Esclavitud o exterminio

3 Enero 2023

La avenida Chang An del Pekín de 1979 estaba atestada de bicicletas conducidas por hombres y mujeres vestidos casi de uniforme que sorteaban sin mucha dificultad los pocos autobuses que se interponían en su camino. La capital de China contaba entonces con 5.600.000 bicicletas y 77.000 automóviles. La tasa de pobreza en China superaba el 90% y las emisiones de CO2 estaban sobre 1,5 toneladas métricas per cápita. Tan solo treinta y nueve años después, en 2018, esa misma avenida se encuentra colapsada por el tráfico rodado y sus viandantes visten de forma perfectamente homologable a los de cualquier otra ciudad del mundo desarrollado. El número de automóviles se ha multiplicado por más de 100, ascendiendo a 8.540.000, mientras que el de bicicletas ha descendido hasta los 2.000.000. La tasa de pobreza en el conjunto del país no supera el 5% y las emisiones de CO2 superan las 7 toneladas métricas per cápita (europeo ancestral)

Si aplicamos los criterios del ecologismo conservacionista, Pekín, y con ella todas las ciudades del mundo, incluidas las de los países desarrollados occidentales, deberían parecerse a la imagen de aquél tercermundista Beijin de 1979, con valores de emisiones de CO2 cercanos a los de la China de hace 39 años. El consumo de ropa debería limitarse hasta ofrecer una imagen de sobriedad y uniformismo cercana a la de aquél Pekín paupérrimamente sostenible. pero también el de carne, electrodomésticos, ocio, comunicación, transporte…  Todo ello para cumplir con el dogma de la economía sostenible, la lucha contra el cambio climático y, ya de paso, la multiculturalidad, la solidaridad, la justicia social, los derechos LGTBIQ ¿falta alguien? ¡Ah, sí! Las nuevas mujeres empoderadas por el neocomunismo de yihab y sharía progresista.

Unos dogmas cuyo objetivo inmediato, y ya veremos si no también final, es que, por ejemplo, los 1300 millones de indios tengan suficiente energía fácilmente disponible, económicamente asequible, almacenable y transportable, es decir, gas y petrolero, con los que sostener un nivel de vida parecido a los occidentales, especialmente los europeos,  nosotros, vamos, los más vulnerables, indefensos y crédulos. Porque resulta que los recursos, por muchos milagros que haga la denostada tecnología, son limitados y a todas luces escasos para que toda la población mundial pueda vivir… como nosotros, los ricos del planeta. No como los pobres o miserables que arrastran su existencia como una terrorífica pesadilla que comienza cada mañana, si es que desapareció durante la noche. Para vivir así, como pobres, por ahora sí hay recursos. Pero es necesario repartirlos, es decir, obligar o engañar a quienes los tienen en abundancia para que los repartan con los que no tienen. Y, por lo pronto, esto es lo que está pasando. Estos son los hechos. Que unos (nosotros) vivamos (mucho)peor para que otros (por ejemplo, los indios), vivan (algo)mejor. Luego, ya veremos si se cumplen  todas esas profecías de cómic barato que circulan por las redes y nuevos púlpitos de viejos sermones que siempre, todas, acaban con: “Resignación, hermanos”.

Claro que hay para todos si todos vivimos en la pobreza. Así se eliminaría la miseria. ¿Pero eso es de verdad lo que queremos? ¿O eso es lo que quieren unos pocos iluminados que dicen ser los amigos de la Humanidad, los paladines del Bien, los portadores de la llama divina que nos señala el camino a seguir: “Creced, multiplicaos, llenad la Tierra y sojuzgarla”? Lo sorprendente es que los otros, los del Mal, también desean tener una Tierra propia llena de humanos convertidos en esclavos, es decir en ganado, solo que estos, los malos, según los buenos buscan secretamente exterminar a la mayor parte de la población.

A ver si nos aclaramos. ¿Tener muchos esclavos y, al mismo tiempo, exterminar a la mayoría? Y no solo eso, sino que todo se complica aún más cuando descubrimos que el bando del Bien no solo quiere lo mismo que el del Mal sino que, de hecho, ya lo ha puesto en práctica.

