Comunismo.2

11 Julio 2021

La Posmodernidad no es ese mundo de libertad con el que soñábamos, sino el regreso de los peores colectivismos, una Nueva Edad Media en la que Oriente inicia su propio Renacimiento reseteando la Historia. La Posmodernidad es Postcovid. El Postcovid es comunismo. 

Es verdad que lo único que diferencia al nacionalsocialismo y el internacionalsocialismo son los eslóganes que utilizan para su propaganda inicial: identitarios en un caso y globalistas en el otro. Es verdad que el comunismo no es la única doctrina globalista, colectivista y totalitaria. Ha habido más y que llevan más tiempo funcionando con éxito a lo largo de la Historia. Incluso, con imposiciones morales muy parecidas en el fondo. El núcleo central de todos los colectivismos desde hace 2000 años es, en el fondo, el socialismo: pobreza (sostenibilidad), solidaridad (sumisión), igualdad (uniformidad), multiculturalidad (cultura de marca blanca)… Y el socialismo (laico o no), fórmula dominante del colectivismo desde hace más de un siglo, ha sabido renacer de cada uno de sus inevitables fracasos con una maestría digna de alzarse en el podio junto a las más acreditadas instituciones (laicas o no).

El comunismo sobrevivió a la II Guerra Mundial gracias a la reunión de tres personajes que marcaron la Historia de nuestro Mundo hasta hoy en día al asumir Rooselvelt y Churchill el denostado papel que el mismo Churchill adjudicó a ese precedente de la progresía contemporánea que fue Neville Chamberlain. Salvaron al internacionalsocialismo de la derrota.Y pareció que todo había acabado cuando el comunismo soviético fue derrotado en la guerra fría por el único que se atrevió a ganar sin contemplaciones: Ronald Reagan. Pero fue en el golpe de estado de Deng Xiaoping, tras la muerte del Gran Timonel Mao, cuando el comunismo se reseteó como “Socialismo con características Chinas”, es decir, “Neocomunismo”.

El neocomunismo se convirtió en un híbrido entre capitalismo y comunismo (Las desigualdades sociales en China son, sencillamente, brutales) y entre Internacional y nacional socialismo (pocos pueblos tan nacionalistas como el chino). Con este nuevo disfraz comenzó lo que todos los colectivismos buscan: expandirse, y colonizar la Tierra. Como los virus. Como cualquier imperialismo totalitario. Como, también, algunas religiones.

La esencia de cualquier colectivismo, laico o religioso, contiene un elemento que es determinante para sus planes estratégicos: la lucha, el enfrentamiento, el conflicto, la violencia de alto o bajo rango. Tradicionalmente, el comunismo se basó en el enfrentamiento entre clases sociales. Pero el neocomunismo ha variado el discurso para introducir nuevos enfrentamientos estratégicos que se mimetizan con ideales y/o preocupaciones propias de los liberacistas: Hombre vs mujer, homo vs hetereosexuales, blancos vs negros, cambioclimtistas vs negacionistas, covidianos vs negacionistas… progresistas vs antiislamistas. Y este último enfrentamiento, que esconde un mensaje aún más retorcido que todos los demás, no debemos perderlo de vista porque dentro de muy poco será el pilar sobre el que se va a edificar el totalitarismo europeo de un nuevo y extraño IV Reich que está madurando a pasos agigantados en la incubadora covid.

Al final, la clave de la estratégica revolucionaria se reduce a una cuestión de léxico. La lucha de clases se transforma en lucha de sexos, de razas, de culturas, de opiniones, de verdades científicas. La dictadura del proletariado en dictadura del progretariado, que se revela como algo perfectamente aceptable en el mundo libre. Más sencillo imposible. Engañar al pueblo para que escape de la pobreza y la servidumbre futuras o ficticias aceptando pobreza y servidumbre. Exacerbar las desigualdades allí donde menos las hay para imponer una igualdad asimétrica. Una desigualdad única que se imponga a todas las demás: la de la minoría dominante y la mayoría dominada.

No es Nuevo Orden Mundial, ni transhumanismo, ni élites satánicas ni nada de eso. Es, sencillamente, neocomunismo. La más reciente y letal versión de colectivismo que ha parido la Historia. Que nadie se deje engañar porque la capital de la nueva dictadura, esta vez sí mundial, es Pekín. Y no por ser la capital de China, sino por ser el cuartel general del neocomunismo.

