Recuerda Wuhan

6 Junio 2022

Allí empezó todo. El principio del final. El sortilegio de una farsa que esconde un propósito redentor tras su siniestra apariencia. La puerta a un nuevo mundo cuya llave creen poseer quienes solo tienen soberbia y mediocridad. Pero esa llave no la tiene nadie. Ese es el secreto para entender lo que empezó con una mentira… y una revelación.

Las cosas no son complejas sino complicadas. Y son complicadas porque casi todo lo que está sucediendo desde hace más de dos años obedece a una eficaz y poderosa sencillez: Vivimos desde hace más de diez mil años en una sociedad basada en la ganadería de humanos convertidos en una especie virtual doméstica, como las ovejas, los cerdos o los perros. Son, por tanto, las leyes del pastoreo las que rigen la vida humana en todas las sociedades neolíticas.

Pero la enorme confusión que la actualidad no proviene directamente y solo de la eficacia de los mecanismos neolíticos para domesticar a los humanos e implantarles una mente estándar común a todo el rebaño, que les impide entender la, para ellos, compleja mente de los pastores, sino de que nos encontramos en el momento crítico de transición entre el macromodelo Neolítico, en el que aún vivimos, y el que lo sucederá, el Ciberlítico.

No importa lo que haga nadie, ni los pastores, esas élites contempladas como semidivinas por el rebaño ni, tampoco, por supuesto, ese mismo rebaño que no hará nunca nada por iniciativa propia. Menos aún importa lo que haga la disidencia de mesa camilla o Internet. Sin embargo, todos están pendientes de lo que hacen o no hacen los demás, mientras las riendas de los sucesos se manejan en unas instancias insospechadas para la inmensa mayoría, élites incluidas.

La confusión generada por el actual escenario histórico viene agravada por el hecho de que los viejos referentes no sirven para entender lo que está sucediendo, precisamente porque confundimos ese tránsito, ese proceso descomunal de cambios que nos llevan desde el Neolítico al Ciberlítico, con las tácticas de unos y otros tratando de acomodarse a las situaciones que ofrece este momento histórico en forma de amenazas y oportunidades.

La inmensa mayoría de los pastores y sus perros no es capaz de vislumbrar el poder y la profundidad de los cambios históricos que se producen independientemente de la acción del hombre, sino que incorporan lo que perciben como complejidad al elenco de oportunidades que les permiten aprovechar mejor lo que siempre han hecho: vivir de los demás (para que haya un estafador son necesarios varios cientos de idiotas). El rebaño, conducido mediante falsas amenazas (los perros cuidadores confundidos con lobos depredadores) con las que provocar estampidas controladas y seguridades trampa (los corrales, las cercas, la obediencia a los pastores protectores…), es incapaz de ver con perspectiva no ya el abismal futuro inmediato sino el propio presente que tienen delante de sus ojos en forma de ilusión timadora. El rebaño, el pueblo, la gente no encuentra ninguna oportunidad en este caos, tampoco, claro, la de escapar y liberarse. Aceptan sin cuestionarse lo más mínimo esta realidad teatral, mediática, esta “confusión apocalíptica” que dice que el clima atmosférico, social, económico y político ha enloquecido por nuestra culpa, la del rebaño, el pueblo, la gente, los antiguos ciudadanos de los antiguos países libres, al pretender vivir como pastores y no como humanos gregarios, herbívoros, domesticados, mansos y crédulos.

Vivimos en un escenario de oportunidad en el que los sujetos activos, esos que conservan la capacidad de iniciativa propia de los depredadores que somos, intentan obtener el máximo beneficio de cada suceso y, a ser posible, inducir sucesos en los que ellos cuenten con mayor ventaja aún. No tienen una estrategia definida, sino tácticas de oportunidad o, cuando mucho, como sucede con el colectivismo agrupado en Davos, un ideal que los domina y los maneja a ellos, incapaces de cuestionarlo o tan siquiera corregirlo, para marcarles un objetivo hacia el que caminan mediante acciones tácticas que confunden, tanto ellos como quienes dicen combatirlos, con una verdadera estrategia capaz de sacrificar ventajas tácticas (perdiendo batallas) para avanzar en el camino hacia la victoria final, hasta la consecución de un objetivo controlado por ellos mismos y, por tanto, reconfigurable según las grandes tendencias de los sucesos y no según el resultado de los cortoplacistas eventos tácticos.

Un escenario de oportunidad en el que la inmensa mayoría, también, y no lo olvidemos nunca, esos pastores y sus perros que creen pertenecer a la élite humana, reaccionan, pero no accionan, ante los sucesos, o, cuando mucho, como ese Davos ensoberbecido y endiosado por su rebaño y su inconscientemente domesticada disidencia, accionan de forma táctica, cortoplacista, guiados no por un verdadero objetivo sino por una ideología, unas creencias, unos virus mentales/informáticos que los utilizan a ellos como portadores e instrumentos para reproducirse, propagarse y dominar el medio.

