eliminar a quienes se niegan a inyectarse una sustancia transgénica experimental de la que se desconocen sus daños potenciales a medio y largo plazo para evitar una enfermedad, la gripe de Wuhan, convertida en pandemia de Covid gracias al uso fraudulento de PCR y a la propaganda de los medios de comunicación. “Los no vacunados matan”, claman los nuevos instigadores de este linchamiento en ciernes tratando de asustar a quienes se resisten y de mentalizar a los que no lo hicieron, los vacunados, para que, llegado el día no muy lejano en que los efectos de esa pócima transgénica obren sus males, culpen a los no vacunados en lugar de a quienes los engañaron para que se prestaran a ser los judíos de este nuevo Mengele que se esconde tras el rostro de los políticos (esa nueva nobleza feudal), los médicos, los periodistas…

Son una minoría silenciada y perseguida las bocas que se atreven a denunciar el apartheid que ya se ha instalado en la mayoría de los países occidentales de mayoría racial blanca (no en los otros) contra los llamados “negacionistas” para conculcar sus derechos civiles exactamente de la misma forma y por los mismos motivos por los que, ahora se ve con indignación y claridad, se hizo con los negros de EEUU o Sudáfrica. Un apartheid principalmente sanitario. Pero no solo sanitario.

En muchos países ya existe el delito de odio que no es más que un eufemismo para colar dentro de la ley los delitos de opinión. Y en algunos, como España, se rompe el principio de inocencia y el de igualdad ante la ley para discriminar por razón de sexo, estableciendo que ahora hay “ciudadanos” y “ciudadanas”, exactamente igual que en los EEUU había “ciudadanos negros” y “ciudadanos blancos”, es decir, “ciudadanos” y “negros”.

Mucha gente necesita la distancia cultural, la perspectiva del tiempo, para ver en toda su vergonzante, grosera, sobrecogedora realidad las injustificables discriminaciones entre personas. Por eso no ven las que tienen delante de sus narices, en vivo y en directo. O, cuando alguien se las señala, las minimizan, las justifican… ¡las defienden!

Hace pocos meses llegó a Canarias una oleada de inmigrantes ilegales. Los hoteles fueron desalojados para cederle el sitio a estos nuevos “blancos”, mientras hoy los nuevos “negros”, los ciudadanos españoles de La Palma afectados por la explosión de un volcán, son alojados en poco más que cocheras. Unos, los nuevos blancos, disfrutaron, aún lo hacen, de estancias de lujo. Otros, los nuevos “negros” no pueden ni soñar (I have a dream) con esas instancias reservadas, como los asientos en los transportes públicos de los EEUU de antaño, a los nuevos “blancos”. Esos EEUU en los que cuando un blanco cometía un crimen, especialmente si era contra gente negra, lo tapaban y, en muchos casos, lo amañaban para que los culpables salieran impunes o pudieran escapar. Como esta España, esta Europa, en la que cuando un “nuevo blanco” comete un delito, se esconde su origen, su nacionalidad, su religión, su nombre, su rostro… para poder conseguirle la mayor impunidad posible bajo el manto de la niebla de ese silencio que hemos visto en tantas películas americanas que denunciaban la segregación americana.

Un anciano “nuevo negro” español, sin antecedentes, pudriéndose en la cárcel por presuntamente matar a un “nuevo blanco”, joven inmigrante con antecedentes, cuando este entraba en su casa armado con una motosierra. Unos jóvenes “nuevos blancos” inmigrantes ilegales, puestos en la calle por presuntamente raptar, torturar y violar a una joven “nueva negra”. ¿Qué dirían ante esto los defensores de la igualdad de derechos en EEUU? ¿Qué dicen esos mismos defensores en España? Nada. ¿Por qué? Porque aquí no se acepta que existe segregación “racial”. Y, si la hay, es justa, benéfica, necesaria, solidaria, progresista…

La segregación de los españoles en su propia patria se extiende a toda una serie de derechos civiles que van desde poder salvar sus símbolos religiosos de una tradición como las Fallas, pasando por las ayudas sociales, la inserción laboral, el acomodo en centros de alojamiento y pisos gratuitos, la asignación de una renta económica… hasta esa sórdida trama de rigor en la aplicación de la ley , cuando no directamente impunidad. Una segregación tan escandalosa como la de aquellos EEUU y esa Sudáfrica de antaño, solo que hoy y con unos nuevos “blancos” y “negros”. Igualmente silenciada, tergiversada o justificada por los medios de comunicación.

Los españoles discriminados en sus propia patria. Y en silencio. Mucho silencio. Sin que nadie plantee las cosas como un caso de derechos civiles. Porque los nuevos negros no tienen siquiera la suerte de contar con blancos que los defiendan, que denuncien su situación, que pongan nombre a la ignominia… Porque todo son “exageraciones de racistas xenófobos que se niegan a ceder el asiento, el hotel, la paga, la impunidad a los “blancos”, a los “nuevos blancos” de las “nuevas alabamas”.

Pero las revoluciones siempre son individuales, siempre cosa de uno, siempre una simple anécdota que crece alimentada por la libertad hasta convertirse en Historia. Basta una Rosa Parks que se niegue a levantarse de su asiento, una Rosa España que salga del cuartel, del pabellón o de la cochera en el que la han alojado a ella y a su familia, entre el hotel de los “nuevos blancos” y se instale allí como si tuviera, que lo tiene, al menos, el mismo derecho que ellos.

Una Rosa Parks, una Rosa España, una Rosa Europa, tenga el color que tenga, corra por sus venas la sustancia que lo haga, que no se levante de su asiento. Solo necesitamos eso.

Que no se levante de su asiento.

África empieza en los Pirineos

27 Agosto 2021

Atila envía a sus hunos vestidos de inofensivos menesterosos para que ocupen Roma con la ayuda de los romanos. Pekín vincit. Pekín imperat.

Muchas ciudades españolas. Por ejemplo Almería, están siguiendo la estela marcada por Barcelona. La exposición gradualmente pautada al virus tercermundista, variante islámica, logra implantar la enfermedad de la sumisión, miseria y violencia de la que huye toda la Humanidad que la conoce, sin las defensas del organismo social y, en una inmensa mayoría de casos, tampoco las de los organismos individuales, detecten el peligro y adopten las medidas de protección y destrucción de los patógenos invasores.

Una sofisticada combinación de fármacos culturales, políticos y mediáticos es la responsable de que nuestro sistema defensivo, encargado de proteger nuestra libertad y prosperidad, no reconozca a los organismos biológicos e ideológicos que solo pueden subsistir en un ambiente colectivizado y totalitario, parasitando a sus huéspedes. Y lo consiguen disfrazando esos patógenos con marcadores propios de la cultura a la que quieren invadir, dominar y parasitar. Igualdad de la mujer, libertad y derecho de los homosexuales (y demás opciones), protección medioambiental, solidaridad, libertad de pensamiento y expresión…

Eso es el neocomunismo: comunismo de siempre arropado por los valores occidentales.

Es la izquierda manifiesta y encubierta, así como los arribistas que esperan beneficiarse de de un sistema colectivista global, la que está disfrazando y facilitando la invasión de mentalidades medievales, ideologías totalitarias e inhumanas y creencias sustentadas en la eliminación de la individualidad (Islam significa “sumisión”, no lo olviden nunca), al mismo tiempo que castiga la más mínima reacción defensiva del antaño potente sistema inmunológico liberacista que logró derrotar al nacionalsocialismo en la II Guerra Mundial y al internacionalsocialismo en la Guerra Fría. Y es esa misma izquierda internacional y nacionalsocialista que inició conjuntamente la II Guerra mundial la que ha iniciado la III Guerra Mundial, esta vez bajo el liderazgo (neo)comunista de Pekín (https://ozyesite.com/2020/08/30/iv-reich-capital-beijing/)

La blitzkrieg colectivista no se sustenta en la actuación conjunta de panzer y stukas, sino en la de medios de comunicación y en la utilización masiva del gran invento para vencer a un país más poderoso sin que este ejerza toda su fuerza: la marcha verde.

Marruecos enseñó al mundo cómo, utilizando la debilidad del enemigo, se le puede derrotar atacándolo pacíficamente. Y, del mismo modo que en 1975, “civiles desarmados” ocuparon el Sahara Occidental sin que el ejército español realizara un solo disparo, así ahora, las oleadas de esos civiles desarmados, explotan la debilidad congénita del mundo occidental, para invadir el territorio aliado sin ninguna oposición (https://ozyesite.com/2020/12/11/el-error-witiza/). ¿Y cuál es esa debilidad congénita del mundo libre? La solidaridad.

Las órdenes mendicantes, las ONGs, el estado de bienestar… todo eso es consecuencia de uno de los dos ejes que articulan la cultura occidental desde la época del mítico europeo ancestral: “disidencia y lealtad” (https://www.amazon.es/Homo-Simulator-Rafael-Ortiz-Garcia-ebook/dp/B086Z38P2Z). Si alguno de estos dos principios mágicamente armonizados se desprende del otro, entonces, sobreviene el caos, la barbarie (en el peor de sus sentidos)… el colectivismo. Sin la disidencia, sin esa capacidad crítica que nos conecta con la realidad, la lealtad se convierte en impulso solidario sin cabeza, en generosidad sin criterio ni condiciones que termina alimentando a las bestias que nos rodean. La solidaridad incondicionada, el resorte de empatía que llevamos los europeos y europeizados impreso en los genes culturales, es nuestra debilidad.

Incluso de no ser solidarios nos acusan quienes no tienen la más mínima solidaridad, ni una ONG, ni un refugiado acogido en sus casas o en sus países. Y es, precisamente, exacerbando esa solidaridad sin cabeza mediante la culpa implantada gracias al control de los medios de comunicación, que el enemigo colectivista logra no solo que permitamos sino que promovamos y protejamos esa invasión de “civiles desarmados que huyen del hambre y la guerra” y traen dentro de ellos, como caballos de Troya vivientes, a las tropas ideológicas del colectivismo que acabará con la solidaridad haciéndola innecesaria gracias a la universalidad de la miseria.

