Justicia

30 Noviembre 2021

Según la OMS, actualmente no existen vacunas para la COVID-19.

En un documento de enorme trascendencia para desvelar la verdad científica y jurídica de la campaña para lograr la participación “voluntaria”, aunque bajo enormes presiones políticas, sociales y sanitarias, en un experimento médico del que se ignoran sus objetivos últimos, la OMS reconoce el estatus experimental de las sustancias que aspiran a ser aprobadas como vacunas (https://www.who.int/es/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/covid-19-vaccines).

Tras un prólogo en el que se afirma que las vacunas son seguras y eficaces, la OMS pasa de puntillas sobre el hecho de que actualmente no hay aprobada ninguna vacuna contra la COVID-19 y que, por tanto, todas esas virtudes que adornan a las verdaderas vacunas, registradas como tales tras cumplir un exhaustivo proceso de verificación en el que se determina su eficacia teórica y real y su inocuidad, se deben atribuir a las sustancias génicas experimentales denominadas como “vacunas” contra la COVID-19. Se trata de un viejo, aunque efectivo truco para que el lector, bombardeado por una de las mayores ofensivas de propaganda de todo la Historia, asocie inconsciente y sólidamente la idea de que las llamadas “vacunas contra la COVID-19” son seguras y eficaces.

Un poco después de ese preámbulo laudatorio, aparece la frase decisiva en la que la OMS, no un grupo de conspiranoicos antivacunas, reconoce el verdadero estatus científico y legal de dichas sustancias: “Consulte la información más reciente de la OMS sobre las vacunas contra la COVID-19 candidatas en desarrollo clínico y preclínico…”

Queda meridianamente establecido por la propia OMS que estas sustancias que se publicitan como “vacunas” en uno de los mayores engaños científicos y políticos de la Historia de la Humanidad, son, realmente sustancias “candidatas” a ser vacunas y se encuentran actualmente en desarrollo clínico y preclínico.

Un poco más abajo encontramos otra frase reveladora: “Puede seguir el estado de las vacunas contra la COVID-19 en el marco del proceso de precalificación e inclusión en la lista de uso en emergencias de la OMS aquí” Y remite a una tabla en la que se relacionan las distintas candidatas a ser consideradas vacunas que incluye una columna en la que se indica la “evaluación del estado” Status assessment) o situación en la que se encuentra cada una de las vacunas candidatas. Y aparecen cinco posibles categorías. La cuarta incluye a las que se encuentran en fase de estudio de su “riesgo-beneficio” y, la quinta y última, indica que se ha tomado la decisión final. Pero esta decisión final no es la de incluirla en el registro de vacunas aprobadas, sino en la “lista de uso en emergencia”. Porque esta presunta “emergencia” es el único criterio para autorizar su uso masivo en el conjunto de toda la población sin distinción de edad y, por supuesto, sin prescripción médica personalizada.

Exactamente igual que se autoriza la aplicación de un tratamiento en fase experimental a pacientes con enfermedades incurables y con baja expectativa de vida, como puede ser el cáncer, solo que, en el caso del COVID-19, de forma masiva y sin que exista ninguna situación límite en la que prácticamente cualquier riesgo se encuentra por debajo del beneficio.

Estas son las datos clave en los que debemos centrarnos para determinar la proporcionalidad entre riesgos y beneficios de los tratamientos génicos contra el COVID-19 que la OMS, en una confusa y engañosa narrativa, identifica como “vacunas candidatas” que han superado la “decisión final” para incluirlas en una lista de… “uso en emergencia”:

– No están aprobadas como vacunas porque no han superado los protocolos científicos para considerarlas eficaces y seguras.

– No existe ninguna situación de emergencia que justifique su uso masivo en toda la población.

VIH

La letalidad del VIH según la OMS es del 1,8% (https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/hiv-aids. Mayor que el máximo rango de letalidad admitido por la OMS para la COVID19, 1,54% y diez veces mayor que la mortalidad acumulada durante casi dos años en países sin ninguna medida restrictiva, como Suecia, 0,1463%

Aún así, no solo no se exige un pasaporte para la libre circulación de estas personas sino que en 2018 el Ministerio de sanidad español impulsó un “Pacto social por la no discriminación y la igualdad de trato trato asociada al VIH” (https://www.mscbs.gob.es/ciudadanos/enfLesiones/enfTransmisibles/sida/doc/pactoSocial_27Feb19.pdf) plenamente vigente en la actualidad al mismo tiempo que ese mismo ministerio promueve la discriminación y la desigualdad de trato asociada al COVID-19 y, lo que es peor, a la negativa a participar en un tratamiento experimental génico contra esta enfermedad. Ningún enfermo de VIH ha sido discriminado y/o presionado mediante chantaje social para que acepte los tratamiento antivirales aprobados ni, menos aún, para que se preste como voluntario en el estudio clínico de la vacuna contra el VIH, aún no aprobada ni autorizada de emergencia a pesar de ser una enfermedad más letal que el COVID-19.

