El Gran Dragón Rojo

20 Enero 2021

“El discurso de hoy del Presidente Xi constituye un hito importante de la promoción de la cooperación global frente a la pandemia COVID-19 (y) nos ha mostrado que China puede ofrecernos un futuro mejor para los años venideros” (Klaus Schwab)

Blackrock maneja un activo de 9.500.000.000.000.000 de dólares, casi la mitad del producto interior bruto nominal de EEUU. La cifra escapa a cualquier referencia que haga justicia a su magnitud y nos de idea de su poder. Pero para tomar conciencia de lo que suponen esos números solo tenemos imaginar lo siguiente: Si Blackrock fuera una nación, sería la tercera potencia económica de la Tierra detrás de EEUU y China.

Es verdad, no es una nación. No dispone de los elementos de poder de cualquier estado, grande o pequeño. Tampoco dispone de un territorio propio. Su poder solo puede ejercerlo como grupo de presión, un super lobby, o como grupo de poder, que es cuando el lobby influye o, incluso, dicta las resoluciones de los estados. Y es en esa posición de grupo de poder donde reside el aura de oscurantismo sobre el que se construye el mito de “la Élite”.

Multinacional, sin gastos de mantenimiento político, sin exposición y dependencia de la opinión pública, sin prejuicios ideológicos, sin ubicación física, sin limitaciones nacionales… Sin control interno de la toma de decisiones. Blackrock decide autónoma, independiente y soberanamente qué hace con ese poder que le entregan los ahorradores de todo el mundo. En pocos minutos puede tomar decisiones que movilizan los recursos, las influencias y, en suma, el poder de la que sería tercera potencia económica de la Tierra. Y esa es una ventaja decisiva.

Su mayor desventaja no deriva de carecer de los mecanismos clásicos del poder de los estados, entre los que figuran las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia, así como la capacidad de imponer leyes y obligar al pago de impuestos. El punto débil de este monstruo financiero radica en la cifra de su poder, en esos catorce ceros que acompañan al nueve y al cinco. Porque, primero, nada de lo que tiene es suyo y, segundo, lo único que tiene son papeles respaldados por la confianza o la ilusión de que valen eso que dicen que valen. Blackrock, en sí mismo, es un indigente sin patrimonio propio, sin solvencia, sin nada que no sea la “confianza” de quienes le entregan su dinero, ese que cambiaron por talento, esfuerzo y patrimonio real, porque los otros grandes lobbies, los de los políticos que disfrutan del negocio más rentable y seguro (para ellos y sus patrimonios), el estado, han conseguido convertirse en grupo de presión y de poder ante el único y verdadero estado soberano que existe: los individuos. Nosotros. Todos nosotros juntos o por separado.

Los siervos medievales aceptaban su destino no solo con resignación sino con convicción, porque estaban convencidos de que, sin entregar la mitad de su trabajo a los señores a cambio de «protección», no podrían disfrutar de todos esos bienes y servicios que ellos mismos habían creado con su talento y esfuerzo, y solo por eso. Y esa misma ficción, esa burbuja fraudulenta, esa corte de lobbies financieros y políticos, que a punto estuvo de explotar si el proceso democrático hubiera seguido progresando en la senda que conducía a la democracia directa sustentada en el principio de salvaguarda de la máxima libertad individual, es la que ahora mismo está tomando las riendas de la “confianza” de los inversores y los electores para llevarnos de regreso a ese mundo de realidad ficticia, fiduciaria, que dominaba por completo al mundo feudal.

Pero no nos equivoquemos, porque nada hay más parecido al feudalismo que el socialismo, sea este al 50% como en el medievo o al 100% como en los paraísos comunistas en los que la gente no poseía nada y era, obviamente, infeliz. Porque ese y no otro es el Nuevo Orden Mundial: socialismo real, es decir, realismo de fe.