El ocultado cambio climático hacia el enfriamiento global en el que ya hemos entrado, conlleva una carestía de alimentos y mayores necesidades energéticas que van a causar hambrunas conflictos violentos y oleadas migratorias como nunca se habían visto (https://ozyesite.com/2021/01/24/1315/)

Lo saben bien quienes mandan en el mundo, libre o sumiso. No tienen ninguna duda de que entramos en unos tiempos en los que la superpoblación que hemos permitido será el mayor enemigo de la Humanidad, porque los limitados recursos del planeta serán aún más insuficientes para atender no las aspiraciones de un nivel de vida similar al del Primer Mundo para toda la población, sino para atender a las mínimas necesidades básicas. Lo saben y han comenzado a implantar medidas desesperadas.

Una es la pandemia, coartada para el aislamiento, pobreza, incomunicación y, por tanto, capacidad de resistencia de las poblaciones occidentales de mayoría racial blanca, que es donde con más fuerza se ha aplicado la propagación del virus virtual con su secuela de catástrofe sanitaria por histeria y de falsa mortalidad por PCRs y, ahora, las sustancias transgénicas disfrazadas de “vacunas”, cuyos letales efectos se sentirán en toda su terrible magnitud tan pronto como este próximo invierno.

La otra, es la creación de zonas de seguridad migratoria.

Recientemente, ante la evidencia del desastre de la retirada de Afganistán (28 de Agosto de 2021), suceso que tendrá consecuencias muy superiores a las que los más pesimistas están vaticinando, la UE liberó (17 de Agosto de 2021) 9.000 millones de euros de ayuda para España. ¿Por qué? Para convertirla en un territorio de acogida. Para que los españoles más sumisos, crédulos e irresponsables de la Historia, acepten que África comienza en los Pirineos y su país forma parte de ese cinturón de seguridad en el que se tramitarán las solicitudes de asilo y las emergencias humanitarias.

De hecho, la recepción de refugiados afganos, a la que han negado casi todos los países europeos, se va a concentrar no en naciones musulmanas aliadas de EEUU, como marruecos, ni en las muy progresistas y solidarias China (que tiene frontera directa con Afganistán) o Rusia, sino en España.

Las dañinas consecuencias de las “vacunas”, muy superiores a lo que sus impulsores suponían, van a crear una situación en el mundo occidental, donde más se ha implementado su inoculación, que necesitará de potentes cortinas de humo para garantizar la impunidad de los responsables de lo que, si no hay un milagro, va a convertirse en el mayor genocidio eugenésico de la Historia de la Humanidad, salvo lo que la “Nueva Gran Hambruna” causada por el frío, las guerras y el invierno volcánico nos depare (https://ozyesite.com/2020/11/29/bioterrorismo/) Y una de esas cortinas, si no la principal, será la invasión migratoria. La otra, nuevas oleadas de pandemias, crecientemente mortíferas: un marburgvirus para el Tercer Mundo y un patógeno fantasma solapado con los síntomas de los efectos secundarios de las vacunas para el mundo occidental, dejando a salvo a China y su zona de influencia (Rusia, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda…)

Y todo confluye en un punto estratégico por geografía y por sus características sociales: España.

Hay prevista una gran coalición de las dos bandas políticas que han dominado el régimen de la Transición (inacabada hasta la democracia) para gestionar esta época oscura, con los medios de comunicación más serviles y habiendo comprobado los niveles de sumisión que la ciudadanía es capaz de alcanzar y que se encuentran entre los primeros puestos del peor Tercer Mundo. De hecho, el mayor fracaso sanitario mundial, conquistando el primer puesto en muertes/millón de habitantes durante el inicio de la Operación Pandemia (https://ozyesite.com/2020/09/20/operacion-pandemia/), una suspensión sin precedentes de derechos fundamentales, ya declarada ilegal por el Tribunal Constitucional y una destrucción económica también sin precedentes desde la Guerra Civil, quedarán completamente impunes gracias a ese pacto de la infamia que se vestirá de “pactos de la Moncloa” para crear una excepcionalidad política que gestione la que será, sin ningún milagro lo remedia, una de las épocas más oscuras para los españoles desde casi todos los puntos de vista.

Hay previsto despoblar España permitiendo la emigración selectiva de sus mejores hombres y mujeres para nutrir la mano de obra cualificada de la UE y mediante el incremento de la mortalidad y de la esterilidad de la población vacunada, la mayor de todos los grandes países europeos, para crear espacio vital donde acoger las oleadas migratorias que, a su vez, ayudarán a neutralizar aún más el ya de por sí debilitado sistema inmune del pueblo español.

Este invierno habrá frío, hambre dentro y, sobre todo, a las puertas de nuestro país, enfermedad y muerte entre los vacunados, persecución feroz contra los negacionistas y mucha solidaridad con los de fuera.

Solo el pueblo español que conserve algo de sus genes culturales, echado al monte y a la calle, armas en la mano, podría, como siempre, salvarse a sí mismo de la traición de los de arriba, los “nuestros” y los “otros”, hermanados en la defensa del negocio común: Pastorear, explotar y sacrificar, si fuera necesario, a los españoles.

Lo de siempre. La Vieja Normalidad vestida, ahora, de neocomunismo.

Affirmationist Supremacism

August 1st 2021

It always starts out the same. With a harmless appearance. Refusing entry to a bus, to a restaurant, to a school. It started the same way in South Africa, in Germany and in the Western world back in the twenties of the 21st century.

In the South Africa of 1953, blacks could not live in the areas assigned to whites, could not enter them without a “pass card”, had no right to vote, marriages between blacks and whites were not allowed, blacks could not buy land, public transport and access to public buildings, education and health services was racially segregated. The process of establishing this policy of racial apartheid did not take place immediately, but over a period of five years, between 1948 and 1953. And it began in a mild, almost unimportant way.

The process of racial apartheid against Jews in Germany was also a process in which segregation was gradually intensified until it included persecution that culminated in concentration and extermination camps. From 1933 onwards, racial discrimination measures increased, beginning with exclusion from public service, schools, universities and the professions. In 1935 German citizenship was withdrawn and marriage between Aryans and Jews was forbidden. In 1938 Jews were forbidden to attend public schools and universities, cinemas, theaters and other public places. They were forced to carry identity cards indicating that they were Jews…and their passports were stamped with the letter “J”.

Communism, the first cousin of National Socialism, applied, and still applies, two forms of apartheid. One, the classic one, against dissidents. The other, camouflaged under ideological slogans, against all the people segregated from the ruling elites, who have exclusive access to services, goods, rights and freedoms that determine a quality of life abysmally superior to that of the lower population, the common people, uniformed and dominated.

The mechanisms to be able to carry out any type of segregation against certain population groups, whether majority or minority, are based on a basic principle: to remove their human condition. In this way, the phylogenetic mechanisms aimed at inhibiting aggression between members of the same species disappear. In fact, all conflict between groups implies the dehumanization of the adversary, because to the extent that the “moral” controls that come in the genetic package with which we all come from the factory, destined to limit the damage we do to our fellows, disappear, aggression will be more forceful and effective.

The tricks to transform a human into a member of another harmful or profitable species are very elementary, even though sometimes they are so sophisticated as to be difficult to detect. And, curiously, all these procedures coincide in a common aspect: to establish that the others, the different ones, do not respond to the mechanisms of inhibition of aggression between members of the same species and, for that reason, there is no obligation to behave “humanely” with them. They are cruel vermin that do not respect anyone or anything. That is precisely why it is more than allowed, it is required, to behave with them without any limit or moral restraint. Humanity is only reserved for humans.

Race has traditionally served as a “transition zone” to transform others into members of a “different species” and, thus, circumvent the genetic-moral blocks that prevent us from doing certain “brutalities unbecoming of human beings” to them or, simply, to discriminate, segregate, and persecute them. Race serves, among other things, to establish major differences (it is not human) obviating the similarities (even if it looks and behaves human). Virtual races are built on this simile of a different and dangerous (or profitable) species, no matter how overwhelming the similarities are.

What differentiates one German from another or one Russian from another? Whether he is of Nazi or Communist ideological race in one case or of dissident race in the other. What differentiates one Canadian, Spaniard or German from another? Whether he is of an affirmationist or denialist sanitary race. In all these cases the differences are ethereal, virtual, of “faith”. They are ideological races. But in the case of the negationists there is a physical, objective, easily identifiable element that marks them, making that ideology, that faith, become an incarnate part (or absence): to be vaccinated or not.

Of course, there is an ideological differentiation that extends beyond denying or affirming the severity of the pandemic (because that is what it all boils down to in the end). Denialists are many things besides health dissidents, all of them harmful to society. They are assumed to have a heretical ideology or faith that encompasses all aspects of life. It is a different, erroneous, dangerous worldview that has led them to denial. But it is on this “physical” differentiation, a perfect racial surrogate, that the process of segregation, persecution and “neutralization” is centered. They are already something physically, biologically threatening to… humans.

Neutralization. From the “simple” social, professional, labor, educational, sanitary isolation… to home or hospital confinement or in genuine concentration camps euphemistically called “sanitary isolation centers”, “re-education camps”… “Arbeir macht frei”.

However, the discriminatory, segregating, persecutory distinction that the former free Western countries, heirs of those who won World War II and the Cold War, are implementing against a part of their own citizens is not based on objective dangers. These outlawed citizens are not possessed by customs, ideologies or modes of behavior that pose a real threat to others. They are not murderers, nor criminals, nor do they have in their ideology the obligation to attack the freedom, prosperity or life of others, as is the case with many political and religious ideologies. On the contrary, they defend the same principles as their ancestors, those who died on the beaches of Normandy, or jumping the Berlin Wall or defending equal rights in South Africa. They are not Torquemada or Stalin or Hitler. They are Mandela, Rosa Parks and, if things don’t stop in time, Anne Frank.

Discrimination is based on a farce and, therefore, necessarily on a “belief”: the epidemic severity that numbers, for anyone who can simply read and count, do not support. In Sweden, with absolutely no medieval measure of restriction of rights and freedoms, 99.986% of the population survives the disease. A disease identified by an instrument, the PCRs, with a scandalously flimsy validity and reliability. And a protection against this disease, mythologically converted into a danger for Humanity, based on experimental transgenic substances which are those which, finally, function as a “racial” marker on which to build this new totalitarian apartheid regime.

What distinguishes the marginalized from the rest of the population is a substance not authorized as a vaccine, i.e. a subversion of scientific norms justified by a concealment of statistical evidence. The denialists, as a group, do not commit more crimes than the others, they do not defend criminal, totalitarian and inhuman ideologies… And, beyond that, apartheid continues with a rationally inexplicable force and speed.

