El Informe Gilgamesh

9 Diciembre 2021

Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años. (Génesis 6:3)

En “La Profecía” (https://ozyesite.com/2021/10/01/la-profecia/) contaba cómo en un poema acadio de hace 3600 años, el Atrahasis, se relataban los sucesos, motivos y enfrentamientos sobre los que cristalizó la primera gran extinción artificial de humanos en nuestro planeta, el primer gran genocidio. Un acontecimiento pretérito que conocemos por la versión hebrea del Génesis. Pero lo que nos cuenta el Atrahasis puede no ser un suceso real ni, tampoco, ficticio. El genocidio que conocemos como “Diluvio” quizá no es historia, ni leyenda ni mito, sino una profecía o, más bien, un aviso que “alguien” capaz de moverse por los recovecos del Universo, el personaje de uno de esos mundos paralelos, reales o simulados, incrustó en el sustrato histórico, en las tablillas cuneiformes, los libros sagrados y la memoria colectiva.

Sobre un sustrato legendario que en múltiples y distantes culturas habla de una dantesca mortandad provocada por inundaciones, las mismas quizá que convirtieron un lago de agua dulce en el Mar Negro desplazando a las poblaciones que vivían en sus orillas en arcas marinas o terrestres, refugiados del cambio climático conocido como Younger Dryas, ese alguien introdujo en el relato oral las claves para avisarnos a nosotros, en el lejano futuro, de lo que iba a sucedernos.

Ese relato añadido al original, recogido en el Atrahasis, nos resulta extrañamente familiar. Todo parte de un problema que en aquella época no podían comprender que fuera tal: Demasiada gente. La superpoblación y los problemas ambientales, sociales, políticos, económicos y sanitarios que lleva asociados. Lo que se plantean los dioses, es reducir la población hasta un número soportable. Y esta reducción se ejecuta mediante una secuencia también sorprendentemente familiar en nuestros días: sequía, con su consecuente reducción de la capacidad de producción vital (alimentos) epidemias, embargo general de bienes y catástrofe climática. Todo esto está en las noticias y en el imaginario que intenta explicar algo que supera nuestra capacidad lógica y trasciende los parámetros de lo que consideramos posible o, incluso, real.

Nos avisan que la superpoblación se convertiría en un problema. Y, por los acontecimientos que observamos y la mitología con la que intentamos comprenderlos, ese momento parece que ha llegado ahora. ¿Pero, si es así, por qué ahora? ¿Bajo qué criterios o intereses se decide que la población actual es un problema que hay que resolver?

Se me ocurren tres hipótesis:

  • Estamos a las puertas de una colonización exterior, tal y como sucedió tras el descubrimiento de América. Y los invasores que vienen de más allá del océano estelar o virtual tienen dos estrategias diferenciadas: unos, ocupar el territorio y utilizar a los nativos para explotar los recursos naturales. La otra, eliminar la población nativa y colonizar ellos directamente ese territorio. Para los primeros, esa población nativa es una riqueza y, por tanto, no solo no quieren diezmarla sino, al contrario, incrementarla (creced y multiplicáos); Elon Musk: “No hay suficiente gente”. Para los segundos, la población nativa es perjudicial por excesiva y debe reducirse; Bill Gates: “Tenemos superpoblación”.
  • Otra razón para explicar que la densidad demográfica se convierta en un problema es que estemos a las puertas de una crisis climática/medioambiental que reduzca los recursos bien porque entremos en un enfriamiento global (el calentamiento nunca supone una reducción de recursos, sino al contrario) y/o que la reservas de recursos energéticos y la capacidad de producción agrícola sean insuficientes para atender las necesidades de una población creciente a corto y medio plazo.
  • Y otra explicación podría ser que nos encontremos ante una vertiginosa sucesión de adelantos tecnológicos que generarían un exceso de mano de obra humana sustituida por lo que podríamos denominar una nueva especie basada en el silicio en lugar de en el carbono: el Homo machina.

Cualquiera de esas tres hipótesis, salvando su apariencia de ficción teórica, es plausible. Pero ninguna explica una serie de fenómenos extraños entre los que figura el hecho de que la “presión de cambio” se está aplicando con mayor celeridad y violencia sobre el mundo libre blanco. Aunque, tal vez si acudimos de nuevo a los mensajes del pasado podríamos hacer algo de luz.

La torre de Babel.