Puro y puto comunismo.

Eso es lo que hay. Y dejaros ya de seguir el juego a las maniobras propagandísticas de único y verdadero enemigo: el neocomunismo

Si se analizan a dónde nos llevan todas las historietas en las que andamos entretenidos: covid, LGTBI, Black Mater, sostenibilidad energética y alimentaria, cambio climático, control de medios de comunicación, aislamiento social, marcadores políticos (pasaporte verde), apartheid de disidentes, restricción de la movilidad, imposición de pensamiento único… ¿Pero es que no reconocemos ese rostro? ¿De verdad unos cuantos velos de colores pueden engañarnos? Todo eso, absolutamente todo, converge en el ideal de sociedad colectivista de la última versión del colectivismo laico, el nuevo socialismo, caracterizado, como ya hemos dicho más arriba y no debemos olvidar nunca, por pobreza (sostenibilidad), solidaridad (sumisión), igualdad (uniformidad), multiculturalidad (cultura de marca blanca)…

Esta es la Agenda: Una sociedad neocomunista a la que se apuntan todos los colectivistas, incluidas ciertas religiones y muchos neoaristócratas corporativos (grandes empresarios occidentales) con tal de que ese nuevo orden político les permitan seguir con su parte del negocio. No hay ninguna trama, excepto la del neocomunismo. Lo otro son hienas y buitres que se concitan alrededor de la presa, nuestra libertad, para sacar tajada.

Y este es el modelo: el Pekín maoista. Pero, cuidado, porque el neocomunismo está impregnado de nacionalismo. No todos los pueblos van a vivir con la misma intensidad el ideal de pobreza y sumisión que han preconizado siempre todos los colectivismos. El mundo occidental, especialmente el blanco y especialmente el europeo, debe ser “reeducado” en los nuevos ideales de la nueva normalidad con mucha mayor intensidad que el resto, es decir, con más pobreza y sumisión. Hay que extirpar de raíz la semilla liberacista con la que Europa, la de esas y aquellas orillas oceánicas, alcanzó las mayores cotas de progreso tecnológico, científico, humano, político y cultural que ha conocido la Humanidad. No todos los pueblos eran igual de pobres en la colectivista y totalitaria Edad Media. China y su entorno vivirán como los occidentales pensábamos que íbamos a hacerlo dentro de nada.

¿Hay alguna explicación para que la mayor incidencia, real o inventada, de contagios y muertes covid se produzca en el mundo blanco occidental? ¿Alguna para que sean los occidentales blancos los que más presión estén sufriendo para vacunarse? Sí, pero la razón última obedece a puros cálculos de estrategia militar: El mundo occidental blanco es el enemigo a batir por parte del neocomunismo.

¿Y por qué los líderes políticos, mediáticos, económicos y hasta religiosos de occidente colaboran con el enemigo? Pues porque, sencillamente, no es su enemigo. Unos están convencidos de que ese invento propagandístico neocomunista, la Agenda 2030, responde a los viejos ideales liberacistas con los que se debe hacer frente a los nuevos retos derivados todos ellos de la superpoblación y el creciente y comprensible deseo de las masas condenadas a la pobreza para participar de lo que el discurso colectivista denomina “consumismo”. La sostenibilidad (pobreza) tiene que imponerse (totalitarismo) y esto solo se puede lograr con el gran regalo que los estrategas neocomunistas chinos les han entregado: la covid. Y ese totalitarismo justificado burda pero eficazmente por la falsa gravedad de una nueva gripe, solo puede imponerse aplicando todos los antiideales liberacistas contra los que luchaban hasta hace bien poco: Censura, apartheid, racismo inverso, vulneración impune de derechos fundamentales… Otros de esos “nuestros” líderes, más de lo que imaginamos, sencillamente no creen en nada de lo que dice la apisonadora propagandística neocomunista, pero consideran que lo más beneficioso para ellos es, sencillamente, colaborar.