We wonder how a cultured, advanced nation, inserted in a social, cultural and political environment such as 20th century Europe, could reach the Dantesque limits of a social process, because that is what it was, such as Nazism. How the Germans could not only allow but, an unconfessable majority, participate without any restraint or moral remorse in that monstrous witch-hunt. Did they not see at the beginning what was brewing? Yes, they saw it. They saw how the Jews were being turned into a different, dangerous, exterminable species. They saw it when things were not yet so serious, when it was still possible to think that it would not come to the madness that it did. They saw it perfectly well when, in fact, they were already segregating and persecuting their neighbors, their friends, their relatives. Because in Nazi Germany they persecuted the Jewish race and the dissidents, the virtual Jews… the unvaccinated negationists.

It began like all apartheid processes. As the sanitary apartheid is beginning in the same countries that venerate the figure of Nelson Mandela, of Rosa Parks, of Anne Frank. A simple beginning that is already in itself, without the need to reach the limits of absolute terror, something as repugnant and dangerous as those other apartheid that the “Afrikaner segregationists” of the former Western free world denigrate while applying it on their white compatriots, defenders of freedom and equal rights, but who dissent from an absurd belief (remember survival of 99.986%) and refuse to be physically marked with an experimental product for which no one is responsible, to become part of the superior race. Because, in the end, there is always a superior race, real or virtual. That is what it is all about. Without that there can be no discrimination, segregation or neutralization.

Mandela, Rosa Parks, Churcill, Roosevelt and millions of ancestors are turning in their graves knowing (everything is known) that History has begun to write this new, sinister and shameful episode of lese humanity committed by the descendants of their descendants. Watching how, once again, a young girl cries in silence because she is not allowed to enter the same place where her friends have fun, study or work.

Yes. You are just as miserable as those you claim to despise. You are the Nazis, the communists, the Afrikaner segregationists of the 21st century. And you know it. You are, leaders and people, fully aware of what is beginning to happen, of what is already a disgrace and, if not stopped, will be a crime. You are not innocent. You can never be innocent now. Nor were they before they were defeated.

Your admired Nelson Mandela spits on you from the grave.

Supremacismo afirmacionista

1 Agosto 2021

Siempre comienza igual. Con apariencia inofensiva. Negando la entrada a un autobús, a un restaurante, a una escuela. Comenzó igual en Sudáfrica, en Alemania y en el mundo Occidental allá por los años veinte del siglo XXI.

En la Sudáfrica de 1953, los negros no podían vivir en las zonas asignadas a los blancos, no podían entrar en ellas sin disponer del “carnet de pase”, no tenían derecho a voto, no estaban permitidos los matrimonios entre negros y blancos, los negros no podían adquirir tierras el trasporte público y el acceso a edificios públicos, a la educación y a los servicios sanitarios estaba separado por razas,. El proceso para instaurar esta política de apartheid racial no se llevó a cabo de forma inmediata sino a lo largo de cinco años, entre 1948 y 1953. Y empezó de forma leve, casi sin aparente importancia.

El proceso de apartheid racial contra los judíos en Alemania fue también un proceso en que paulatinamente se intensificó la segregación hasta incluir una persecución que culminaría con los campos de concentración y exterminio. A partir de 1933 fueron incrementándose las medidas de discriminación racial, comenzando por la exclusión de la función pública, las las escuelas, universidades, el desempeño de profesiones. En 1935 se les retiró la ciudadanía alemana y se prohibió el matrimonio entre arios y judíos. En 1938 se prohibió a los judíos asistir a escuelas y universidades públicas, a cines, teatros y otros recintos públicos. Se les obligó a llevar tarjetas de identidad que indicaran que eran judíos… y sus pasaporte fueron sellados con la letra “J”.

El comunismo, primo hermano del nacionalsocialismo, aplicó, y aplica, dos formas de apartheid. Una, la clásica, contra los disidentes. Otra, camuflada sobre eslóganes ideológicos, contra todo el pueblo segregado de las élites dominantes, que pueden acceder de forma exclusiva a servicios, bienes, derechos y libertades que determinan una calidad de vida abismalmente superior a la de la población inferior, el pueblo llano, uniformado y dominado.  

Los mecanismos para poder llevar a cabo cualquier tipo de segregación contra determinados grupos de población, mayoritarios o minoritarios, se sustentan en un principio básico: retirarles su condición humana. De este modo, los mecanismos filogenéticos destinados a inhibir la agresión entre miembros de la misma especie, desaparecen. De hecho, todo conflicto entre grupos implica la deshumanización del adversario, porque en la medida en que desaparezcan los controles “morales” que vienen en el paquete genético con el que todos salimos de fábrica, destinados a limitar el daño que hacemos a nuestros semejantes, la agresión será más contundente y eficaz.

Los trucos para transformar a un humano en miembro de otra especie dañina o ganaderamente provechosa son muy elementales, por más que en algunas ocasiones se revistan de una sofisticación que los hace difícilmente detectables. Y, curiosamente, todos esos procedimientos coinciden en un aspecto común: establecer que los otros, los diferentes, no responden a los mecanismos de inhibición de la agresión entre miembros de una misma especie y, por ese motivo, no hay obligación de comportarse “humanamente” con ellos. Son alimañas crueles que no respetan a nadie ni a nada. Por eso precisamente está, más que permitido, exigido, comportarse con ellos sin ningún límite o freno moral. La humanidad solo se reserva para los humanos.

La raza ha servido tradicionalmente como “zona de transición” para transformar a los demás en miembros de una “especie diferente” y, así, sortear los bloqueos genético-morales que nos impiden hacerles determinadas “brutalidades impropias de seres humanos” o, simplemente, discriminarlos, segregarlos, y perseguirlos. La raza sirve, entre otras cosas,  para establecer diferencias mayores (no es humano) obviando las semejanzas (aunque tenga aspecto y comportamiento humano). Las razas virtuales se construyen sobre este símil de especie distinta y peligrosa (o provechosa) no importa que las semejanzas entre unos y otros sean abrumadoras.

¿Qué diferencia a un alemán de otro o a un ruso de otro? Que sea de raza ideológica nazi o comunista en un caso o de raza disidente en el otro. ¿Qué diferencia a un canadiense, español o alemán de otro? Que sea de raza sanitaria afiramacionista o negacionista. En todos esos casos las diferencias son etéreas, virtuales, de “fe”. Se trata de razas ideológicas. Pero en el caso de los negacionistas sí que existe un elemento físico, objetivo, fácilmente identificable que los marca haciendo que esa ideología, esa fe, se encarne formando parte ya (o ausencia): estar o no vacunado.

Por supuesto, hay una diferenciación ideológica que se extiende más allá de negar o afirmar la gravedad de la pandemia (porque a eso se reduce todo en el fondo). Los negacionistas son muchas cosas más aparte de disidentes sanitarios, todas ellas perjudiciales para la sociedad. Se les supone una ideología o fe herética que abarca todos los aspectos de la vida. Es una cosmovisión distinta, errónea, peligrosa la que les ha llevado a negarse. Pero es sobre esta diferenciación “física”, perfecto sucedáneo racial, sobre la que se centra el proceso de segregación, persecución y “neutralización”. Son ya algo física, biológicamente amenazante para… los humanos. 

Neutralización. Desde el “simple” aislamiento social, laboral profesional, educativo, sanitario… pasando por el confinamiento domiciliario, hospitalario o en genuinos campos de concentración denominados eufemísticamente “centros de aislamiento sanitario”, “campos de reeducación”… “Arbeir macht frei”.

Sin embargo, la distinción discriminatoria, segregadora, persecutoria que los antiguos países libres occidentales, herederos de quienes ganaron la II Guerra Mundial y la Guerra Fría, están implantando contra una parte de sus propios ciudadanos no se basa en peligros objetivos. Esos ciudadanos proscritos no están poseídos por costumbres, ideologías o modos de comportamiento que supongan una amenaza real para los demás. No son asesinos, ni criminales, ni en su ideario se recoge la obligación de atentar contra la libertad, la prosperidad o la vida de los demás, como es el caso de muchas ideologías políticas y religiosas. Al contrario, defienden los mismos principios que sus antepasados, esos que murieron en las playas de Normandía, o saltando el muro de Berlín o defendiendo la igualdad de derechos en Sudáfrica. No son Torquemada ni Stalin ni Hitler. Son Mandela, Rosa Parks y, si las cosas no se detienen a tiempo, Ana Frank.

La discriminación se sustenta sobre sobre una farsa y, por tanto, necesariamente sobre una  “creencia”: La gravedad epidémica que los números, para todo el que sencillamente sepa leer y contar, no soportan. En Suecia, sin absolutamente ninguna medida medieval de restricción de derechos y libertades, sobrevive a la enfermedad el 99,986% de la población. Una enfermedad identificada por un instrumento, los PCR, con una validez y fiabilidad escandalosamente endeble. Y una protección contra esta enfermedad mitológicamente convertida en peligro para la Humanidad, basada en unas sustancias transgénicas experimentales que son las que, finalmente, funcionan como marcador “racial” sobre el que construir este nuevo régimen totalitario de apartheid.

Lo que distingue a los marginados del resto de la población es una sustancia no autorizada como vacuna, es decir, una subversión de las normas científicas justificada por una ocultación de las evidencias estadísticas. Los negacionistas, como grupo, no delinquen más que los demás, no defienden ideologías criminales, totalitarias e inhumanas… Y, pasar de eso, el apartheid sigue adelante con una fuerza y rapidez racionalmente inexplicables. 

Nos preguntamos cómo en una nación culta, avanzada, inserta en un entorno social, cultural y político como la Europa del siglo XX pudo alcanzar los límites dantescos de un proceso social, porque eso fue, como el nazismo. Cómo los alemanes pudieron no solo permitir sino, una mayoría inconfesable, participar sin ningún freno ni remordimiento moral en aquella monstruosa caza de brujas. ¿Acaso no vieron en sus inicios lo que se estaba gestando? Sí, lo vieron. Vieron cómo se iba convirtiendo a los judíos en una especie diferente, peligrosa, exterminable. Lo vieron cuando las cosas aún no eran tan graves, cuando aún era posible pensar que no se llegaría a las locuras a las que se llegó. Lo vieron perfectamente cuando, de hecho, ya se estaba segregando y persiguiendo a sus vecinos, a sus amigos, a sus familiares. Porque en la Alemania nazi se persiguió a la raza judía y a los disidentes, a los judíos virtuales… a los negacionistas no vacunados.

