La estrategia del lobo

18 Febrero 2021

Si piensas en un rebaño, eres una oveja. Si crees que sin una mayoría nada es posible, eres parte del rebaño.

Los pastores de ganado humano que controlan a la Humanidad desde el inicio del Neolítico (eso es, exactamente, la civilización) intentan por todos los medios que la gente piense que sólo en manada, en mayoría y estampida (eso son las revoluciones colectivistas) puede hacer algo para recuperar su condición de libertad, dignidad, bienestar material (sí, eso también importa) y felicidad. La estrategia del pastor es que los humanos se crean ovejas y no se enteren del poder que tienen como individuos o en pequeños grupos siempre y cuando actúen sin las cortapisas y domas con las que lleva bombardeándolos la “Civilización” desde poco después de nacer. Que pierdan la confianza en sí mismos, piensen que solos o en grupitos no van a ningún sitio y, así, desistan de utilizar la fuerza de la que disponen.

Las técnicas de ganadería humana son exactamente igual de simples y eficaces que las de cualquier otro animal, con la única diferencia de que, como a todos los depredadores, al hombre hay que domarlo (eso es, exactamente, la educación. Educar=domar. Enseñar=liberar) antes de domesticarlo: Se utilizan amenazas ficticias (el perro simula ataques de un lobo) para provocar estampidas en las que las personas se comportan como animales gregarios, sin verificar la situación, como haría cualquier depredador o primate superior, y poder llevarlos, así, a dónde se quiera, a un corral o al matadero. Se les aísla para que no puedan crear un núcleo crítico en el que evaluar los hechos ni crear células de resistencia que convertirían en impredecibles las estampidas controladas que provocan los pastores. Se impide que la voz de los disidentes llegue a la manada y pueda desvelar el engaño. Se les encierra literalmente en corrales físicos y mentales, aprovechando el miedo creado por la amenaza ficticia y por las represalias sobre los disidentes, y utilizando los perros guardianes que han insertado en la mente de las personas/ovejas a lo largo del proceso de doma y domesticación. Y se les empobrece hasta que alcancen el mismo grado de postración y dependencia del pastor que tienen todos los animales domesticados.

Colabora con este proceso de degradación de la naturaleza humana (esto sí que es transhumanismo), además de las técnicas “educativas” ganaderas, los mecanismos filogenéticamente adquiridos para que los humanos, depredadores de grupo, a pesar de ser violentos y de espíritu libre, acepten una jerarquía férrea. Unos mecanismos de “cohesión social” entre los que figuran especialmente el síndrome de Estocolmo y el de Buchenwald. Este último, aún poco estudiado y publicitado, representa esa capacidad humana para hacer la vista gorda ante las atrocidades de los líderes del grupo. Los habitantes del pueblo vecino del campo de concentración de Buchenwald dijeron no haberse enterado de nada. Luego, cuando se les llevó a conocer las atrocidades del campo, se compungieron mucho y poco más.

Toda la población del antiguo mundo libre asiste completamente indiferente, cuando no fanáticamente convencida, a un robo de libertad y prosperidad que ni siquiera la sociedad alemana del III Reich habría tolerado. Y Hitler lo sabía muy bien. Por eso procuró hasta el último momento que los alemanes gozaran de bienestar material y libertad personal. Aquí y ahora, en Alemania y en el resto de la mayoría de los países avanzados y democráticos, la población acepta lo que no habría permitido en aquellos años terribles. Lo que indica el inmenso y escondido grado de domesticación y conversión de humanos en herbívoros gregarios que subyace bajo la piel de los orgullosos ciudadanos aparentemente dueños de su destino y el de sus naciones. Y aquí viene la segunda reflexión.

La estrategia de los pastores es sencilla: comportarse como lobos y hacer creer a los demás que no son humanos (peligrosos depredadores de grupo) y que, por tanto, no deben ni pueden comportarse como lobos. El pastor y dos perros son tres. Una ínfima minoría que controla a la mayoría usando el monopolio de la fuerza. Comportarse como (uno, dos, apenas tres) lobos que atacan la manada es exactamente igual de eficaz que lo que hacen los pastores, el poder, la élite… Por eso temen tanto a los disidentes, a la Resistencia, al terrorismo… a que los demás hagan lo mismo que ellos.