TUBERCULOSIS

La letalidad de la Tuberculosis según la OMS es del 15%, diez veces mayor que la del VIH y cien veces mayor que la mortalidad por COVID19. Ocho países acaparan dos tercios del total de nuevos contagios, encabezados por India y seguidos por China, Indonesia, Filipinas, Pakistán, Nigeria, Bangladesh y Sudáfrica. No existe ninguna medida discriminatoria contra los potenciales enfermos de este enfermedad mucho más letal que el COVID-19, entre los que destacan los enfermos de VIH que tienen 18 veces más probabilidades de desarrollar tuberculosis activa y, por tanto, contagiosa. No existe un pasaporte sanitario contra las personas no vacunadas contra la tuberculosis y/o los colectivos de mayor riesgo como son los ciudadanos provenientes de los países antes mencionados o los enfermos de VIH.

https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/tuberculosis

LETALIDAD COVID-19

Según la OMS la letalidad de la COVID-19 es difícilmente evaluable, arrojando unos valores corregidos que oscilan entre el 0,00% y el 1,54%. Aún así, y a pesar de no contar con cifras fiables y de que, aceptando el máximo rango, el 98,46% de los enfermos de COVID-19 sobreviven a la enfermedad, frente al 98,2% en el caso del VIH y del 85% en el de la tuberculosis, se justifican sanitariamente medidas de discriminación y desigualdad de trato contra los enfermos de COVID-19 y quienes se niegan a participar en el tratamiento experimental génico contra la COVID-19 que, según la propia OMS y como no podría ser de otra manera, califica como “vacunas candidatas en desarrollo clínico y preclínico” que han sido incluidas en una lista de “uso en emergencia” tras superar una decisión o umbral de “riesgo-beneficio” pero no completar las fases de evaluación de eficacia y riesgos a la que deben someterse todos los tratamientos para ser registrados como medicamentos o, en este caso, vacunas. Por tanto, según la misma OMS, se desconocen los efectos potencialmente dañinos de estos y la eficacia real de estos tratamientos génicos candidatos a, en su momento, ser aprobados como “vacunas”.

EFICACIA DE LAS VACUNAS CANDIDATAS

Sólo se ha facilitado su eficacia teórica, situada en un 80%, una cifra espectacularmente optimista con tan solo atender a los datos de contagios, hospitalizaciones y muertes desglosados por “vacunados con pauta completa” y “no vacunados”. Del dato de no vacunados se excluye a los que han recibido al menos una dosis pero no la pauta completa (https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov/documentos/Informe_GIV_comunicacion_20211129.pdf). Así, las cifras resultantes son las siguientes: Sobre una población de total de 47.450.795 habitantes del censo de 2020, ha recibido al menos una pauta el 80,71% (38.299.758), la pauta completa el 79,36% (37.586.582) y no ha recibido ninguna pauta el 19,28% (9.151.037)

Los datos del Ministerio de sanidad (https://t.co/MqSuFQjMir?amp=1) son contundentes en cuanto a la protección que ofrecen las vacunas.

La protección obtenida con los datos, y que podemos considerar real para ese número de casos y periodo de tiempo, viene expresada como el porcentaje que representa la diferencia entre los contagios, hospitalizaciones, ingresos en UCI y muertes esperadas según el porcentaje de la población vacunada (pauta completa) y las realmente obtenidas.

Así, las personas vacunadas con pauta completa, que representan un 71,8% del total, sufrieron un 9,52% menos contagios que los que les corresponderían. Por tanto, la eficacia real de los tratamientos génicos experimentales contra el COVID-19 es, en este caso, del 9,52% (esos son los contagios que evitan). Un 15,625% menos de hospitalizaciones, lo que indica una eficacia del 15,625%. En cuanto a los ingresos en UCI, esta eficacia real asciende hasta el 34,5%. Mientras que en el caso de muertes se reduce al 1,08%, es decir, en la práctica, la protección es nula.

Población: 47.450.795

Vacunados: 37.586.000 (79,36%)

No vacunados: 9.151037 (19,28%)

Contagiados (casos con información de vacunación)

Total: 92.279

Vacunados: 66.257 (71,8%)

No vacunados: 23. 111 (25,04%)

Eficacia de la vacuna candidata: 9,52%

Hospitalizados

Total: 5.198

Vacunados: 3.481 (66,96%)

No vacunados: 1.717 (33%)

Eficacia de la vacuna candidata: 15,625%

Ingresos en UCI

Total: 523.

Vacunados: 270 (51,62%)

No vacunados: 253 (48,37%)

Eficacia de la vacuna candidata: 34,95%

Muertes

Total: 507.