El PIB de EEUU es superior al de China. Sin embargo, los gestores de ese fondo de inversión llamado Partido Comunista Chino manejan, como en el caso de Blackrock, todo su poder económico al que se le añaden los poderes propios de los estados (ejército, legislación, territorio…), no tienen que contar con nadie para decidir que hacen con sus activos, ni con los públicos ni con los privados. Porque esa mega corporación territorial llamada “China” está dirigida, como lo estaba la Alemania Nazi, por un consejo de administración con potestad para disponer de lo público y lo privado. El presidente de EEUU, por supuesto, no puede disponer a voluntad y sin oposición de la riqueza privada. Nadie, ninguna empresa grande o pequeña se lo consentiría. Tampoco con el dinero público, sometido a múltiples controles políticos y judiciales. El presidente de la nación territorial más poderosa de la Tierra es un pobre hombre, un pedigüeño que debe contar con el permiso de los suyos, de la oposición, de la opinión pública, de la judicatura… y de las grandes empresas americana, entre las que destaca Blackrock. Los multimillonarios americanos no temen al Presidente, es decir, al líder de ese grupo de presión llamado «Gobierno» y que no siempre consigue alzarse como grupo de poder en su propia empresa, el Estado.

Y esta debilidad consustancial al régimen de democracia indirecta representativa, es decir, tutelada por lobbies políticos, es lo que crea la ficción de un poder muy superior de las grandes corporaciones empresariales del mundo que hasta hace poco caminaba hacia la libertad y, ahora, súbita e ignotamente, lo hace, volviendo sobre sus pasos, hacia la antigua sumisión feudal. Blackrock podría ser la tercera potencia económica de la Tierra… si se le permitiera ser una nación sin territorio, un estado apátrida, una sociedad paralela. Pero solo es un simple aunque ciclópeo grupo de presión, y no tanto de poder como la imaginería milenarista del nuevo y repentino feudalismo le atribuye. A ellos y a esa nube de multimillonarios agrupados bajo el oscuro e irracional epígrafe de “élites globalistas, capitalistas, satánicas, financieras y tecnológicas”.

Pero, entonces, los multimillonarios y las élites financiero/tecnológicas chinas…

Bueno, están ocultas tras la cortina de propaganda que el lobby de poder dominante, el PCC, ha tendido en el mundo gracias a invertir, en lugar de en portaaviones, en el control de los medios de comunicación y los grandes centros de producción y propagación ideológica. Nadie habla de ellos. Solo de sus contrapartes, los nuevos señores feudales del Occidente blanco: Soros, Bill Gates, Rockefeller y otras “rocas”. Pero también los masones, la Iglesia, los sionistas… incluso lo más selecto del islam. Todos ellos expresa o secretamente adheridos a ese programa de regreso al mundo feudal denominado “Agenda 2030”. Todos aparentemente orquestados por un tal Klaus Schwab bajo una multicolor y circular orden iniciática que se reúne todos los años en el aquelarre de Davos.

Miréis por donde miréis, feudalismo, oscuridad medieval.

Pero resulta que los tres primeros bancos del mundo son chinos. Y que quien maneja más poder económico, propagandístico y, por dejación y rendición preventiva de sus oponentes, dentro de poco también militar se llama Xi Jinping. El CEO de la Corporación empresarial con territorio, pueblo y estado propios, más influyente y poderosa de la Tierra. Tan poderosa que consigue quedar oculta bajo una nueva gran muralla de propaganda, contrainformación e ingeniería social, riendo tras el decorado, mientras todos miran hipnotizados esa máscara de circulito multicolor y apalean monigotes occidentales, capitalistas, antiguos liberales, falsos conversos al liberacismo verdadero, como si fueran ellos, monaguillos de esta nueva iglesia, quienes tienen el poder en la sombra. ¿Nadie repara en que no están en ocultos, sino señalados por la resistencia preconvertida en disidencia inútil, disgregada, risible y, dentro de poco, amargada, cuando no pastoreada por oportunistas?

La epidemia surgió en China y, lo que es más importante, se distribuyó, convertida en falsa pandemia, desde China. La pandemia ha sido la espoleta, el aleteo de mariposa, la chispa que ha prendido la pradera en la que llevaban años sembrándose de forma sigilosa las hiervas de este nuevo feudalismo que se convertirá, si no lo remediamos, en el gestor del Ciberlítico, esa nueva era de la Humanidad que ya está aquí. Ellos, los viejos colectivistas ahora de nuevo ostentosa y terriblemente medievales, dominarán la esencia de esa nueva época: la tecnología que intentan hurtar al pueblo, convertido en masa de siervos sustentables, convenciéndoles de que en ella residen el mal, los tentáculos de la oscuridad, el pecado, la muerte…

Pobres ilusos. ¿De verdad creemos que todos esos adelantos tecnológicos son obra del Diablo, instrumento de mal con el que los pastores, esos nuevos señores feudales vestidos de azul, rojo, amarillo o negro, quieren diezmar su rebaño humano? ¿Qué granjero quiere acabar con su negocio?