Esa misma divinidad o poder superior que tenía como parte fundamental de su agenda “creced, multiplicaos, llenad la Tierra y sojuzgarla”, resulta que es quien, si nos fiamos de sus propias fuentes, de las declaraciones que hicieron en su momento a la opinión pública a través de los medios de comunicación de la época (profetas, libros sagrados, mitos orales…) ha sido la única que, hasta el momento, ha llevado a cabo un exterminio casi total de la Humanidad, el Diluvio. Un exterminio muy superior al que, quienes se creen seguidores de esa tradición de agendas y élites, atribuyen como intención siniestra a los teóricos enemigos de su divinidad/poder oculto defensora del Bien.

Y todo esto mezclado en un mercadillo de información y desinformación, de verdaderas y falsas banderas, de propaganda y contrapropaganda. Los mensajes de unos y de otros, sus intenciones, sus objetivos… y los hechos.

Pero lo hechos manipulados por la propaganda relucen en su desnudez cuando los ponemos junto a preguntas sencillas desde las que reflexionar con sencillez.

¿Es compatible querer esclavizar a la Humanidad y exterminarla? ¿Los esclavistas acabando con su negocio? ¿En serio?

Y otra más:

¿Qué los esclavistas quieran proteger la vida de su mercancía humana significa que son los benefactores de la Humanidad, los defensores del Bien?

¿Y qué nos deja esto? Pues que, realmente son dos bandas de un mismo negocio, el esclavista, los que luchan por obtener el control en un nuevo escenario que se vislumbra ya como inevitable: El Ciberlítico. No hay ningún bando salvador y otro exterminador. Solo algunos personajes y movimientos de ambos bandos utilizados para desviar la atención y asustar al rebaño humano a fin de que salga corriendo a dónde quieren los pastores: el corralito económico. Ese que conlleva la pérdida del dominio sobre nuestra teórica y nominal propiedad (no tendrás nada y serás feliz) y, también sobre la propia vida (nos dicen qué debemos comer, a quién y cómo amar, cómo divertirnos…) Este es único hecho que se repite desde que comenzó la farsa. Es la única agenda: la de los esclavistas. No hay, por ahora, exterminadores. Quizá terminen siéndolo ellos mismos, tal y como parece ser que hizo esa divinidad o poder ganadero/esclavista que puso a los humanos en su “huerto”, es decir, en su plantación llamada “Edén” para que la labraran  y guardasen. En ese caso, se entendería perfectamente por qué Davos, la Agenda, Pekín, el Vaticano, Bruselas, Washington, La Meca… todos persiguen en el fondo los mismos objetivos. Quizá el plan sea primero esclavizar y, luego, “podar” el exceso de población esclava. Pero ¿Por qué iba a ser en algún momento rentable dejar de tener muchos esclavos humanos?

Por ahora, lo único que se anuncia y se cumple es la pobreza, especialmente la del mundo occidental, el que se ha decidido que es un lastre inasumible para la rentabilidad del negocio. Viven demasiado bien y hay que liberar recursos para otros rebaños cuyo pastores sí los defienden de verdad (China, Rusia, India…) los nuestros o se han vendido o son idiotas o ambas cosas.

¿Eliminar esclavos? Sí, por qué no. Pero los menos rentables: Los ancianos, los enfermos crónicos los más débiles… Especialmente en el mundo occidental blanco. Viven demasiado bien y son tan fáciles de manejar…

Todo lo que se está haciendo se ajusta al milímetro al patrón del negocio esclavista. Eliminar la propiedad privada y la libertad individual. Una sola clase social: La de los hombres (y mujeres) libres.  Los esclavos no forman parte de la Humanidad. De la verdadera Humanidad. Por eso no conforman una clase social.

¿Quienes conformarán esa nueva y única clase social de los hombres libres? Aquí está una de las claves del engaño al que nos tienen sometidos. Cuando hablan de reducir la población hasta un 5 o 10%  de la actual, quizá la mayoría de los que lo defienden creen realmente que se trata de una reducción física, pero en realidad se trata de limitar a la condición de verdadera Humanidad a un reducido número de personas que vivirán como la actual clase media-alta de los países avanzados, sostenidos por la inmensa masa esclava.