La estrategia del lobo la tienen perfectamente aprendida, entre otros, los activistas de izquierda. Se les llena la boca con el pueblo, los desfavorecidos, la famélica legión… pero no tratan de ganarse su libre voluntad, sino que utilizan los mismos medios que los pastores del otro bando para controlar manadas, pueblos… famélicas legiones. Ellos sí que no esperan a ser mayoría, sino que salen a la calle y actúan como lobos. A la calle, en las redes sociales, en los medios de comunicación, en el día a día del vecindario, la universidad, los centros de trabajo… No piensan como masa, porque saben que así nunca se controla a la masa. Y ese es su objetivo: un hierro ganadero, una mente colmena con otros nombres, silbidos y ladridos. La propiedad de un rebaño que prefiere creer que esta pastoreado por ovejas.

¿Alguien no entiende la estrategia de Podemos? Es endiabladamente sencilla y eficaz. Y, lo más importante, al alcance de cualquiera.

Controlar al rebaño desde su posición de pastores y, a los otros pastores, desde su posición de lobos descontrolados. Actuar como lobos amparados por los pastores. Un círculo vicioso de fuerza ambidireccional que sólo se puede romper mediante la fuerza, que no es precisamente la fuerza de la manada. Saben que basta con actuar en pequeños grupos (incluso individualmente). Ocupar el territorio, tomar las calles, las redes sociales, los medios de comunicación, el vecindario, los centros de trabajo, las Universidades… con toda la fuerza de la que son capaces. Sin miedo. Sin complejos ni sensiblería.

Un pequeño grupo, apenas cincuenta personas, desata el terror en las calles, suprime el derecho de reunión y libre expresión… Nosotros pensamos en términos gregarios: “mayorías”, “juego limpio”, “democracia”, “estado de derecho”… como los ñus o las cebra, incluso cuando somos minoría. Ellos en términos de minoría activa, como los leones. ¿Qué pueden hacer seis renos? ¿Y seis lobos?.

Podemos está imponiendo su proceso revolucionario comportándose como una minoría consciente de su fuerza y sin las tonterías del tipo “poner la otra mejilla”, “nosotros no somos como ellos, somos seres superiores de luz y paz”… pero así no se acabó con los campos de concentración nazis. Se acabó en las playas de Normandía.

Podemos está mostrando exactamente lo que hay que hacer para desmontar la farsa de que sólo mediante una “mayoría democrática” se pueden cambiar las cosas. Porque convierte su minoría en “mayoría antidemocrática” sostenida por el síndrome de Estocolmo, el de Buchenwald… y el de los trenes de la muerte. Y lo está haciendo al mismo tiempo que pierde apoyo en las urnas. Esa es la gran lección: Cuando no existe una democracia militante dispuesta a aplicar el estado derecho con toda contundencia, y hacer (por la fuerza de la ley) prevalecer la voluntad de la mayoría, lo más efectivo es comportarse como minoría cualificada, como lobos, como humanos verdaderos capaces de atacar y defenderse para proteger su vida y su felicidad.

Podemos no espera al pueblo, a las masas, a las mayorías. El gobierno del que, además de la oposición verdadera, también forma parte, gobierna en minoría habiendo desarticulado todos los controles democráticos, manteniendo la ficción de que sólo una mayoría, como la que ellos no tienen, estaría legitimada para desbancarlos del poder. Temen que se les haga lo que ellos hacen y saben que funciona. Por eso tratan desesperadamente de evitar cualquier acción “popular” incontrolada. Porque una sólo chispa puede ocasionar una estampida. Lo que no ocasiona estampidas es que no suceda nada, que todos caminan por la senda de la migración hasta los verdes pastos prometidos, en silencio, como mucho balando ferozmente en las redes sociales, los mítines o los parlamentos.

Podemos, que forma parte del gobierno, se comporta al mismo tiempo como oposición incontrolada. Es dueña de facto de la calle. Su poder reside en la voluntad para ejercer el poder que los demás le permiten. Por eso no quiere que haya otras oposiciones como la suya. Quiere ostentar el monopolio de la revolución. Quiere ocupar todo el espacio de disidencia y, así, controlar a sus socios de gobierno.