Escuchen a uno de los pocos multimillonarios occidentales, capitalistas y blancos que se encuentra a salvo de las iras conspiranóicas, Elon Musk: “La baja natalidad supone una amenaza para la civilización”. Para la civilización sustentada en la ganadería humana. No importa si para hacer sostenible esa macro granja intensiva de humanos hay que convencerlos de que coman solo forraje, se hacinen en grandes ciudades y se recluyan en sus jaulas-domicilio renunciando a la globalidad, la movilidad, la información, la comunicación, la salud, el bienestar material y la longevidad que puede, que van a proporcionar sólo a una minoría, los señores feudales y sus vasallos, los adelantos tecnológicos. Esos que serán buenos para ellos, pero peligrosos y dañinos para nosotros. Esos adelantos sobre los que se construirá un mundo superhumano al que el poder neofeudal denomina “transhumano” como sinónimo de “inhumano” para que el mundo subhumamo en el que viven miles de millones de personas sumidas en la pobreza sostenible les parezca el único modo de estar a salvo… de la superhumanidad.

El sistema de identificación digital y control por crédito social ya funciona en China. Como fue en China donde se mostró el modelo medieval de confinamiento general de toda la población para luchar contra una pandemia. Un modelo que adoptaron los líderes europeos para implantarlo no solo en una provincia, como hizo China, sino en todo su territorio nacional. Hay orden de terminar la Operación Pandemia, porque ha dado sus fruto sobrada y aceleradamente. Ahora viene la segunda fase: La sostenibilidad, es decir, la pobreza beatífica para salvar el Planeta y, con ello, nuestras pecadoras almas consumistas. Pero solo en Occidente.

El Gran Maestre de la Agenda 2030 ha conseguido que todos los disidentes culpen a los lideres empresariales, financieros, religiosos y políticos del muy capitalista y antes libre mundo blanco occidental, los mismos que están ejecutando el suicidio económico, cultural y político de sus pueblos, clientes, seguidores y creyentes, manejados por la trama neocomunista de propaganda y “evangelización” con la que ese Occidente libre comenzó a ser invadido mediante el comunismo 50% llamado socialdemocracia. Pero, a pesar de que todos miran donde no es, las palabras del Gran Señor en la inauguración del Foro de Davos son inequívocas: Aunque las emisiones de gases invernadero de China superan a las de toda la OCDE, son “las economías desarrolladas” las que deben tomar la delantera en el cumplimiento de los objetivos de reducción de emisiones, lastrando con ello aún más su competitividad y trasvasando riqueza a otras regiones, especialmente el gigante Chino que, “no debe sacrificar su crecimiento para proteger el medio ambiente”. Y, además, deben terminar todas las veleidades proteccionistas que condenarían a China a detener su crecimiento.

Las órdenes son claras: se termina la Operación Pandemia porque ya ha dado su fruto y mantenerla causaría un perjuicio inútil al comercio, el crecimiento económico chino y los beneficios de las nuevas compañías de las indias, los fondos de inversión, las corporaciones financieras y tecnológicas. Y se continúa con el empobrecimiento y sumisión del mundo desarrollado, blanco y occidental, destruyendo su clase media y construyendo un proletariado transitorio camino de una sociedad servil tercermundista, sumisa, adoctrinada y en vías de sustitución racial. Por tanto, se inicia la Operación Cambio Climático dedicada especialmente para los blancos occidentales. Y empieza ya, al unísono de una nueva y definitiva oleada migratoria y de la crisis financiera que implante definitivamente la identidad/identificación continua digital, el crédito social y la extracción fiscal completa que nos lleva al trueque de bienes y servicios por trabajo, sin propiedad privada ni libertad de compra.

El comunismo no es otra cosa que neofeudalismo. Esa es la gran lección histórica que ahora estamos descubriendo.

