Hambre

24 Marzo 2022

La guerra inversa, mediante la que los más poderosos renuncian a defenderse con todo su poder y son derrotados por los débiles ,que renuncian a usar su débil poder (la Marcha Verde, recordémoslo), dará como vencedor al tecnosistema neolítico civilizado. O, tal vez, el milagro de la disidencia-lealtad será capaz de liberarnos y, con nosotros, a toda la Humanidad. (https://ozyesite.files.wordpress.com/2022/09/europeo-ancestral.pdf)

De los muchos y trascendentes acontecimientos que se suceden con vertiginosa rapidez, incluso de lo que no ocurre y según la, hasta hace pocos meses, razón realista, deberían estar produciéndose, resulta extraordinariamente difícil seleccionar uno que destaque sobre los demás. Un torbellino de energía histórica se ha desatado sin que nadie, tampoco esos poderes ocultos o expresos a los que la mitología milenarista del siglo XXI atribuye la autoría y ejecución de los planes, cambios y agendas, tenga ni remotamente un control suficiente sobre los sucesos, más allá del corto plazo de las oportunidades que el río revuelto ofrece a los pescadores o del limitado ámbito de su poder directo. Un torbellino que nos arrastra a todos, también a los que se creen poderosos y secretos “conducator”, aunque ellos aún no lo sepan, y que se alimenta a sí mismo de caos, mitos, superstición, soberbia y estupidez como pocas veces se ha visto en la Historia humana.

Sí, estamos a las puertas, si no ya de lleno, de una nueva época feudal. Pero ni siquiera esa cruda descripción, certera y, al mismo tiempo, difusa, como corresponde al caos en el que la Historia se revuelca, o a cualquier otra que apele a profecías disfrazadas de racionalidad y ciencia, a viejos mitos de élites ocultas y diabólicas, a poderes sobrenaturales o paranaturales… nada puede alumbrar el abismo por el que estamos cayendo ya. Nada puede iluminar su sima, ni predecir con un mínimo de seguridad el corto escenario de apenas unos pocos meses delante de nosotros. Porque no, señores poderosos y sus fans anti o pro, ni el Mundo ni la Historia obedece las órdenes de nadie para dirigirse hacia dónde sus prepotencias le señalan.

Por eso, cuando tantos destellos parecen iluminar el curso de los acontecimientos y hacernos olvidar que caemos por un torbellino impredecible, escoger algo que destaque entre tantas y tan inseguras amenazas, resulta tan difícil como inútil. Quizá lo más complicado de todo sea identificar qué bandos son los que están compitiendo entre sí y nos solo fingiendo hacerlo, y que personajes, instituciones y naciones se encuadran en cada uno de esos bandos, si es que hay más de uno. Pero, incluso aunque ese escenario difuso de complicidades y enemistades se clarificara, resultaría igualmente inútil para el común de los mortales que, esto sí que es seguro, somos los peces que esos oportunistas se disputan en el río revuelto de lo que parece ser la caótica transición entre dos grandes eras de la Historia: el Neolítico y el Ciberlítico.

Pues bien, aún así, y teniendo tantos y tan prometedores presagios a los que marcar como “acontecimientos decisivos”, por supuesto en el corto plazo que podemos permitirnos imaginar con alguna clase de solidez, me atrevo a marcar un hito que no sólo será el juez del destino inmediato de la Humanidad, desbaratando o confirmando los propósitos de quienes se creen dueños de la Historia, sino que abrirá la puerta del Nuevo Mundo por cuyo control luchan, sin ser plenamente conscientes de ello, los que compiten y, al mismo tiempo, se confabulan para llevarnos a todos hacia su objetivo, su utopía, su verdad.

Hambruna, hambre, pobreza.

El factor determinante de lo que pueda ocurrir a lo largo de los próximos tres años no es ninguna de las cuestiones que se mantienen de actualidad, aun con ser casi todas ellas muy graves. La inflación, el colapso financiero, una profunda recesión, nuevas maniobras tácticas o estratégicas de los grandes grupos políticos, económicos e ideológicos como pandemias, guerras localizadas, conflictos regionales, escenificaciones apocalípticas (apagones, cortes de suministro energético, desabastecimiento o, por qué no, amenazas extraterrestres). Todo eso forma parte del juego y está controlado por las partes en competencia/complicidad, aún cuando mucho menos de lo que ellos suponen. El factor sorpresa es una consecuencia de todos estos juegos de poder, como tantas otras, pero, en este caso, potenciado de forma imprevisible por algo de un calado que escapa a todos los cálculos cortoplacista e, incluso, a los planes a medio y largo plazo que algunos de los grandes grupos de poder pretenden imponer a la Historia. Ese algo es el tránsito desde el Neolítico al Ciberlítico. Algo que está sucediendo ya sin que apenas se le preste atención, deslumbrados todos ante el gran teatro que es la actualidad.