Los dioses observaron el desarrollo tecnológico que estaban logrando los humanos y decidieron acabar con esa civilización puntera antes de que se convirtiese en un peligro para ellos. Pero, de nuevo, tenemos que preguntarnos si nos encontramos ante un reseteo de la Historia. ¿Sucedió realmente el episodio descrito en el Génesis? ¿Hubo una civilización desarrollada a la que se puso fin mediante un genocidio selectivo dejando vivir solo a la parte de la Humanidad más atrasada? ¿Se borraron de forma casi completa los restos materiales de esa civilización y se permitió que los supervivientes más atrasado relataran la historia en forma de leyendas y mitos para desacreditar cualquier indicio o teoría que descubriera la existencia de esa civilización prediluviana? Puede ser. Es posible que una civilización alcanzara un desarrollo más allá de construir imponentes torres de ladrillo que parecían tocar el cielo. O tal vez se trata de una leyenda grandilocuente. Pero, de nuevo, surge la duda: ¿Alguien encriptó en ese relato el aviso de que sucedería cuando pudiéramos hacer una escalera con la que llegar al cielo: la rampa de lanzamiento de los cohetes espaciales, las puertas de los agujeros de gusano o las claves informáticas para saltar a otros juegos de simulación de mundos dentro del superordenador en el que vivimos? ¿Alguien dijo: “Cuidado. vendrán para frustrar vuestros sueños de ser como ellos”.

Acabar con la civilización precursora del asombroso desarrollo tecnológico, Europa y el mundo europeizado, y frustrar el desarrollo de una supercivilización. Pero, en ese caso, por qué no con el mundo europeizado no blanco (Japón, Corea del Sur, Taiwán…) ¿Acaso se va a permitir que la civilización prospere solo bajo unos concretos parámetros raciales y culturales? “Vosotros, los blancos, no prosperaréis pero ellos, el resto o solo los amarillos, sí.” ¿Es esto?

Hemos hablado más arriba del enfrentamiento entre dos “potencias coloniales”. En el Atrahasis se nos habla también de dos bandos, representados por dos hermanos (dos grupos de la misma especie pero de diferente linaje). Tal vez estos dos grupos, movidos por intereses contrapuestos, sean los mismos que ahora luchan para hacerse con el control de los acontecimientos. El bando de Enki se oponía a la reducción de la población y, sólo cuando comprobó que esta era inevitable, intentó salvar a sus elegidos. ¿Son los países de raza amarilla los “hijos” terrestres de estos dioses? El bando de Enlil, en un principio, se decantaba por un extermino mucho más radical en el que, si tomamos la versión hebrea, solo se salvaría una familia. Que se contemple salvar del holocausto a un reducido número de elegidos afines a la mentalidad, intereses y, tal vez, raza de los dioses o colonos extramundano (o mundanos) es algo comprensible y muy “humano”. Sin embargo, si el problema no es tanto o solo la superpoblación sino el desarrollo tecnológico no tiene sentido permitir que prospere una “civilización/raza” por la sencilla razón de que ese peligro no se eliminaría. ¿O tal vez cada bando piensa que sus afines serán aliados fiables en el futuro? El bando contrario no lo permitiría.

Basta con introducir una palabra para que las cosas adquieran sentido, al menos desde nuestros parámetros de realidad: “Primero”. No se quiere acabar solo con el mundo libre, desarrollado y blanco, sino primero con él. Luego, con los demás. ¿Y por qué primero con él? ¿Por qué dejar fuera por ahora a naciones muy desarrolladas y potencialmente peligrosas como China, Rusia, Japón, Corea del Sur… Y a otras poco desarrolladas pero con un enorme crecimiento demográfico? La razón es muy sencilla. Los blancos occidentales reúnen un requisito clave: La capacidad crítica, el potencial de insumisión arraigado en lo más profundo de sus genes culturales (https://www.amazon.es/Homo-Simulator-Rafael-Ortiz-Garcia-ebook/dp/B086Z38P2Z): el modelo “Europeo Ancestral”, que basa la cohesión de grupo no en aquello que neutraliza la individualidad incrementando la sumisión y obediencia sino, al contrario, en alcanzar la máxima libertad individual que, y este es el milagro del modelo del europeo ancestral, potencia una forma de cohesión social no colectivista, sino liberacista, que hace compatibles y mutuamente potenciadoras dos características contrarias sobre el papel: la disidencia y la lealtad. El pegamento del grupo europeo ancestral no es la sumisión, la fanática acepción de una voluntad, una verdad o una creencia. Es la lealtad. Pares inter primus. Eso son los europeos ancestrales. No son obedientes sino leales con los demás y con el propio grupo que les garantiza la máxima libertad individual, y solo en la medida en que la garantice.