Un escenario en el que solo para unos pocos la confusión y el tactismo generalizado de los demás supone, en sí mismo, la mayor oportunidad para acercarse a sus objetivos. ¿Pero quienes son esas minorías que sí tienen una estrategia verdadera?

Ahora mismo, el Partido Comunista Chino y la disidencia liberacista.

El Partido Comunista Chino es la única gran organización que tiene una estrategia y se somete a ella en cada una de sus actuaciones. Su objetivo no es implantar una ideología, sino dominar de forma absoluta el nuevo e inminente escenario regido por “reglas” diferentes a las del ya viejo Neolítico que está dando sus últimos estertores. El objetivo del Partido Comunista Chino es dominar el Ciberlítico. El de Davos, imbuidos en un delirio mesiánico/milenarista, imponer su llegada de forma precipitada, como si realmente fueran los dueños del Historia.

El delirio mesiánico de Davos, sustentado en tácticas confundidas con estrategias y en una pléyade de arribistas y oportunistas es, paradójicamente, la mayor ventaja táctica para la estrategia del PCCh.

La disidencia liberacista se diferencia de la disidencia doméstica (asilvestrados sin estrategia) en que tiene claro que vamos, sin que nadie absolutamente pueda impedirlo, a un nuevo mundo. Y esa certeza, ese realismo, lo traducen, como hace el PCCh, en una verdadera estrategia diseñada para obtener el mismo fin: dominar el Ciberlítico e impedir que se imponga un modelo colectivista como el del PCCh o el de Davos.

La tecnología no se va a poner al servicio de eliminar la pobreza. Menos aún va a servir para incrementar la población hasta agotar los límites físicos creando una inmensa granja intensiva global. La tecnología (automatización, robotización, inteligencia artificial) hará, ya lo está haciendo, que no sea necesaria la inmensa masa humana que el modelo neolítico de riqueza como sinónimo de crecimiento cuantitativo ha ido generando hasta llegar a la situación en la que nos encontramos. La tecnología convierte en innecesaria tanto a la mano de obra humana como a los consumidores. Y ese proceso es completamente irreversible.

Las dos únicas cuestiones que están realmente sobre la mesa son, por un lado, si esa reducción de la población se gestiona de forma más o menos traumática y, por otro, quién va a dominar ese nuevo mundo Ciberlítico , los colectivistas o los liberacistas.

En un mundo que no se basa en la burbuja poblacional y la estafa piramidal (https://ozyesite.com/2021/02/09/la-gran-estafa/), sí o sí la población humana se verá radicalmente reducida. Una reducción que puede hacerse de forma progresiva e incruenta o llevada a cabo de manera brutal a causa de los planes delirantes de los colectivistas de Davos, la frialdad estratégica del PCCh o los propios acontecimientos hartos de esperar la sensatez y responsabilidad de los humanos.

La cuestión no es, como unos y otros pretenden hacer creer, si nos dirigimos a un mundo transhumano como sinónimo de inhumano, sino si los humanos que vivan en el nuevo mundo lo harán siendo libres para hacer lo que es potestad y marca humana: luchar por la felicidad. La cuestión es, no importa si el formato de nuestro cuerpo se basa en el carbono o en el silicio, si conservaremos nuestra libertad individual, la potestad de nuestra conciencia, nuestra alma humana. Esa alma que millones de personas, sin necesidad de que lleguen las “demoníacas huestes del transhumanismo” ya han perdido a manos de ideologías, virus mentales, prejuicios, ingeniería social… y todo ellos ejecutado por humanos de carne y hueso, no por máquinas infernales.

No. No es de ese infierno tecnológico del que quieren convencernos quienes pretenden disfrutar en exclusiva del poder y los beneficios de la tecnología de lo que debemos temer, sino del colectivismo que con la ayuda de un simple palo, un fusil, un banco o una urna electoral, todas ellas tecnologías elementales, nos roba la libertad, la prosperidad, la felicidad y la esperanza.

Es de lo que está dirimiéndose ahora mismo de lo que debemos preocuparnos. Porque de lo que suceda, de quien triunfe, dependen nuestras vidas y las de nuestros hijos, sean de carne y hueso o de materiales más nobles y duraderos.