Empezó como todos los procesos de apartheid. Como está comenzando el apartheid sanitario en los mismos países que veneran la figura de Nelson Mandela, de Rosa Parks, de Ana Frank. Un simple comienzo que es ya en sí, sin necesidad de llegar a los límites del terror absoluto, algo tan repugnante y peligroso como aquellos otros apartheid que los “afrikaner segregacionistas” del antiguo mundo libre occidental denostan al mismo tiempo que lo aplican sobre sus compatriotas blancos, defensores de la libertad y la igualdad de derechos, pero que disienten de una creencia absurda (recuerden supervivencia del 99,986%) y se niegan a ser marcados físicamente con un producto experimental del que nadie se responsabiliza, para convertirse en parte de la raza superior. Porque, al final, siempre hay una raza, real o virtual, superior. De eso se trata. Sin eso no puede haber discriminación, segregación o neutralización.

Mandela, Rosa Parks, Churcill, Roosevelt y millones de antepasados se están revolviendo en sus tumbas al saber (todo se sabe) que la Historia ha comenzado a escribir este nuevo, siniestro y vergonzoso episodio de lesa humanidad cometida por los descendientes por sus descendientes. Viendo cómo, otra vez, una joven llora en silencio porque  no le permiten entrar al mismo lugar en el que sus amigas se divierten, estudian o trabajan.  

Sí. Sois igual de miserables que aquellos a los que decís despreciar. Sois los nazis, los comunistas, los afrikaner segregacionistas del siglo XXI. Y lo sabéis. Sois, líderes y pueblo, plenamente conscientes de lo que está empezando a suceder, de lo que ya es una vergüenza y , si no se detiene, será crimen. No sois inocentes. Ya nunca podréis serlo. Como ellos tampoco lo eran antes de ser derrotados. 

Vuestro admirado Nelson Mandela os escupe desde la tumba.

Communism.2

July 15th 2021

Postmodernity is not the world of freedom we dreamed of, but the return of the worst collectivisms, a New Middle Ages in which the East begins its own Renaissance by resetting History. Postmodernity is Postcovid. Postcovid is communism.

It is true that the only difference between National Socialism and International Socialism are the slogans used for their initial propaganda: identitarian in one case and globalist in the other. It is true that communism is not the only globalist, collectivist and totalitarian doctrine. There have been more and they have been working successfully for a longer period of time throughout history. Even, with very similar moral impositions in the background. The central core of all collectivisms for 2000 years is, at bottom, socialism: poverty (sustainability), solidarity (submission), equality (uniformity), multiculturalism (white label culture)… And socialism (secular or not), the dominant formula of collectivism for more than a century, has known how to be reborn from each of its inevitable failures with a mastery worthy of standing on the podium next to the most accredited institutions (secular or not).

Communism survived World War II thanks to the meeting of three characters that marked the History of our World until today, when Roosevelt and Churchill assumed the reviled role that Churchill himself attributed to that precedent of contemporary progressiveness that was Neville Chamberlain. They saved International Socialism from defeat, and it seemed that everything was over when Soviet communism was defeated in the Cold War by the only one who dared to win without contemplation: Ronald Reagan. But it was in the coup d’état of Deng Xiaoping, after the death of the Great Helmsman Mao, when communism was reset as “Socialism with Chinese characteristics”, that is, “Neo-Communism”.

Neo-communism became a hybrid between capitalism and communism (social inequalities in China are simply brutal) and between international and national socialism (few peoples are as nationalistic as the Chinese). With this new disguise began what all collectivisms seek: to expand, and colonize the Earth. Like viruses. Like any totalitarian imperialism. As, also, some religions.

The essence of any collectivism, secular or religious, contains an element that is determinant for its strategic plans: struggle, confrontation, conflict, violence of high or low rank. Traditionally, communism was based on confrontation between social classes.But neo-communism has varied the discourse to introduce new strategic confrontations that mimic liberacist ideals and/or concerns: men vs women, homo vs hetereosexuals, whites vs blacks, climate change vs denialists, covidians vs denialists… progressives vs anti-Islamists. And this last confrontation, which hides an even more twisted message than all the others, we must not lose sight of it because it will soon be the pillar on which the European totalitarianism of a new and strange IV Reich, which is maturing by leaps and bounds in the covid incubator, will be built.

In the end, the key to the revolutionary strategy is reduced to a question of lexicon. The class struggle is transformed into the struggle of sexes, of races, of cultures, of opinions, of scientific truths. The dictatorship of the proletariat becomes the dictatorship of the progretariat, which is revealed as something perfectly acceptable in the free world. It could not be simpler. To deceive the people so that they escape from future or fictitious poverty and servitude by accepting poverty and servitude. To exacerbate inequalities where they are least present in order to impose an asymmetrical equality. A single inequality that imposes itself on all others: that of the dominant minority and the dominated majority.

It is not New World Order, nor transhumanism, nor satanic elites or anything else. It is, quite simply, neo-communism. The most recent and lethal version of collectivism that History has given birth to. Let no one be fooled because the capital of the new dictatorship, this time worldwide, is Beijing. And not because it is the capital of China, but because it is the headquarters of neo-communism.

Pure and fucking communism.

That’s the way it is. And stop playing along with the propagandistic maneuvers of the only true enemy: neo-communism.

If you look at where all the stories we are busy with lead us: covid, LGTBI, Black Mater, energy and food sustainability, climate change, media control, social isolation, political markers (green passport), apartheid of dissidents, restriction of mobility, imposition of single thought… But don’t we recognize that face? Can a few colored veils really deceive us? All this, absolutely everything, converges in the ideal of collectivist society of the latest version of secular collectivism, the new socialism, characterized, as we have already said above and we must never forget, by poverty (sustainability), solidarity (submission), equality (uniformity), multiculturalism (white label culture)…

This is the Agenda: A neo-communist society to which all collectivists, including certain religions and many corporate neo-aristocrats (big Western businessmen) sign up, as long as this new political order allows them to continue with their part of the business. There is no plot, except that of neo-communism. The rest are hyenas and vultures that gather around the prey, our freedom, to take advantage of it.

And this is the model: Maoist Peking. But beware, because neo-communism is impregnated with nationalism. Not all peoples will live with the same intensity the ideal of poverty and submission that all collectivisms have always advocated. The Western world, especially the white and especially the European, must be “reeducated” in the new ideals of the new normality with much greater intensity than the rest, that is to say, with more poverty and submission. The liberationist seed with which Europe, that of those and those oceanic shores, reached the highest levels of technological, scientific, human, political and cultural progress that Humanity has ever known, must be extirpated at its roots. Not all peoples were equally poor in the collectivist and totalitarian Middle Ages. China and its surroundings will live as we Westerners thought we were going to live in the near future.

Is there any explanation why the highest incidence, real or invented, of covid infections and deaths is in the white Western world? Any explanation why it is white Westerners who are under the most pressure to vaccinate? Yes, but the ultimate reason is purely a military strategic calculation: The white Western world is the enemy to be beaten by neo-communism.

And why do the political, media, economic and even religious leaders of the West collaborate with the enemy? Because, quite simply, it is not their enemy. Some are convinced that this neo-communist propaganda invention, Agenda 2030, responds to the old liberationist ideals with which the new challenges derived from overpopulation and the growing and understandable desire of the masses condemned to poverty to participate in what the collectivist discourse calls “consumerism” must be faced. Sustainability (poverty) has to be imposed (totalitarianism) and this can only be achieved with the great gift that the Chinese neo-communist strategists have given them: covid. And this totalitarianism, crudely but effectively justified by the false seriousness of a new flu, can only be imposed by applying all the liberationist anti-ideals against which they fought until very recently: censorship, apartheid, reverse racism, unpunished violation of fundamental rights… Other of these “our” leaders, more than we imagine, simply do not believe in anything that the neo-communist propaganda steamroller says, but consider that the most beneficial thing for them is, simply, to collaborate.

It is collaborationism, as always, that is allowing the victory of the neo-communist enemy, weaker on paper, more powerful in practice. Collaborators by conviction or by convenience are our direct and close enemies. And it is against them that we must lash out collectively if the appropriate instruments are created (political parties, media, movements in social networks, associations… classic resistance groups). But, if these instruments are not achieved or if they are neutralized by the neo-communist fifth column that infiltrates them, even helping to create them, then there is only room for individual resistance.

Insufficient? Useless?

Not at all. The greatest efforts of neo-communist collectivism and its collaborators, led by the political, religious and economic leaders of the former free world, are aimed at convincing dissidents that all resistance is futile and that their individual action alone will serve no purpose except that they and their families will be seriously harmed by this unbeatable wave of change. And it is not true. It is precisely because it is not true that they are using every means to prevent individual dissent, clandestine or otherwise.

From the enemy the advice. The shameless, shameful and desperate totalitarianism that is being implemented in the vast majority of the countries of the former Western free world tells us how much “our” dictators are afraid of neutralizing any source, however small, of dissidence. Why? Because this individual dissidence, disorganized, without means, clandestine or, at least, discreet, is still too high a percentage of society.

They put a tattoo under our skin called a vaccine for exactly the same reason that cattle are branded with fire. To take possession of us and, in addition, to control our mobility. It is already being used as a condition for enjoying fundamental rights, as an instrument of coercion for access to work, leisure, education, mobility… And yet, full vaccination rates in the Western world show pockets of dissidence of between 30 and 60%. Of course, in China, Russia, Japan, Taiwan, South Korea… or, in this economic-geographical environment, white Western countries such as Australia or New Zealand, the percentages of full vaccination do not even reach 20% of the population.

Individual resistance is not useless, making the most of the freedom we are allowed and expanding it by all means, legal or illegal, because all are legitimate under a dictatorship. That individual dissidence has been the germ of the organized dissidence that, finally, put an end to many of the collectivist totalitarianisms. That fund of anonymous resisters is what the collaborationist totalitarians fear the most with that pantomime called Agenda 2030, New World Order, World Economic Forum, New Normality… behind which hides the only and true enemy, the same as always, collectivism, this time with the hidden form of neo-communism that will show its true face in much less time than we imagine the liberacist dissidents… and the dastardly or stupid collaborationists.

That is why the real power, the one that controls the entire economy, public and private, of the second world power without needing to ask permission from or be accountable to any congress, senate, public opinion or voters, the Chinese Communist Party (yes, that is its name), is hastily accelerating its agenda of conquest.