Esto explica la imponente, feroz, vertiginosa y unánime ofensiva desatada por los líderes del mundo libre, blanco y desarrollado para extinguir ese núcleo de genes culturales que sustentan la unidad de los europeos y europeizados en la libertad individual y la lealtad. Algo que los convierte en indomables. Esto es por lo que se les ha escogido como primer objetivo. Una vez eliminado el europeo ancestral que llevamos dentro, el resto de la Humanidad responderá movido por los viejos resortes de la cohesión social colectivista: la sumisión. Y deben hacerlo rápido, antes de que esos genes culturales, desactivados tras décadas de ingeniería social en buena parte de la población, se activen de nuevo. Antes de que el plan, el proceso de empobrecimiento y domesticación, el genocidio se haga evidente cuando aún esos genes de disidencia-lealtad siguen vivos.

Pero ¿Cuál es la razón para la urgencia? ¿Por razones que escapan a nuestro concepto de realidad, como la inminente colonización de la Tierra por parte de civilizaciones exteriores que están manipulando directa o subliminalmente a los líderes de nuestros mundo? ¿Un evento catastrófico climático, como un invierno volcánico causado por una mega explosión o un episodio masivo de explosiones? ¿El desarrollo de tecnología capaz de sustituir la mano de obra humana (inteligencia artificial, automatización y robótica), mediante los Homo machina avanza mucho más rápido de lo que se preveía?

Todas estas opciones son posibles y compatibles. Las dos primeras pueden explicar la urgencia dramática que estamos viviendo por adelantar los plazos de la “Agenda 2030”. Son factores que escapan a nuestro control. Pero la tercera opción si depende de nosotros y, por tanto, se puede implementar al ritmo deseado. Sobre la fecha de una hipotética invasión extraterrestre o proveniente de un mundo paralelo no tenemos absolutamente evidencia y, por tanto, no podemos pronunciarnos en ningún sentido. Los “climatólogos por la verdad” hace años que vienen apostando por un pico en el enfriamiento global alrededor del 2030, lo que coincide con los plazos marcados por la famosa y, en buena medida, mitológica “Agenda Globalista” y no justifica ninguna clase de precipitación como la que se está produciendo. Hay tiempo suficiente como para no jugarse una sublevación popular. ¿Cuál es, entonces, el imprevisto?

Una “información no convencional” podría explicar el adelanto de las fases para adaptarlas a lo que sería un nueva “Agenda 2023”. Algo que “reúne” de forma extraña muchas de las variables que hemos descrito: Un adelanto tecnológico, logrado casualmente o filtrado convenientemente por alguna potencia colonizadora exterior, que afecta directamente a lo que parece ser el nudo del problema, la superpoblación, agravando y precipitando todos los factores de riesgo no importa su naturaleza:

La industria farmacéutica tiene ya listos los “procedimientos y sustancias” para aumentar de forma drástica la expectativa de vida.

Un incremento que, según las apreciaciones más conservadoras podría ser del 30%, llevando la esperanza de vida a los cien años, que podría elevarse en poco tiempo hasta los ciento treinta o ciento cincuenta años. Y esto sí que tiene el potencial de adelantar todos los plazos para reducir drásticamente la población. Empezando por la que está en condiciones de pagar, demandar y sublevarse, llegado el caso, para obtener ese “elixir de juventud”. El escenario al que nos llevaría este descubrimiento se tornaría apocalíptico.

¿Por qué esperar y cómo mantener en secreto ese milagro al que todos querrán acceder y que multiplicaría las bocas a las que alimentar en cuestión de muy pocos años?

Estaríamos ante el mayor negocio de la Historia. Hacer realidad el principal sueño de la Humanidad: vencer el paso del tiempo. Aliviar el gran drama existencial humano, la conciencia de la muerte y la búsqueda de la eternidad, plasmado en la primera obra épica conocida: La Epopeya de Gilgamesh. Quizá, otro aviso incrustado, esta vez, en forma de maravillosa obra literaria, un informe redactado hace más de cuatro mil años para advertirnos de que el inicio del “fin de los tiempos”, del mundo tal y como lo conocíamos y el inicio de una nueva normalidad sería precipitado por un milagro, una revelación, una causa disfrazada de casualidad, un vil negocio sobre el supremo mal: la vejez y la muerte. El desencadenante, la razón para que todo se haya precipitado de forma irracional, frenética, descontrolada desde hace dos años. ¿Pocos meses después de confirmado el gran descubrimiento?

Esto explicaría que los beneficiarios de este negocio, el elixir de la juventud, sean los mismos que están precipitando el genocidio y, también, que hayan logrado “convencer” a los máximos líderes del planeta para que olviden sus diferencias y se sumen a un proyecto más importante incluso que el poder o el dinero: la juventud.

Tal vez, la eternidad.

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