Vacunados: 398 (78,5%)

No vacunados: 109 (21,5%)

Eficacia de la vacuna candidata: 1,08%

Las conclusiones son evidentes. No es necesario buscar pruebas ni construir teorías extravagantes para demostrar la irracionalidad e injusticia de los procesos sociales, políticos, económicos, psicológicos, culturales y políticos asociados con el mayor proceso de destrucción de derechos y libertades desde la II Guerra Mundial. No hay que probar nada porque los autores de este demencial proceso contra la Humanidad ya se encargan de proclamar los argumentos con los que desbaratar su constructo propagandístico:

  • No es una vacuna aprobada. No está comprobada según los protocolos científicos aceptados. Se trata, por tanto de un tratamiento experimental del que no se pueden garantizar ni su inocuidad ni su eficacia con arreglo a los cánones vigentes.
  • No hay evidencia de su eficacia para prevenir y evitar el contagio ni para evitar el riesgo de afección grave o muerte. De hecho, la eficacia teórica del 80% reportada por estudios de los fabricantes, con un evidente interés comercial, dista mucho de la eficacia real que se desprende de los datos acumulados en diferentes países y, concretamente, de los que se recogen en el informe publicado por el ministerio de sanidad. En el mejor de los casos, los ingresos en UCI, dicha eficacia se reduce a menos de un 35% y en el peor, el de muertes a un raquítico 1%.
  • No hay evidencia de la emergencia sanitaria aducida para autorizar el uso de tratamientos de los que se desconocen sus efectos adversos, en especial a medio y largo plazo de forma masiva e indiscriminada al total de la población.

La mortalidad y letalidad tanto absoluta como comparada con otras enfermedades infeccionas ante las que no se están adoptando medidas sanitarias y políticas extraordinarias o fuera de la práctica médica vigente desde hace, al menos, 200 años, no justifica los riegos que se están asumiendo ni el daño que se inflige a la población.

La razón riesgo-beneficio no justifica desde ningún punto de vista la aplicación masiva sobre la población general de estos tratamientos génicos experimentales sin eficacia probada, con riesgos, especialmente a medio y largo plazo, desconocidos y sobre una enfermedad cuyas tasas de letalidad no superan en promedio el 2% y, las de mortalidad, el 0,2% de la población o, lo que es lo mismo, que en condiciones de completa normalidad social, como es el caso de Suecia, un 99,85% de la población sobrevive a esta enfermedad.

  • No existe ningún argumento objetivo para la segregación de los “no vacunados”. No lo hay que justifique el grave daño social, político, económico, psicológico y médico, ni desde una perspectiva absoluta, teniendo en cuenta los datos de la enfermedad ni relativa, comparando esos datos con los de otras enfermedades infecciosas como el VIH o la tuberculosis, para implantar ningún tipo de medida que restrinja los derechos y libertades sobre el conjunto de la población (no se hace con ninguna de las otras dos enfermedades mencionadas) ni, menos aún, sobre una parte de la población que no representa un riesgo significativamente superior para la salud pública y que se ve discriminada por el hecho de negarse a recibir un tratamiento génico experimental sin beneficio contrastado y del que se desconocen los riegos para la salud especialmente a medio y largo plazo.

Por todo ello, el colectivo de ciudadanos que nos negamos a participar en este experimento médico y que, por este motivo, sufrimos las amenazas, la segregación, la discriminación con relación a los derechos civiles, el chantaje laboral y psicológico y la incitación al odio fomentado desde múltiples instancias, incluidas las autoridades políticas y sanitarias, no reclamamos comprensión, ni tolerancia, ni respeto para nuestra decisión sino, simplemente justicia. Tampoco apelamos a recuperar la racionalidad perdida en pocos meses y que tantos sacrificios y tiempo costó consolidar para que cimentara las bases de nuestra existencia. No confiamos en ninguna de las instancias, instituciones y poderes públicos que permiten, cuando no fomentan o legalizan un estado de apartheid absolutamente injustificable desde ningún punto de vista. Tan solo pedimos que la Justicia, último reducto antes de la legítima autodefensa, defienda nuestros derechos en pie de igualdad con todos los demás ciudadanos y evite que el disparatado, cruel e injusto proceso de segregación siga adelante y se consume un estado totalitario que acabe con los principios de igualdad ante la ley y libertad.

Y, si fuera posible, que nuestros vecinos, familiares, amigos y conciudadanos den un paso al frente y se coloquen junto a nosotros antes de que las cosas vayan demasiado lejos y tengan que arrepentirse en silencio de su silencio, cuando no de sus gritos de odio y condena.

Un comentario en “Justicia

  1. Francisco Galvez Maldonado

    Simplemente genial, la mejor espisicion i de todos los que pensamos igual y no nos queremos, ni vamos a vacunarnos, y sentimos esa segregacion que nuestros propios vecinos hacen por culpa de las autoridades, periodistas etc….que los mal aconsejan y engañan con sus falso datos.

    Le gusta a 1 persona

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