It is neo-communism. All the rest are distractions, deceptions, scapegoats, adulterated movements, false flag attacks and stupidly convinced or miserably bought collaborationists. And, in the face of the usual collectivism, the usual answer: individual freedom exercised without limits. Alone or accompanied as on the beaches of Normandy or in the ranks of individual resistance. Do not give up. At least not in your minds and hearts. Fight without any moral compunction, because the only reason to uphold a legitimate morality is free will, the right to pursue one’s own happiness… and that of those who fight to defend your right to be free. All others are part of the occupying neo-communist forces. They are not your allies. They are your enemies. Don’t make the mistake of Yalta. Win your war. Our war. Fight for you. That’s the best way to fight for me and all of us.

Comunismo.2

11 Julio 2021

La Posmodernidad no es ese mundo de libertad con el que soñábamos, sino el regreso de los peores colectivismos, una Nueva Edad Media en la que Oriente inicia su propio Renacimiento reseteando la Historia. La Posmodernidad es Postcovid. El Postcovid es comunismo. 

Es verdad que lo único que diferencia al nacionalsocialismo y el internacionalsocialismo son los eslóganes que utilizan para su propaganda inicial: identitarios en un caso y globalistas en el otro. Es verdad que el comunismo no es la única doctrina globalista, colectivista y totalitaria. Ha habido más y que llevan más tiempo funcionando con éxito a lo largo de la Historia. Incluso, con imposiciones morales muy parecidas en el fondo. El núcleo central de todos los colectivismos desde hace 2000 años es, en el fondo, el socialismo: pobreza (sostenibilidad), solidaridad (sumisión), igualdad (uniformidad), multiculturalidad (cultura de marca blanca)… Y el socialismo (laico o no), fórmula dominante del colectivismo desde hace más de un siglo, ha sabido renacer de cada uno de sus inevitables fracasos con una maestría digna de alzarse en el podio junto a las más acreditadas instituciones (laicas o no).

El comunismo sobrevivió a la II Guerra Mundial gracias a la reunión de tres personajes que marcaron la Historia de nuestro Mundo hasta hoy en día al asumir Rooselvelt y Churchill el denostado papel que el mismo Churchill adjudicó a ese precedente de la progresía contemporánea que fue Neville Chamberlain. Salvaron al internacionalsocialismo de la derrota.Y pareció que todo había acabado cuando el comunismo soviético fue derrotado en la guerra fría por el único que se atrevió a ganar sin contemplaciones: Ronald Reagan. Pero fue en el golpe de estado de Deng Xiaoping, tras la muerte del Gran Timonel Mao, cuando el comunismo se reseteó como “Socialismo con características Chinas”, es decir, “Neocomunismo”.

El neocomunismo se convirtió en un híbrido entre capitalismo y comunismo (Las desigualdades sociales en China son, sencillamente, brutales) y entre Internacional y nacional socialismo (pocos pueblos tan nacionalistas como el chino). Con este nuevo disfraz comenzó lo que todos los colectivismos buscan: expandirse, y colonizar la Tierra. Como los virus. Como cualquier imperialismo totalitario. Como, también, algunas religiones.

La esencia de cualquier colectivismo, laico o religioso, contiene un elemento que es determinante para sus planes estratégicos: la lucha, el enfrentamiento, el conflicto, la violencia de alto o bajo rango. Tradicionalmente, el comunismo se basó en el enfrentamiento entre clases sociales. Pero el neocomunismo ha variado el discurso para introducir nuevos enfrentamientos estratégicos que se mimetizan con ideales y/o preocupaciones propias de los liberacistas: Hombre vs mujer, homo vs hetereosexuales, blancos vs negros, cambioclimtistas vs negacionistas, covidianos vs negacionistas… progresistas vs antiislamistas. Y este último enfrentamiento, que esconde un mensaje aún más retorcido que todos los demás, no debemos perderlo de vista porque dentro de muy poco será el pilar sobre el que se va a edificar el totalitarismo europeo de un nuevo y extraño IV Reich que está madurando a pasos agigantados en la incubadora covid.

Al final, la clave de la estratégica revolucionaria se reduce a una cuestión de léxico. La lucha de clases se transforma en lucha de sexos, de razas, de culturas, de opiniones, de verdades científicas. La dictadura del proletariado en dictadura del progretariado, que se revela como algo perfectamente aceptable en el mundo libre. Más sencillo imposible. Engañar al pueblo para que escape de la pobreza y la servidumbre futuras o ficticias aceptando pobreza y servidumbre. Exacerbar las desigualdades allí donde menos las hay para imponer una igualdad asimétrica. Una desigualdad única que se imponga a todas las demás: la de la minoría dominante y la mayoría dominada.

No es Nuevo Orden Mundial, ni transhumanismo, ni élites satánicas ni nada de eso. Es, sencillamente, neocomunismo. La más reciente y letal versión de colectivismo que ha parido la Historia. Que nadie se deje engañar porque la capital de la nueva dictadura, esta vez sí mundial, es Pekín. Y no por ser la capital de China, sino por ser el cuartel general del neocomunismo.

Puro y puto comunismo.

Eso es lo que hay. Y dejaros ya de seguir el juego a las maniobras propagandísticas de único y verdadero enemigo: el neocomunismo

Si se analizan a dónde nos llevan todas las historietas en las que andamos entretenidos: covid, LGTBI, Black Mater, sostenibilidad energética y alimentaria, cambio climático, control de medios de comunicación, aislamiento social, marcadores políticos (pasaporte verde), apartheid de disidentes, restricción de la movilidad, imposición de pensamiento único… ¿Pero es que no reconocemos ese rostro? ¿De verdad unos cuantos velos de colores pueden engañarnos? Todo eso, absolutamente todo, converge en el ideal de sociedad colectivista de la última versión del colectivismo laico, el nuevo socialismo, caracterizado, como ya hemos dicho más arriba y no debemos olvidar nunca, por pobreza (sostenibilidad), solidaridad (sumisión), igualdad (uniformidad), multiculturalidad (cultura de marca blanca)…

Esta es la Agenda: Una sociedad neocomunista a la que se apuntan todos los colectivistas, incluidas ciertas religiones y muchos neoaristócratas corporativos (grandes empresarios occidentales) con tal de que ese nuevo orden político les permitan seguir con su parte del negocio. No hay ninguna trama, excepto la del neocomunismo. Lo otro son hienas y buitres que se concitan alrededor de la presa, nuestra libertad, para sacar tajada.

Y este es el modelo: el Pekín maoista. Pero, cuidado, porque el neocomunismo está impregnado de nacionalismo. No todos los pueblos van a vivir con la misma intensidad el ideal de pobreza y sumisión que han preconizado siempre todos los colectivismos. El mundo occidental, especialmente el blanco y especialmente el europeo, debe ser “reeducado” en los nuevos ideales de la nueva normalidad con mucha mayor intensidad que el resto, es decir, con más pobreza y sumisión. Hay que extirpar de raíz la semilla liberacista con la que Europa, la de esas y aquellas orillas oceánicas, alcanzó las mayores cotas de progreso tecnológico, científico, humano, político y cultural que ha conocido la Humanidad. No todos los pueblos eran igual de pobres en la colectivista y totalitaria Edad Media. China y su entorno vivirán como los occidentales pensábamos que íbamos a hacerlo dentro de nada.

¿Hay alguna explicación para que la mayor incidencia, real o inventada, de contagios y muertes covid se produzca en el mundo blanco occidental? ¿Alguna para que sean los occidentales blancos los que más presión estén sufriendo para vacunarse? Sí, pero la razón última obedece a puros cálculos de estrategia militar: El mundo occidental blanco es el enemigo a batir por parte del neocomunismo.

¿Y por qué los líderes políticos, mediáticos, económicos y hasta religiosos de occidente colaboran con el enemigo? Pues porque, sencillamente, no es su enemigo. Unos están convencidos de que ese invento propagandístico neocomunista, la Agenda 2030, responde a los viejos ideales liberacistas con los que se debe hacer frente a los nuevos retos derivados todos ellos de la superpoblación y el creciente y comprensible deseo de las masas condenadas a la pobreza para participar de lo que el discurso colectivista denomina “consumismo”. La sostenibilidad (pobreza) tiene que imponerse (totalitarismo) y esto solo se puede lograr con el gran regalo que los estrategas neocomunistas chinos les han entregado: la covid. Y ese totalitarismo justificado burda pero eficazmente por la falsa gravedad de una nueva gripe, solo puede imponerse aplicando todos los antiideales liberacistas contra los que luchaban hasta hace bien poco: Censura, apartheid, racismo inverso, vulneración impune de derechos fundamentales… Otros de esos “nuestros” líderes, más de lo que imaginamos, sencillamente no creen en nada de lo que dice la apisonadora propagandística neocomunista, pero consideran que lo más beneficioso para ellos es, sencillamente, colaborar.

Es el colaboracionismo, como siempre, lo que está permitiendo la victoria del enemigo neocomunista, más débil sobre el papel, más poderoso en la práctica. Los colaboradores por convicción o por conveniencia son nuestros enemigos directos y cercanos. Y es contra ellos contra los que debemos arremeter de forma colectiva si se crean los instrumentos adecuados (partidos políticos medios de comunicación, movimientos en redes sociales, asociaciones… grupos de resistencia clásicos). Pero, si esos instrumentos no se consiguen o si se ven neutralizados por la quinta columna neocomunista que se infiltra en ellos, incluso ayudando a su creación, entonces solo cabe la resistencia individual.

¿Insuficiente? ¿Inútil?

En absoluto. Los mayores esfuerzos de colectivismo neocomunista y sus colaboradores, encabezados por los líderes políticos, religiosos y económicos del antiguo mundo libre, se dirigen a convencer a los disidentes de que toda resistencia es inútil y de que su sola acción individual no sirva para nada, excepto para que ellos y sus familias se vean seriamente perjudicados por esta imbatible ola de cambio. Y no es verdad. Precisamente porque no es verdad es por lo que están utilizando todos los medios para evitar la disidencia individual, clandestina o no.

Del enemigo el consejo. El descarado, vergonzoso y desesperado totalitarismo que se está implantado en la inmensa mayoría de los países del antiguo mundo libre occidental nos habla de lo mucho que temen “nuestros” dictadores en agraz para neutralizar cualquier foco, por mínimo que sea, de disidencia. ¿Por qué? Pues porque esta disidencia individual, desorganizada, sin medios, clandestina o, cuando menos, discreta, sigue siendo un porcentaje demasiado alto de la sociedad.