Si algo caracteriza al Neolítico, en el que aún nos encontramos, es el frágil equilibrio entre bomba demográfica y producción de alimentos. El sistema económico basado en el “crecimiento” (ver https://ozyesite.com/2021/02/09/la-gran-estafa/) y no en la creación, una inmensa estafa piramidal surgida hace más de 10.000 años, resulta extraordinariamente sensible a cualquier merma de bienes, especialmente alimentos y/o a la aportación de nuevos impositores que todo esquema ponzi requiere para no entrar en crisis. Pero, también, una población en los límites con lo que la tecnología y el ecosistema es capaz de soportar, algo imprescindible para maximizar esa “incorporación de nuevos impositores” que mantenga la estafa piramidal, se ve empujada ante cualquier contratiempo a sufrir hambrunas que diezman la población y sirven para renovar la necesidad de un nuevo fraude ponzi (ocurre, también, tras cada guerra, desastre natural o crisis económica). Tras las hambrunas, se resetea el sistema con nuevas fórmulas de la misma y vieja estafa. Pero ¿Y si el propio sistema basado en la estafa piramidal que denominamos “Neolítico” y que pensamos (así nos lo han hecho creer los timadores) que que consiste en la agricultura y la ganadería (de las que aún se alimenta la Humanidad) desaparece?

La última Gran Hambruna mostrará su incipiente rostro al final del Otoño próximo y tendrá su apogeo a lo largo de 2023, con un desenlace completamente insospechado a finales de ese año o comienzos del próximo. Un desenlace que devastará todos los grandes planes geoestratégicos, las prepotentes agendas y las profecías disfrazadas de pronósticos racionales. O, quizá, encumbre uno de esos planes, no necesariamente el que mejores perspectivas tiene, y barra todos los demás. Pero esa Gran Hambruna no tendrá como ariete destructor el hambre en sí misma, sino los efectos colaterales que su cercanía produce antes de que llegue a extenderse como una verdadera plaga de inanición.

Sí, mucha gente va a morir de hambre. Entre 200 y 500 millones más de lo que ya es habitual. Pero no son esas pobres almas las que moverán al resto de humanos a cambiar el rumbo de la Historia. Servirán, sí, para causar un terror que, unido a la carestía de alimentos y la pobreza en ese gran Segundo Mundo de países en vías de desarrollo y, por supuesto, en el Tercer Mundo, causará una explosión de conflictos sociales, enfrentamientos armados regionales y una oleada migratoria como no hemos conocido y apenas podemos imaginar. Y esa ola migratoria trastocará todos los planes, agendas y predicciones.

A la crisis económica que sufrirá especialmente el mundo occidental, especialmente profunda en la UE y, dentro de esta, en España, se unirá la oleada de conflictos del hambre, con sus primaveras de color y sus millones de refugiados, haciendo que ni la imponente maquinaria de ingeniería social ensayada con éxito apabullante con ocasión de la pandemia ni los mecanismos totalitarios implantados en el antiguo mundo libre puedan evitar el auge y toma del poder de movimientos radicales que, esta vez sí, se alinearán con la defensa a ultranza y por todos los medios de la cultura, la identidad, la libertad y el bienestar material (esta es la clave de todo) de los europeos.

Un nuevo Hitler, sin los extremos sanguinarios de este pero, también, sin la indefensión, el masoquismo y el síndrome de Estocolmo los que la socialdemocracia, esa vacuna de comunismo atenuado que, teóricamente, se inventó para inmunizar al mundo libre contra la pandemia comunista, ha ido construyendo el neocomunismo contemporáneo, un neofeudalismo multicolor cuya última etapa es el regreso del absolutismo.

Despertará el europeo ancestral (casi todo está predicho aquí: https://ozyesite.files.wordpress.com/2022/09/europeo-ancestral.pdf) y cogerá por sorpresa al colectivismo neocomunista y a la nueva aristocracia oligárquica de Davos, heredera de aquella otra que ya fue derrotada por la Revolución Americana. El Ciberlítico, imparable como lo son las estaciones, será colectivista o liberacista. Esa es la única cuestión trascendente para la Humanidad. Eso es lo que se está dirimiendo ahora mismo y no si permitimos que la Historia siga su curso.

Lo va seguir.

2 comentarios en “Hambre

    1. Te aseguro que no está dicha la última palabra. Es más, al contrario de lo que parece, será liberacista. Y no es por ser optimista, que todo invita a no serlo. Es realismo prudente. Pero, eso sí, será solo para los liberacistas. Los colectivistas no tienen lugar en el Nuevo Mundo (que no es precisamente el NOM)

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