Un Estado fallido. Una legalidad ilegitimada por su constante conculcación. El poder de los hechos consumados… Ser pastor y lobo al mismo tiempo. Estar dispuesto a ganar sin necesidad de ganar en el juego democrático convertido en farsa mediática. Si alguien cree realmente que en este estado de cosas la libertad se defiende democráticamente, ganando en las urnas o buscando el amparo de la justicia, es que está completamente enajenado… o quiere estarlo.

¿La estrategia de Podemos? También la los independentistas, variados grupos de presión y hasta la de los inmigrantes ilegales y quienes los envían, que todos ellos forman parte del gobierno de minorías “decididas” (con bemoles, que dirían nuestros abuelos) que imponen su ley exactamente igual que en el sinley Oeste americano.

La estrategia de Podemos (et al) es la del realismo utópico. Ese que siguen todos los humanos de verdad cuando quieren cambiar las cosas y conseguir más libertad y prosperidad (ellos lo están haciendo a la vista de todos). El que podemos poner en práctica todos los demás sin necesidad de esperar a que la manada despierte y tome el camino correcto que la llevaría a la libertad de las praderas sin dueño, sin pastor ni perros, tras descubrir que no son ovejas o ñus, sino lobos, leones… humanos verdaderos.

Podemos, el independentismo, BLM, el feminismo, el inmigracionismo, el multiculturalismo… utilizan sin melindreces todo su minoritario poder gracias a que la mayoría no utiliza su poder en absoluto sino para componer baladas de mansedumbre: “Si esto lo hiciéramos nosotros nos crucificaban”. “Claro que sí, idiotas” -responden ellos entre risas de desprecio-. Por eso en Linares muelen a palos a los manifestantes y, al día siguiente todo se acaba, pero en Barcelona, en Madrid o en Granada arden las calles, la policía se repliega y, al día siguiente, vuelven a arder. Está lanzado el mensaje: “Si esto pasa por un rapero, imaginad qué ocurriría si intentáis hacerlo con uno de nosotros, los jefes”.

El Nuevo Orden Mundial no es algo ajeno a nosotros. No es la imposición de una élite. Es algo que está dentro de nosotros. Es nuestra renuncia a ejercer de humanos, a defender nuestra libertad, prosperidad y dignidad porque “no somos como ellos”. Hemos dejado de ser humanos para convertirnos en ovejas que se creen seres moralmente superiores en la medida en que ejerzan su indefensión, su mansedumbre, su realismo pragmático gregario. Somos mejores en la medida en que les permitamos a otros ser peores, invadir nuestra vida, imponer su interés. Eso es el NOM, un estúpido cuento que confunde bondad con buenismo. El miedo a la libertad escondido tras el miedo a la legalidad ilegítima.

¿Qué se puede hacer? Lo que ellos. Lo que hicieron nuestros antepasados para legarnos un mundo mejor, sin esconderse detrás la invocación a bellas ideas para no tener que luchar por ellas.

Hay que dejar de buscar mayorías y ejercer nuestra inmensa minoría. Ocupar el territorio y defenderlo sin cortesías caballerescas porque enfrente no tenemos caballeros demócratas sino al IV Reich amorfo y neblinoso que sólo conoce una cosa: la fuerza. La misma fuerza con la que se derrotó a su antepasado. La misma que no se usó para derrotar a su gemelo, el internacionalsocialismo, ese comunismo que ha vuelto reencarnado en Nueva Rancia Normalidad para susurrarnos al oído lo de siempre: “Es mejor no señalarse, ir a lo tuyo, obedecer, pasar desapercibido… porque tienes mucho que perder”.

Tu libertad, tu fuerza física, intelectual y económica, hasta tu familia, todo eso lo han transformado en debilidad, en algo que debes proteger renunciando a utilizarlo.

¿No crees que lo que puedes perder es lo que te puede hacer ganar? ¿De verdad crees que tu trabajo, tu dinero, tu posición social, tu familia… son rémoras y no armas?

Sólo los humanos de verdad contabilizan lo que poseen como “poder” y no como “debilidad”. Lo contrario es seguir la táctica del miedo. Cambia de estrategia.

Del enemigo, el consejo.

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