Nos ponen un tatuaje bajo la piel llamado vacuna exactamente por la misma razón por la que se marca con fuego al ganado. Para tomar posesión de nosotros y, además, controlar nuestra movilidad. Ya se está utilizando como condición para poder disfrutar de derechos fundamentales, como instrumento de coacción para acceder al trabajo, el ocio, la educación, la movilidad… Y, sin embargo, los porcentajes de vacunación completa en el mundo occidental presentan bolsas de disidencia de entre el 30 y el 60%. Por supuesto, en China, Rusia, Japón, Taiwán, Corea del Sur…  o, en ese entorno económico-geográfico, países occidentales blancos como Australia o Nueva Zelanda, los porcentajes de vacunación completa no llegan ni al 20% de la población.

No es inútil la resistencia individual, aprovechando al máximo la libertad que nos permitan y ensanchándola por todos los medios, legales o ilegales, porque todos son legítimos bajo una dictadura. Esa disidencia individual ha sido el germen de la disidencia organizada que, finalmente, acabó con muchos de los totalitarismo colectivistas. Ese fondo de anónimos resistentes es lo que más temen los totalitarios colaboracionistas con esa pantomima llamada Agenda 2030, Nuevo Orden Mundial Foro Económico Mundial, Nueva Normalidad… tras la que se esconde el único y verdadero enemigo, el de siempre, el colectivismo. esta vez con la forma oculta de neocomunismo que mostrará su verdadera faz dentro de mucho menos tiempo de lo que imaginamos los disidentes liberacistas… y los ruines o estúpidos colaboracionistas.

Por eso el verdadero poder, ese que controla toda la economía, pública y privada, de la segunda potencia mundial sin necesidad de pedir permiso ni rendir cuentas a ningún congreso, senado, opinión pública o electores, el Partido Comunista Chino (sí, se llama así), está acelerando precipitadamente su agenda de conquista.

Es el neocomunismo. Todo lo demás son distracciones, engaños, chivos expiatorios, movimientos adulterados, atentados de falsa bandera y colaboracionistas estúpidamente convencidos o miserablemente comprados. Y, frente al colectivismo de siempre, la respuesta de siempre: libertad individual ejercida sin límite alguno. Solos o acompañados como en las playas de Normandía o en las filas de la resistencia individual. No os rindáis. Al menos, no en vuestra mente y vuestro corazón. Luchad sin ningún miramiento moral, porque la única razón para sostener una moral legítima es el libre albedrío, el derecho a buscar la propia felicidad… y la de quienes luchen por defender tu derecho a ser libre. Todos los demás son parte de las fuerzas neocomunistas de ocupación. No son tus aliados. Son tus enemigos. No cometas el error de Yalta. Gana tu guerra. Nuestra guerra. Lucha por ti. Es la mejor manera de luchar por mí y por todos los nuestros.

Final collapse

April 25th 2020

Excerpt from Homo Simulator. The end of the Neolithic world live and direct, before our eyes, still incredulous that we are living in prophesied times that do not conform to what our grandiloquent millenarian epic imagined. An end, in any case, that is the beginning of something more frightening or of a paradise of free humans. That is what we are deciding without daring to know it.

Chang An Avenue in Beijing in 1979 was crowded with bicycles ridden by men and women dressed almost in uniform, who negotiated the few buses that got in their way without much difficulty. China’s capital then had 5,600,000 bicycles and 77,000 automobiles. China’s poverty rate was over 90% and CO2 emissions were over 1.5 metric tons per capita. Just thirty-nine years later, in 2018, that same avenue is collapsed by road traffic and its pedestrians dress in a way that is perfectly comparable to those of any other city in the developed world. The number of cars has increased more than 100-fold to 8,540,000, while the number of bicycles has dropped to 2,000,000. The poverty rate in the country as a whole does not exceed 5% and CO2 emissions exceed 7 metric tons per capita.

If we apply the criteria of conservationist environmentalism, Beijing, and with it all the cities of the world, including those of the developed Western countries, should resemble the image of 1979, with CO2 emission values close to those of China 39 years ago. Of course, in order to comply with the dogma of sustainable economy, clothing consumption should also be limited to an image of sobriety and uniformity close to that of the poorly sustainable Beijing.

But what is sustainable economy?

For the ecological ideology, because that is what it has become, it consists of adjusting consumption to levels that do not endanger the environment. Although we do not know if to achieve this diffuse objective it would be enough with the environmental quality of the Chinese poverty of 40 years ago or it would be necessary to adjust more until reaching, for example, the level of the first Neolithic or, even, that of 15,000 years ago. What we do know is what, in practice, is the model of sustainable economy that is being presented to us:

Poverty managed by communism. Minimum consumption and maximum dirigisme.

The conservationist environmentalism has been possessed by a collectivist ideology that drinks directly from communism. And we must not forget that European neo-feudalism consists of 50% communism and 50% free trade under the tutelage of a cyclopean regulation. Why has the environmental movement been hijacked? Well, because communism, like any ideology, tries to survive by mutating into the accessory in order not to be recognized by the antibodies of the ancestral European model and to be able to spread to the maximum number of people. And this ecological suit is perfect to deceive the Europeans.

Paranoia?

Where do the big problems for conservation environmentalism lie? In consumption and individual freedom. We consume too much and, in order to adjust consumption to sustainable limits, we must adopt new habits that imply a loss of individual freedom. Collective transport, herbivorous food, biodegradable products… Of course, no airplanes. And, another thing, food products of proximity and season, because it is not really necessary to leave the region to be ecologically happy. The wet dream of the feudal Middle Ages. But, curiously, nothing is said about human overpopulation. On the contrary, the prophetic message of conservationist ecologism, which only has real predilection in Europe and, somewhat less, in the Europeanized countries of Christian origin, is complemented with new versions of “grow and multiply”, and welcome the excess of birth rate to which they are entitled in the third world, pointing out the low birth rate as the great danger for developed nations, for pensions in need of new workers and for economic development in need of more consumers.

It is overpopulation that makes consumption unsustainable.

All the emphasis is placed on consumption to hide the population bubble. And that shows us who has appropriated the environmentalist approaches and for what purpose: Who is interested in not reducing the population even if it means reducing consumption and living standards? It is clear: the collectivist ideologies and the great shepherds. And so, of the two formulas for ensuring that the environment does not degrade to unbearable limits, population restriction or consumption restriction, the ancestral Europeans will always choose the former and the neolithic shepherds, together with all their herd of Homo ceres, the latter.

Reduce population, not consumption and the quality of life of the population.

To live with a high standard of living (Bern 2019), adjusting the population to bearable densities, or with a low standard of living (Beijing 1979) without reducing the population but increasing it. That is the question.

The reduction of consumption and living standards transforms Humanity into placid herds of herbivores guided by the shepherds of minimum environmental impact. But, if we were to take overpopulation as the main problem, we could implement a global society of minimum impact in which the predator/prey ratio would be kept within sustainable limits without the need to reduce the standard of living of humans.

Conservation environmentalism, aligned with collectivist movements, does not seek to leave the neolithic system or to make the quality of life of humans compatible with the sustainability of the environment. It does not speak of reducing the population but of collectivizing and directing it. It identifies consumption with consumerism in order to emphasize something that hides the real and only problem, overpopulation. Because, if overpopulation does not decrease, there are simply no resources for all of us to live like in the First World. Therefore, we will all live as in the Third World, previously convinced that such poverty is necessary. Always the need leading the flock.

It is a lie. Consumption does not equal consumerism.

The aim is not human happiness but that of the “planet”, which in reality is nothing more than a synonym for “sustainable global farm” which, in turn, is a euphemism for “maximum profitability”: maximum number of animals with minimum costs.

If human happiness and the end of the conversion into Homo ceres were sought, it would be enough to reduce the population to a limit bearable by the global ecosystem. If we were to eliminate overpopulation, the environmental impact would be minimized in relation to a maximum standard of living and freedom for the greatest possible number of humans. That should be the criterion: the predator/prey or human/ecosystem ratio. An ecosystem intervened not to provide the maximum human population no matter in what living conditions but, on the contrary, to provide the best living conditions for the maximum number of people. An interventionist, creationist ecologism, builder of Eden, of optimized ecosystems. To transform the Sahara into an orchard and not simply let Nature build and maintain deserts.

It is not the environmental disaster that is the protagonist of the end of the world, as those infected by collectivist and dirigiste ideologies would have us believe. It is not the planet or humanity that is at stake, but the global farm sustained by the population bubble. The end will not be an ecological question because, before that, the human question will explode in the form of generalized and violent conflicts that will destroy civilization, not the world or humanity. This is what the collectivist ideologies and the great shepherds are trying to avoid: the end of the population bubble and the loss of their livestock business.

They defend the business, their farm, not the planet and certainly not the people.

The disaster will be unleashed before we reach the absolute limit of the planetary ecosystem and will occur not because we have caused a massive extinction of life on Earth, nor because we have deteriorated the conditions for life to the point of requiring a period of hundreds or thousands of years for its recovery. The equivalent of a great climatic crisis that will stop the Neolithic engine will occur in a scenario with a vast majority of Homo ceres with a very low standard of living and quality of life and, therefore, consuming very few resources, while a minority of Homo predator enjoys an extraordinary quality of life. It will be a population limit point not for the planet but for the neolithic technosystem itself, incapable of overcoming its contradictions. A collapse of the technosystem precipitated and aggravated by a real climatic crisis of global cooling or by a simple incident amplified by overpopulation, the enormous technological development and globalization. A simple pandemic, a volcanic eruption, just a year or two of bad harvests… A stupid war.

The Mark of the Beast

June 6th 2021

…and that no man may buy or sell, save he that hath the mark, or the name of the beast, or the number of his name (Revelation 13:17).

Magnetizable proteins, magnetic nanoparticles, subepidermal tattoos or any other formula with which to implant an organically compatible marker with which to emit and receive information. The denialist and conspiranoic explanation for the inexplicable is based on this assumption: the universal and fanatical determination to vaccinate the entire world population with substances that do not prevent the contagion of a disease that has caused, in a year and a half, fewer deaths than the Asian flu of 1957 or more or less the same, if we believe the PCR data, than the Hong Kong flu of 1968.

Absurd, isn’t it?