¿Quedarán solo entre 400 y 800 millones de humanos? Sí (tal vez menos). Pero de “verdaderos” humanos. Ese es el pequeño detalle que omiten. Un detalle que explica por qué las distintas bandas esclavistas solo compiten entre sí para lograr que el mayor número de sus actuales rebaños humanos obtengan plaza como hombres y mujeres libres en ese nuevo mundo, el Ciberlítico, que ellos han decidido que se construya sobre la base de un esclavismo tecnológico, aquel en el que el grueso del trabajo lo realizan humanos controlados por la alta tecnología que le sirve, además, a los dueños para mejorar su nivel y calidad de vida en todos los aspectos.

¿Para qué esperar a que existan androides capaces de sustituir plenamente la mano de obra humana si ya existe el prototipo de androide llamados “esclavo”, con un costo de funcionamiento ridículo y una puesta a punto afinada durante miles de años?

Si quitamos los 500-800 millones de hombres libres, los aproximadamente 2000 millones del actual ganado humano no rentable y se controla la natalidad para que la población no se dispare hasta cotas peligrosas desde el punto de vista de la rentabilidad, nos queda una cabaña de esclavos de unos cinco mil millones. Una cifra razonable para el negocio, el planeta y la nueva Humanidad, que, de todas formas, si las cuentas no salen, podría reducirse un poco más con tan solo aplicar alguna vacuna que pode selectivamente otro porcentaje de los esclavos menos rentables. Aún más, se puede mejorar la actitud (sumisa) y la aptitud (competencia laboral y profesional) de los esclavos para que su monto total sea aún menor. Quizá una cifra bonita desde diferentes puntos de vista fuera la de una ratio de 10 esclavos selectos por cada hombre/mujer libre.

¡Fantástico! Un escenario ideal. Los pueblos, familias y correligionarios elegidos vivirían tal y como merecen vivir los humanos, con recursos, espacio y libertad en abundancia. Los esclavos, en cambio, de forma sostenible, es decir, rentable, recluidos (confinados) en granjas intensivas. El planeta a salvo. El clima… da igual el clima, porque, cuando llegue ese momento, los humanos verdaderos tendrán  energía de suficiente para crear microclimas paradisíacos solo para ellos.

Esta es la agenda. Los exterminios son para asustar al rebaño y meter a los más díscolos en el corral de la disidencia prefabricada. Porque, mientras todos señalan que los nuevos satánicos quieren reducir la población, otro Diluvio, otro holocausto mundial, nadie se opone como debería (por la fuerza, claro, ¿cómo si no?) a la implantación de un régimen esclavista apoyado por la tecnología que sostendrá a un grupo de elegidos (¿acaso no hablan de ese reducido grupo de elegidos las profecías del Bien?). Una plantación, el Nuevo Edén, en el que los adanes y evas trabajen como esclavos para la corte divina y sus seguidores, los humanos verdaderos, los hombres y mujeres libres, los nuevos dioses o los ángeles del, por fin, único dios (el NOM, recuerda). Una sola clase social sostenida por subhumanos.

Y quienes llenan mayoritariamente esos corrales construidos para los disidentes que ayudan (involuntariamente) a la distracción/terror a las masas preesclavizadas son, (¿quiénes mejor que ellos?) los seguidores de esa divinidad del Bien y el Amor que, desconcertantemente, según los medios de comunicación sagrados llevó a cabo el más espeluznante exterminio conocido: Toda la Humanidad, con la única excepción de Noe y su familia. Estos son los que alimentan el mito de la reducción de la población a manos de… Y los que avisan de que nos van a recluir ahí, en Colonia Nuevo Edén para que labremos y cuidemos la plantación de los señores, los verdaderos humanos, los que sí sabían de qué iba la historia y se dedicaron a obtener un billete de primera, mientras los esforzados y desnortados buenos disidentes luchaban para salvar a la Humanidad.

El Bien contra el Mal. Esta es la película con la que nos distraen.

La reducida Humanidad verdadera compuesta por hombres y mujeres libres sostenidos por la inmensa Subhumanidad esclava. Esta es la Agenda que todos sin excepción persiguen.

Los hechos son la única incógnita: ¿Serás un hombre libre o un esclavo? ¿Lo eres ya?

Todo lo demás, cuentos chinos.

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