Es el colaboracionismo, como siempre, lo que está permitiendo la victoria del enemigo neocomunista, más débil sobre el papel, más poderoso en la práctica. Los colaboradores por convicción o por conveniencia son nuestros enemigos directos y cercanos. Y es contra ellos contra los que debemos arremeter de forma colectiva si se crean los instrumentos adecuados (partidos políticos medios de comunicación, movimientos en redes sociales, asociaciones… grupos de resistencia clásicos). Pero, si esos instrumentos no se consiguen o si se ven neutralizados por la quinta columna neocomunista que se infiltra en ellos, incluso ayudando a su creación, entonces solo cabe la resistencia individual.

¿Insuficiente? ¿Inútil?

En absoluto. Los mayores esfuerzos de colectivismo neocomunista y sus colaboradores, encabezados por los líderes políticos, religiosos y económicos del antiguo mundo libre, se dirigen a convencer a los disidentes de que toda resistencia es inútil y de que su sola acción individual no sirva para nada, excepto para que ellos y sus familias se vean seriamente perjudicados por esta imbatible ola de cambio. Y no es verdad. Precisamente porque no es verdad es por lo que están utilizando todos los medios para evitar la disidencia individual, clandestina o no.

Del enemigo el consejo. El descarado, vergonzoso y desesperado totalitarismo que se está implantado en la inmensa mayoría de los países del antiguo mundo libre occidental nos habla de lo mucho que temen “nuestros” dictadores en agraz para neutralizar cualquier foco, por mínimo que sea, de disidencia. ¿Por qué? Pues porque esta disidencia individual, desorganizada, sin medios, clandestina o, cuando menos, discreta, sigue siendo un porcentaje demasiado alto de la sociedad.

Nos ponen un tatuaje bajo la piel llamado vacuna exactamente por la misma razón por la que se marca con fuego al ganado. Para tomar posesión de nosotros y, además, controlar nuestra movilidad. Ya se está utilizando como condición para poder disfrutar de derechos fundamentales, como instrumento de coacción para acceder al trabajo, el ocio, la educación, la movilidad… Y, sin embargo, los porcentajes de vacunación completa en el mundo occidental presentan bolsas de disidencia de entre el 30 y el 60%. Por supuesto, en China, Rusia, Japón, Taiwán, Corea del Sur…  o, en ese entorno económico-geográfico, países occidentales blancos como Australia o Nueva Zelanda, los porcentajes de vacunación completa no llegan ni al 20% de la población.

No es inútil la resistencia individual, aprovechando al máximo la libertad que nos permitan y ensanchándola por todos los medios, legales o ilegales, porque todos son legítimos bajo una dictadura. Esa disidencia individual ha sido el germen de la disidencia organizada que, finalmente, acabó con muchos de los totalitarismo colectivistas. Ese fondo de anónimos resistentes es lo que más temen los totalitarios colaboracionistas con esa pantomima llamada Agenda 2030, Nuevo Orden Mundial Foro Económico Mundial, Nueva Normalidad… tras la que se esconde el único y verdadero enemigo, el de siempre, el colectivismo. esta vez con la forma oculta de neocomunismo que mostrará su verdadera faz dentro de mucho menos tiempo de lo que imaginamos los disidentes liberacistas… y los ruines o estúpidos colaboracionistas.

Por eso el verdadero poder, ese que controla toda la economía, pública y privada, de la segunda potencia mundial sin necesidad de pedir permiso ni rendir cuentas a ningún congreso, senado, opinión pública o electores, el Partido Comunista Chino (sí, se llama así), está acelerando precipitadamente su agenda de conquista.

Es el neocomunismo. Todo lo demás son distracciones, engaños, chivos expiatorios, movimientos adulterados, atentados de falsa bandera y colaboracionistas estúpidamente convencidos o miserablemente comprados. Y, frente al colectivismo de siempre, la respuesta de siempre: libertad individual ejercida sin límite alguno. Solos o acompañados como en las playas de Normandía o en las filas de la resistencia individual. No os rindáis. Al menos, no en vuestra mente y vuestro corazón. Luchad sin ningún miramiento moral, porque la única razón para sostener una moral legítima es el libre albedrío, el derecho a buscar la propia felicidad… y la de quienes luchen por defender tu derecho a ser libre. Todos los demás son parte de las fuerzas neocomunistas de ocupación. No son tus aliados. Son tus enemigos. No cometas el error de Yalta. Gana tu guerra. Nuestra guerra. Lucha por ti. Es la mejor manera de luchar por mí y por todos los nuestros.

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