But what is the apocalypse if not pure conspiracy? What is the announcement of the end times with its final judgment and its chosen few among the many called who will survive the final holocaust that will bring with it, like any war, Armageddon between the forces of evil and good? Was not Churchill conspiratorial for his political adversaries, candid followers of the do-gooder Neville Chamberlain? Were not those who believed that the Earth was flat and that the Universe revolved around it or, more recently, those who thought that by closing cities and houses or covering their faces they could defeat the Black Death, affirmationists? Finally, was not the opinion of a certain Robert Koch a denialist of the universally accepted medical doctrine? Was it not the opinion of all medical science prior to 2019 that rejected mass confinement of the population or the need to meet the deadlines for testing new drugs and vaccines as a means of combating epidemics, no matter how serious the disease?

Why is it not allowed to use experimental drugs in patients dying of very serious diseases such as cancer, and yet the massive use of experimental vaccines for a disease with a mortality rate of 0.026% is authorized in the entire population?

What is happening is so insane that we can only explain it rationally by appealing to the negationist, critical, skeptical… conspiranoic rationality that has presided over all the great advances of Humanity since the path of medieval superstition was abandoned, that of confinements, ghettos, persecution of heretics, lynchings, autos de fe, the Inquisition, watcher of the truth… Because that minority, select, clairvoyant attitude is the one that has saved Humanity from the terror of Mother Nature, maximum expression of cruelty, inhumanity and globalism, which the thirties of the last century reproduced with horrifying effectiveness: Nazism, communism, persecutions, holocausts, gulags, ghettos, ariernachweis… stars of David.

It is impossible to understand the scientific nonsense of vaccines without considering them as a simple instrument to achieve an objective of social engineering of proportions equivalent to the unprecedented unanimity of the different powers of different political or professional sign when it comes to impose by absolutely dictatorial means whatever is in these so-called “vaccines”.

A marker to detect who has really been vaccinated. A kind of QR code to detect fake green passports (never before has that color been a symbol of submission, poverty and terror as it is now). An infallible method to locate and, eventually, punish the denialists who acquire and issue false laissez-passers with which to enjoy the fundamental rights of man, those that the UN extols in its digital pulpits and pursues in the streets. A certificate of blood purity to separate (that is apartheid) from society the false converts to the affirmationist faith of the New Normality, that which already, on the back of social inertia, of the little by little does not hurt, of the goebbelsian and very effective trick of “a lie repeated a thousand times becomes the truth”, has been implanted without the slightest opposition. As in Nazi Germany, in the Soviet Union or in North Korea. Exactly the same.

An emitting mechanism through which a wide range of information about people can be captured, from their location to their emotional state, their vital signs, their genetic characteristics… their conversations or, why not, their opinions.

A subcutaneous electrode that will serve as the electrode that Dr. Rodriguez Delgado implanted in the brain of a raging bull back in the sixties and with which he was able to stop the beast at the push of a button. A Stimociver incorporated with the vaccines and by means of which the state of health, mood or even cognitive state of people can be changed. A perfect global control mechanism hidden under the skin and, most importantly, under tons of social engineering applied through mass media, social networks… and political, social and labor blackmail.

I thought that the vaccines obeyed a political objective of the white Western ruling classes who had fallen, and only they, into the trap of the falsely serious pandemic spread by China with the indispensable collaboration of the WHO and the mass media. A placebo vaccines to stop the ruin and dictatorship to which it had subjected its citizens, now subjects and serfs, without having to recognize its mistake: “The pandemic was really serious enough to justify the measures we took, but now everything will return to (new) normality with the vaccines” (https://ozyesite.com/2020/09/09/hipotesis-b/). I thought it was just a political trick for our inept (now I see, also miserable) leaders to get impunity and, as a gift, more power. But I have to admit that every day that passes sustaining this infamous, medieval and, now already, Dantesque farce, I find myself in the rational obligation to accept the possibility of an absolutely conspiratorial, critical, heterodox… scientific hypothesis: Vaccines are the mark of the Beast. And the beast that has brought all the powers of this world into agreement almost without exception cannot be of this world. At least, not of the world as we know it. Nor, necessarily, of a supernatural world.

Perhaps it is from a parallel world in which the Beast is in the form of a dragon and of which our mighty ones are nothing more than simple farm managers on the farm where they are marking their human cattle for something.

To kill your cattle? No farmer does that. Then, it can only be for the opposite: to multiply it and lock it up in intensive farms, overcrowded, isolated, immobilized, deprived of everything except feed, water, dedicated only to produce with the minimum cost whatever they get from us.

Or, perhaps, yes, perhaps it is the instrument of doomsday. Maybe it is what it seems to be: a brutal, systematic, efficient and clean holocaust. Identical in its basic principles to that of the trains and the extermination camps. That is why there are nations in which vaccination is scarcely carried out and others in which the pressure to vaccinate people reaches totalitarian limits unthinkable just a few months ago.

Heads or tails: global farm living in third-world facilities like chickens and cows or extermination camp. That is the only unknown. Everything else is of a frightening certainty, seen through rational, scientific… conspiranoic eyes.

La marca de la Bestia

6 Junio 2021

...y que ninguno pueda comprar o vender, sino el que tenga la marca, o el nombre de la bestia, o el número de su nombre (Apocalipsis 13:17)

Proteínas magnetizables, nanopartículas magnéticas, tatuajes subepidérmicos o cualquier otra fórmula con la que implantar un marcador orgánicamente compatible con el que emitir y recibir información. En tal supuesto se basa la negacionista y conspiranóica explicación a lo inexplicable: el universal y fanático empeño en vacunar a toda la población mundial con unas substancias que no evitan el contagio de una enfermedad que ha causado, en año y medio, menos muertes que la gripe asiática de 1957 o más o menos las mismas, si nos creemos los datos de las PCR, que la gripe de Hong Kong de 1968.

Absurdo, ¿verdad?

¿Pero qué es el apocalipsis sino pura conspiranóia? ¿Qué el anuncio del fin de los tiempos con su juicio final y sus pocos elegidos entre los muchos llamados que sobrevivirán al holocausto final que llevará consigo, como toda guerra, el Armagedón entre las fuerzas del mal y del bien? ¿Acaso no era conspiranóico Churchill para sus adversarios políticos, cándidos seguidores del buenista Neville Chamberlain? ¿No eran afirmacionistas los que creían que la Tierra era plana y que el Universo giraba a su alrededor o, más recientemente, los que pensaban que cerrando las ciudades y las casas o tapándose la cara podían vencer a la Peste Negra? ¿No era, en fin, negacionista de las doctrina médica universalmente aceptada la opinión de un tal Robert Koch? ¿Acaso no lo era la de toda la ciencia médica anterior a 2019 que desechaba como medio de lucha contra epidémica el confinamiento masivo de la población o la necesidad de cumplir los plazos de comprobación de nuevos medicamentos y vacunas por muy grave que fuera la enfermedad?

¿Por qué no se permite usar medicamentos experimentales en enfermos desahuciados por gravísimas enfermedades como el cáncer y, sin embargo, se autoriza el uso masivo en toda la población de unas vacunas experimentales para una enfermedad con una mortalidad del 0,026%?

Es algo tan demencial lo que está ocurriendo que sólo podemos explicarlo racionalmente apelando a la racionalidad negacionista, crítica, escéptica… conspiranóica que ha presidido todos los grandes avances de la Humanidad desde que se abandonó la senda de la superstición medieval, esa de los confinamientos, los guetos la persecución de los herejes, los linchamientos, los autos de fe, la Inquisición veladora de la verdad… Porque esa actitud minoritaria, selecta, clarividente es la que ha salvado a la Humanidad del terror de la Madre Naturaleza, máxima expresión de la crueldad, la inhumanidad y el globalismo, que los años treinta del siglo pasado reprodujeron con espeluznante eficacia: nazismo, comunismo, persecuciones, holocaustos, gulags, guetos, ariernachweis… estrellas de David.

Es imposible entender el sinsentido científico de las vacunas sin contemplarlas como un simple instrumento para lograr un objetivo de ingeniería social de proporciones equivalentes a la inaudita unanimidad de los diferentes poderes de distinto signo político o profesional a la hora de imponer por medios absolutamente dictatoriales lo que quiera que hay en esas llamadas “vacunas”.

Un marcador para detectar quién verdaderamente se ha vacunado. Una especie de código QR para detectar los falsos pasaportes verdes (nunca antes ese color fue símbolo de sumisión, pobreza y terror como ahora). Un método infalible para localizar y, eventualmente, castigar a los negacionistas que adquieren y emiten falsos salvoconductos con los que poder disfrutar de los derechos fundamentales del hombre, esos que la ONU ensalza en sus púlpitos digitales y persigue en las calles. Un certificado de pureza sanguínea para separar (eso es el apartheid) de la sociedad a los falsos conversos a la fe afirmacionista de la Nueva Normalidad, esa que ya, a lomos de la inercia social, del poco a poco no duele, del goebbelsiano y eficacísimo truco de “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”, se ha implantado sin que se produzca la más mínima oposición. Como en la Alemania Nazi, en la Unión Soviética o en Corea del Norte. Exactamente igual.

Un mecanismo emisor mediante el que se puede captar un amplio rango de información de las personas, desde su localización hasta su estado emocional, sus constantes vitales, sus características genéticas… sus conversaciones o. por qué no, sus opiniones.

Un electrodo subcutáneo que hagas las veces del electrodo que el Doctor Rodriguez Delgado implantó en el encéfalo de un toro bravo allá por los años sesenta y con el que fue capaz de detener a la bestia con sñolo apretar un botón. Un Stimociver incorporado con las vacunas y mediante el que se pueda cambiar el estado de salud, anímico o, incluso cognitivo de las personas. Un perfecto mecanismo de control global oculto bajo la piel y, lo más importante, bajo toneladas de ingeniería social aplicada mediante los medios de comunicación de masas, las redes sociales… y el chantaje político, social y laboral.