Abrid los ojos y mirad la realidad directamente, sin el caleidoscopio de la propaganda y la contrainformación de conspiranoias milenaristas. Xi Jinping ha inaugurado como invitado de honor el foro de Davos. Y su monaguillo, Klaus Schwab, lo ha presentado como lo que es: el Hombre más poderoso de la Tierra.

Pero hay una luz de esperanza. Imaginad que se crea un Blackrock, un lobby, un grupo de presión y poder, una macrocorporación, una sociedad dentro de la sociedad, global pero no globalista, cuyos accionistas controlen a los administradores y cuyo objetivo no sea acumular papelitos fiduciarios mediante una estafa piramidal estilo ponzzi, sino lograr la máxima libertad individual para sus accionistas y controlar el Nuevo Orden Mundial para que todos podamos vivir como superhombres, como, cuando menos, la clase media de los países más ricos de la Tierra. Una “Orden del Temple Liberacista” con todos los servicios y poderes de cualquier estado. Salud, educación, seguridad… moneda. El último estadio de la revolución humanista iniciada en el Renacimiento. El Ciberlítico dominado no por un colectivismo neofeudal sino por imperio de la libertad al que hasta hace poco nos dirigíamos.

Todos súbditos del Dios del libre albedrío que ha depositado en nuestras conciencias, despojadas de prejuicios, ideologías, manuales de funcionamiento o valores y verdades inmutables, la urna en la que depositar nuestras propias decisiones. Sin miedo a la libertad ni esa sensación de vacío y soledad que conlleva toda adicción. Porque tras ese vacío, esa nada de la conciencia libre, al otro lado del abismo del yo, está Dios. El Dios verdadero. El que solo exige que tengamos fe en la semilla divina que ha depositado en nosotros. Y, si no queréis verlo en esos términos, sabed que la conciencia, liberada de virus y parásitos ideológicos y emocionales, es lo que somos, lo que nos hace humanos de verdad, no importa si vivimos en un receptáculo orgánico de carbono o en uno inorgánico de silicio.

Subhumanismo colectivista o superhumanismo liberacista. El transhumanismo no existe. Es un invento colectivista para que renunciemos a nosotros mismos, a nuestro yo, a la libertad que solo pueden quitarnos si lo hacemos nosotros mismos. Porque eso es el colectivismo, el neofeudalismo, la Agenda Roja 2030:

Delatar y entregar al yo. A lo único que somos. Todo lo demás son sucesos.

2 comentarios en “El Gran Dragón Rojo

  1. Rosario

    Y a pesar de toda la oscuridad, así es, hay una luz de esperanza. “Una sociedad dentro de la sociedad que aspire a lograr la máxima libertad individual para sus accionistas”, pero para que se haga realidad es necesario que esa sociedad también persiga un beneficio material. Detrás de cada estímulo moral debe haber un móvil material que le dé el empuje definitivo. Detrás de los héroes están los negociantes. Es la hora de aquellos que sean capaces de ver el potencial de esta nueva Cruzada. Como cuando Venecia se hizo con el monopolio del comercio oriental de las especias y Egipto y Siria, donde el Islam tenía echada una cadena infranqueable entre la India y Europa, ningún buque cristiano podía surcar el Mar Rojo, todo el comercio quedaba en manos de los mercaderes turcos y árabes. Las cruzadas no fuero solamente un intento místico para arrebatar a los infieles la tierra del Santo Sepulcro, fue también el primer esfuerzo lógico y ordenado conscientemente para echar abajo aquella barrera que vedaba el mar Rojo y franquear a Europa el comercio con oriente. Como no resultó, se despertó el deseo de encontrar otro camino. Colón hacia occidente, Bartolomé Díaz y Vasco de Gama hacia el sur y Cabot al norte hacia el Labrador, intentaron buscar una ruta alternativa sin pago de derechos quebrantando la prepotencia del Islam. Y lo lograron.

    Le gusta a 2 personas

    1. Exacto. Y por eso creo que esa sociedad paralela debería ser una mezcla de Orden civil (los templarios liberacistas) y, sobre todo, corporación empresarial con su ejército, sus médicos y maestros, moneda, normas… Si estamos de camino a la Edad media hay que buscar soluciones ingeniosas que nos permitan luchar con las mejores armas y estrategias en este nuevo y viejísimo escenario.

      Le gusta a 1 persona

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s