El PCCh utiliza la contrainformación fundamentalmente para incrementar la confusión que constituye en sí misma su máxima baza táctica con la que avanzar en su estrategia gracias al impulso de sus sus adversarios (Davos… y la disidencia doméstica). Aprovechar la descontrolada fuerza del adversario para derrotarlo. Por ejemplo, hacer recelar del liberacismo, que es su verdadero y único enemigo, asociándolo con algunos de los aspectos de su adversario/colaborador colectivista organizado en una amalgama de tactismos, visionarios y oportunistas, Davos: “Ellos quieren reducir la población” cruelmente, incluso provocando un holocausto global. En cambio nosotros, los “no globalistas” (el internacionalsocialismo es puro globalismo) queremos salvar a la Humanidad. El mensaje que transmiten son dos: No es inevitable la reducción de la población. Y los dos bandos enfrentados son, por un lado, Davos (las élites demoníacas liberales occidentales) y, por otro, la disidencia hipnotizada, los creyentes, los humanistas antitranshumanistas y los identitarios, entre los que se encuentra el PCCh escondido tras sus redes de soborno a medios de comunicación y políticos occidentales. Los mismos que se dejaron engañar y ahora buscan desesperadamente cualquier distracción que los salve de la acción de la Justicia. Esas patéticas caricaturas de sí mismos.

Davos trabaja, como inteligentes y poderosos pollos sin cabeza (estratégica) creando oportunidades tácticas que solo el único proyecto estratégico real que existe, el del PCCh, puede aprovechar. Basta un vistazo a las soflamas ideológico-religiosas de Davos para descubrir, que todas y cada una de ellas implican una renuncia del antiguo mundo libre europeo y europeizado a su libertad, prosperidad… y poder. Porque el eje de toda esa ideología milenarista y suicida está conformada por algo que lleva directamente a la indefensión: El muy colectivista (eso es el PCCh así como muchas otras ideologías y organizaciones religiosas, políticas, económicas y culturales) principio de la pobreza salvadora de cada unos de nosotros, de nuestras almas inmortales, y del propio mundo. Davos es una religión ecuménica que ha engullido al ateísmo, al laicismo, a la Ciencia, al cristianismo (y no solo la Iglesia católica), incluso en buena medida al budismo… Pero no al islam, que se deja utilizar, como un Antidavos oculto que espera su momento, para que Davos le entregue el poder supremo.

Davos trabaja para la estrategia del PCCh, que no consiste en luchar contra el Ciberlítico sino en dominarlo, colonizarlo, colectivizarlo, mientras alimenta el fuego del islam creyendo que lo usa en su beneficio, en el de su ideología abismalmente opuesta, que sí quiere impedir la llegada de esa nueva era en la que desaparecería como un azucarillo en el agua. Y ahora, esos engreídos idiotas fascinados por su propio delirio mesiánico y la falaz sensación de poder supremo (a todos les ocurre lo mismo… y terminan igual) se sienten desconcertados ante las consecuencias de su colaboración con la gran operación táctica del PCCh, la Operación Pandemia, diseñada para neutralizar la amenaza más solida contra su estrategia de dominio: la aparentemente inocua guerra de aranceles desatada por Donald Trump (https://ozyesite.com/2020/09/20/operacion-pandemia/).

Eliminar a Trump (https://ozyesite.com/2020/06/04/objetivo-trump/). Inducir al mundo occidental a la autodestrucción de su economía a corto, pero también a medio y largo plazo gracias a la autodestrucción de sus libertades. Un suicidio asistido. Una destrucción que formaba parte de los objetivos tácticos de Davos para eliminar la resistencia de las poblaciones más críticas (https://ozyesite.com/2020/11/29/bioterrorismo/). Y, cuando Davos domina a estas sociedades, descubre que esa dominación se ha logrado a costa de destruir el poder de las mismas, que es su única baza para luchar contra el otro gran adversario colectivista, el PCCh (y sus asociados coyunturales como Rusia). Los aprendices de brujo empiezan a entrever que estaban guiados por una estúpida ideología mesiánica/milenarista (Agenda 2030), mientras el PCCh sigue una estrategia basada en la realidad: el Ciberlítico es inminente e inevitable y no hay que malgastar las oportunidades en propiciarlo, como hace Davos, sino aprovecharlas para dominarlo.

A partir de este momento en el que nos encontramos, la única estrategia presente como tal en el tablero de juego, la del PCCh, comenzará a dar sus frutos no importa lo que cuente la propaganda de Davos ni las batallas que parezcan ganar. La guerra está perdida para el antiguo mundo libre y, también, para quienes aspiraban a formar parte de él algún día no muy lejano… a no ser que el único y verdadero enemigo de todos esos actores, el liberacismo, consiga organizarse no importa el tamaño y poder aparente con el que lo haga en un principio. O que, como muchos creemos, este no sea el único mundo en el ancho Mundo. Y los liberacistas de las playas de Normandía lleguen esta vez a Berlín antes que los “libertadores” colectivistas soviéticos.

Una revelación que muy pocos entenderán. Una señal disfrazada de nimiedad, de casualidad, de invención. Ahora es cuando comienza de verdad la gran batalla. Y no la van a dar quienes se creen con poder para hacerlo, sino una minoría que aún no se reconoce y que muy pronto será llamada.

Porque el Nuevo Mundo que está llegando os pertenece.

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