Expaña

15 Febrero 2021

(Breve crónica de ayer)

Puede que la inmensa mayoría no lo vea así, porque sólo ven los 30 metros que alumbra la luz corta de este coche sin ITV ni seguro que aún se llama (es un decir) España, pero ayer, domingo 14 de Febrero de 2021, día de los enamorados con bozal y miedo, comenzó el acto final del desmantelamiento iniciado cuando Francia puso virrey en Madrid y Gran Bretaña se impuso disolver su contraparte, objeto de envidia y sujeto odiado: Spain.

Perdieron todos y ganó, con mucho, esa mayoría silenciosa que ha decidido no colaborar más con esta farsa democrática gestionada por bandas mafiosas que han hecho de la política su gremio. ¿Acaso hay mejor y más seguro negocio que un Estado, pagar la nómina y decidir la carrera profesional de jueces, policías, fiscales, periodistas… y de sus nenes(as)?

Triunfo de apariencia anodina, rápidamente escondido bajo toda suerte de explicaciones, razones y charlatanerías varias por los trileros de oficio (“oficiales”, dicen ellos), por las cargas públicas que nos desnudan trabuco mediático en mano por nuestro bien, para protegernos de pandemias, nevadas, oleadas migratorias… en fin, de todo eso que el “estado de bienestar” procura para sus víctimas. Triunfo que, como todo tapado, espera su momento, después de que todos los momentos de sainete sean aplastados por el telón. Porque ese 25% largo que se ha sumado a la abstención secular, la de recios y profundos principios democráticos (en una cleptocracia, no votar es profesar de demócrata), se prepara ya, aunque aún no sean conscientes de ello, para instaurar un país de verdad con su Estado de derecho y de bienestar para los que pagan.

Tras ayer, que es hoy y lo que sigue, creen los necios encumbrados en importantes y listos que se inicia la construcción de la República Confederada Ibérica. Y bien podría ser. De hecho sería así de no ser porque esa mayoría silenciosa ha tomado, y aún no se lo ha dicho ni a sí misma, otra decisión. La de crear Expaña, que es, para entendernos con ejemplo de toda la vida, como si se reseteara la Historia y volviéramos a ese instante mágico que alumbró el mejor 1492 que verá nunca la Humanidad. Porque unos van a tirar por su retrete y, Expaña, tomará el rumbo perdido hacia sí misma, en línea recta a nuestros propios intereses, los de nuestra cartera, nuestra alegría y nuestra libertad.

Teóricamente, y todo parece ahora mismo corroborarlo, más, incluso, que en el anterior “ahoramismo” del golpe de estado de Marzo de 2020, primer año triunfal de la Cruzada Vírica Popular, comienza un exponencial cambio que nos llevará a un ente políticomafioso en el que Cataluña y País Vasco se conviertan en estados libres asociados a lo que fue España. Disfrutando de independencia pero conservando su coto comercial y abrevadero fiscal en el que se sustentan su supremacismo gorrón. Pero no se apresuren, porque a lo poco les seguirá la muy derecha Galicia, Baleares y Valencia (¿tú también, hija mía?), con Canarias en la jaula mora y Ceuta y Melilla de hongkoncitas cutres.

Todo envuelto en la misma inercia de la leyenda negra que forjaron Flandes y Gran Bretaña, en la que se envolvieron los criollo caciques que aún gobiernan las Américas, que luego usó a discreta conveniencia Francia y, ahora, la izquierda y los independentistas, es decir, los criollos peninsulares que sueñan cacicazgos y despiertan norcoreas. Todo como si nada, a lomos de trote de los días cotidianos con aspecto de Nueva Normalidad y que vivan las caenas. Pero no.

Parecerá que sigue España, ahora más solidaria, sostenible, igualitaria… Ya saben. Lo de siempre, lo de la estampita. Que las cosas siempre nos vienen bien a los españoles reunidos en el corral de “a todos”. Pero no. Porque ahí está esa mayoría minoritariamente decisiva, la de frontera. La potencia emergente que, en palabras de Kissinger, siempre fue peligrosa… para los kissinger. Los que, bien colmada su paciencia, ahora se abstienen y mañana rompen los papeles, el sobre con las estampitas de los timadores, la baraja de los trileros, el portal del corralón al que nos llevan.

No habrá convite a costa de los primos, mesa, mantel, cama y silla gestatoria para los listos adyacentes de provincias venidas a más. Habrá Expaña. Un contador a cero para que, los españoles que quieran serlo, comiencen a vivir su vida y disfrutar de su esfuerzo y talento, que es nuestra única riqueza. Habrá un tirón inesperado de verdadero nacionalismo español, al grito de “hasta los cojones” y nacerá de ese silencio de mayoría cualificada un movimiento hacia los que fuimos y nunca debimos dejar de ser: españoles dedicados a satisfacer nuestro interés, el nuestro de cada uno de todos.

Se acabó la melosa hipocresía, las medias palabras para esconder las enteras ideas, la doble vara de medir y el lomo sobre el que siempre rompen las varas del insulto y el desprecio. Se acabó pagar para que nos quieran. Larga vida a Expaña. Esa que soñábamos y que nunca nos dejaron tener. ¿Un deseo?

No, un vaticinio.

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