Pensaba que las vacunas obedecían a un objetivo político de las clases dirigentes occidentales blancas que habían caído, y sólo ellas, en la trampa de la falsamente grave pandemia extendida por China con la imprescindible colaboración de la OMS y de los grandes medios de comunicación. Unas vacunas placebo para detener la ruina y la dictadura a la que había sometido a sus ciudadanos, ahora súbditos y siervos, sin tener que reconocer su error: “La pandemia era realmente lo suficientemente grave como para justificar las medidas que tomamos, pero ahora todo volverá a la (nueva) normalidad con las vacunas” (https://ozyesite.com/2020/09/09/hipotesis-b/). Yo creía que era un simple truco político para que nuestros ineptos (ahora veo que, también miserables) líderes obtuvieran impunidad y, de regalo, más poder. Pero tengo que reconocer que cada día que pasan sosteniendo esta infame, medieval y, ahora ya, dantesca farsa, me veo en la racional obligación de aceptar la posibilidad de una hipótesis absolutamente conspiranóica, crítica, heterodoxa… científica: Las vacunas son la marca de la Bestia. Y la bestia que ha puesto de acuerdo a todos los poderes de este mundo casi sin excepción no puede ser de este mundo. Al menos, no del mundo tal y como lo conocemos. Tampoco, necesariamente, de un mundo sobrenatural.

Tal vez sí de un mundo paralelo en el que la Bestia tiene forma de dragón y del que nuestros poderosos no son más que simples encargados de la granja en la que están marcando a sus reses humanas para algo.

¿Para matar a su ganado? Eso no lo hace ningún granjero. Luego, sólo puede ser para todo lo contrario: para multiplicarlo y encerrarlo en granjas intensivas, hacinados, aislados, inmovilizados, privados de todo excepto de pienso, agua, dedicados sólo a producir con el mínimo coste lo que sea que obtienen de nosotros.

O, tal vez, sí, Tal vez sea el instrumento del juicio final. Quizá sea lo que parece: Un brutal sistemático, eficaz y limpio holocausto. Idéntico en sus principios básicos al de los trenes y los campos de exterminio. Por eso hay naciones en las que apenas se vacunan y, otras, en el que la presión para vacunar a la gente alcanza límites totalitarios impensables hace pocos meses.

Cara o cruz: granja global viviendo en instalaciones tercermundistas como las gallinas y las vacas o campo de exterminio. Esa es la única incógnita. Todo lo demás es de una certeza espeluznante, visto con ojos racionales, científicos… conspiranóicos.

Witiza Mistake

December 11th 2020

Excerpt from“Homo Simulator” https://www.amazon.es/Homo-Simulator-Rafael-Ortiz-Garcia-ebook/dp/B086Z38P2Z

If loyalty is denaturalized, the miraculous equilibrium with dissidence crumbles and a disloyal dissidence is born, which turns into fratricidal struggle. An example of this alliance with the exterior to achieve the triumph over the interior adversary turned into an enemy when the binomial of the ancestral European is broken and loyalty disappears can be found in the Mohammedan invasion of the Visigothic kingdom of Hispania: The “Witiza Error”.

The kings of Visigothic Hispania were elected by the nobles, which caused intrigues and bloody struggles for power that were called “morbus gothorum” (the disease of the Goths). This disease occurs when society does not act as a single group but as a field of confrontation between different factions seeking power.

The conquest of Gothic Hispania by the Mohammedans was presided over by one of these confrontations. The followers of King Witiza, who had been succeeded by King Roderic, decided to support the Mohammedans, who invaded the peninsula from the Maghreb, thinking that they could use them to seize power and then get rid of them. And with this objective in mind, the followers of Witiza, who led the wings of the Visigoth army in the battle of Guadalete, went over to the enemy at the crucial moment leading to the defeat of Roderic’s army.

Of course, the Mohammedan invaders had no intention of enjoying the spoils and returning to their lands, but occupied the entire Iberian Peninsula and, after a few years of condescension with their Witizian allies, ended up taking absolute power.

The Witiza Error consists of relying on external forces to win an internal battle.

The Muslim invasion of Hispania took place in a context characterized by the defenselessness of the Visigothic society, confident in the initial tolerance shown by the Mohammedans. But it would never have been possible without the “morbus gothorum” that led to the political division and the betrayal of the “fidelis regis” of Witiza, persuaded that the Muslims would serve them to take power but would not be a danger to their power.

From all points of view, the Visigothic kingdom was powerful enough to have prevented the invasion. But it had a social weakness that led it not to defend itself and to allow the triumph of the Muslims. The Witiza error, the weakness based on indiscriminate solidarity and a mythological deception: World War III.

World War II was initiated by National Socialism (Nazi Germany) and International Socialism (Soviet Russia). After defeating one of the contenders by means of a conjunctural alliance with Russia, exactly like the one between Russia and Germany, the Cold War was nothing more than the continuation of that unfinished World War II. The social democracy and neo-feudalism established in Europe to defend itself against the advance of the communist ideological troops had a very costly success insofar as it established a profound weakness that is now being exploited in the third phase of World War II.

To call World War III this last phase of the conflict unleashed in 1939 with the invasion of Poland by Germany and Russia generates a deceptive perspective that is part of the strategy of the collectivist bloc. Because the best way to defeat a superior enemy is to make it remain defenseless waiting for a conventional conflict that will never come, while it is invaded in an atypical way from outside and from within.

The defenders of the free world are completely deceived by the enemy trying to find the closest thing to a conventional battlefield in a conflict that has been defined as radical and profoundly different from all others. They are tilting at windmills, persuaded that they are the mythological giants against whom the future of humanity is being decided. And they are not giants but dwarfs who distract the attention of the allied quixotes so that their former collectivist enemies can defeat them without firing a single shot.

No. Terrorism is not the characteristic form of confrontation in World War III. Because that war as such does not exist. The proof is that its effects, from the war point of view, are ridiculous, in spite of the disproportionate echo they achieve in weak Europeanized societies. Terrorism in itself will never succeed in invading and dominating a Europeanized society, because it is not a strategy of military success but, on the contrary, a demonstration of military impotence used as a distraction by the powerful propaganda of the collectivist world. Terrorism is a thermometer of how weak the society it attacks is and of its propensity not to defend itself.

The limited use of force in the Vietnam War, which led to the defeat of the most powerful nation on Earth, was a direct consequence of American social weakness. Internal political affairs, a morbus gothorum light, were strongly conditioned by public opinion (in the Visigothic kingdom elected by the nobles), easily manipulated in the age of globalization and information thanks to the control of the media, prevented the use of all the force of which the USA was capable and with which it would have obtained victory without any doubt. The result was that, thanks to the pressure of the conglomerate of indiscriminate solidarity and the division of American society, the Vietnamese lost their freedom and prosperity.

The Witiza Error was decisive for a more powerful army to be defeated by a weaker one. But in the case that we are going to describe below, the two armies did not even face each other.

General Franco was dying. The only non-communist European dictatorship since the end of World War II was coming to an end and the unknowns were as overwhelming as when a Visigothic king died and the supporters of the different factions prepared to fight for power. Spain’s social weakness was extreme. So extreme that it was taken advantage of by its Maghrebi Mohammedan neighbors (again Visigothic Hispania) to occupy Western Sahara without firing a shot.

On April 29, 1975, the Saigon government fell and the defeat of the most powerful army on Earth was consummated. Barely six months later, on November 5 of the same year, King Hassan II of Morocco announced that, the following day, they would occupy Western Sahara. It was a decisive year in the History of Humanity, but not because the most powerful nation on Earth had allowed itself to be defeated by an inferior army, but because an unprecedented tactic was going to be tested with devastating success.

The situation in the USA and, especially, in Spain in those years was very much reminiscent of what happened to the Visigothic kingdom in July 711. When the Muslims entered Hispania, the Visigoths were, as usual, locked in an internal power struggle that kept Roderic and his army quelling a rebellion in the north. During the communist onslaught in Vietnam, the USA was divided by the same tension that had been generated in Europe by the social democratic antidote and that on both sides of the Atlantic led to a Witiza Error that unnecessarily prolonged the Cold War. But in Spain things looked much worse, given that it was in a situation of maximum political weakness due to the death of the dictator and the decisive support of the USA and France for the Kingdom of Morocco.

King Hassan II did not announce that his army would occupy Spanish territory, but that unarmed civilians would do so by means of a peaceful march. The Green March. And that was the substantial difference with the American case in Vietnam and with the invasion of the Visigothic kingdom. In the Sahara there was no military confrontation but rather the Spanish social weakness was exploited to the maximum by simulating a migratory wave. And Spain simply refused to defend itself against a group of unarmed civilians. Why? Well, because international public opinion, the allies and the European and Europeanized countries would not tolerate the use of force of arms to stop the force of non-arms.

The migratory waves across the Mediterranean, from Libya or Morocco, the small boats, the great march of refugees from the Near East through Turkey encouraged from within the EU by a faction of “Christian-social Goths” or the caravans of Central American migrants towards the US border through Mexico (there is always a through) are replicas of the Green March now suffered by those who in their day did not condemn it, the European and Europeanized countries led by the US and France. Replicas of the “Green March” such as that of “Refugees Wellcome”, which placed the EU before an unprecedented political crisis and nine months later the British decided to abandon it in a referendum, while the anti-indiscriminate immigration parties, called populist, identitarian or Europhobic by the pro-immigrationists, reached levels of support unthinkable only five years earlier.

The new neolithic invasion is carried out through the Green March principle, exploiting to the maximum the social weakness that, encouraged from within by the Witiza Error, prevents the use of all available power to defend the remnants of the dissidence-loyalty model that survive in the neofeudal Europe invaded by waves of “unarmed civilian volunteers”.

The Green March was the rehearsal of the strategy that dominates the current confrontation, but it was not the beginning of that confrontation that only in the free world is called World War III. It served to evaluate the level of weakness that societies based on the dissidence-loyalty model can reach when it is denaturalized by means of simple information manipulation, propaganda and the concealment of data typical of a neo-feudal structure.

If in Poland the blitzkrieg, “lightning war”, was successfully tested, in the Spanish Sahara the weichkrieg, “soft war”, was tried with no less success. The latter is much more difficult to perceive as a real war because it is an unarmed confrontation, based on inducing the defenselessness of the enemy, sustained by the Witiza Error of the social democrats, considering that the Mohammedans of today, like those of the 8th century, can be safely used to obtain power in the scenario of a contemporary morbus gothorum.

The Visigothic Kingdom, Germanic and profoundly European, overthrew itself. Now it is not a kingdom that is at stake, but the denouement of the end of the Neolithic world. Armageddon. A real war, whose consequences will last much longer than the eight centuries of Mohammedan domination of the Iberian Peninsula. A war that began in 1939 and has not yet ended. It is the new and last war of the 100 years in its final phase which many call, to confuse the enemy who would defeat them if they were clear about the terms of the conflict, World War III.