La gran estafa

9 Febrero 2021

¿Qué es un negocio que necesita las constantes aportaciones de nuevos inversores para repartir dividendos? Una estafa.

La relación predador/presa limita la población de carnívoros. Es por esto que los humanos, hasta la llegada del Neolítico, hemos mantenido una baja densidad demográfica con pequeñas variaciones determinadas fundamentalmente por la riqueza cinegética de sus territorios. Cuanto más numeroso es un grupo humano mayor capacidad tiene para competir con otros por el territorio y los recursos, así como para sobrevivir a las catástrofes naturales. Por tanto, en igualdad de condiciones, la población es un factor de éxito. Los grupos más numerosos son capaces de ocupar y mantener los los territorios más ricos. Al mismo tiempo, el principal factor limitante de la población humana es la disponibilidad de presas. De manera que para tener muchas presas necesitamos ser un grupo numeroso, pero para serlo necesitamos tener más presas. La densidad demográfica de los depredadores de un territorio concreto viene determinada por la disponibilidad de presas. Es la “razón predador/presa” la que establece el límite para seguir aumentando la población, lo cual explica la tremenda conflictividad entre depredadores de diferente o de la misma especie. Ahora bien, ¿qué ocurriría si hiciéramos trampa y pudiéramos burlar la limitación impuesta por la “razón predador/presa”?

Si los herbívoros no tienen depredadores que controlen su población, esta crece hasta agotar los recursos del territorio de forma continuada hasta que se llega, si no se produce una reducción de la población, al deterioro del propio ecosistema.

Los depredadores controlan la población de herbívoros y el número de presas disponibles limita la población de depredadores. El resultado es un equilibrio competitivo que, entre otras cosas, protege la integridad del ecosistema común.

Cuando desaparece el control de población determinado por la disponibilidad de presas, los resultados son los mismos: el ecosistema se deteriora irremisiblemente si no se detiene el crecimiento de la población depredadora.

Es verdad que aquellos grupos, en este caso humanos, que logren burlar el control demográfico de la razón predador/presa, tendrá una evidente ventaja competitiva. Pero deberán salvar tres problemas importantes. Por un lado, deberán proteger o regenerar el ecosistema para que sea capaz de sostener esta mayor carga de población total. Por otro, entrarán en una carrera demográfica para mantener la ventaja que les otorga una población superior a la de sus rivales. Pero hay un problema anterior sin el que nada de esto podría siquiera plantearse. ¿Cómo se consigue burlar la razón predador/presa?

Convirtiendo a parte de la población en “presas virtuales” o, más exactamente, en herbívoros gregarios virtuales, que se comportan y alimentan como tales (sumisión, laboriosidad…) y de los que los humanos “verdaderos”, que siguen comportándose como depredadores de grupo, pueden obtener recursos y “prestaciones” equivalentes a las de sus presas.

El proceso se inició un poco antes del Neolítico, en una etapa en la que la protoganadería de rebaños salvajes permitió la conversión en la especie virtual “Homo ceres” primero a las mujeres y, luego progresivamente a una mayoría de los varones, “pastoreados” por una minoría de “Homo predator” cuyo número y “calidad de vida” depende de la nueva razón predador/presa(humana).

A partir de ese momento se inicia el Neolítico y lo que denominamos Civilización, es decir, la vida sedentaria en ciudades que son el equivalente exacto a grandes concentraciones ganaderas donde viven los pastores junto a los establos y granjas de sus rebaños (humanos). Un modelo, el Neolítico Civilizado, que determina y explica con total sencillez absolutamente todos los aspectos de nuestra sociedad: la economía, la cultura, la política, la moral, las creencias y los principios, la educación, las desigualdades sociales, “raciales” y de género, las guerras… y que también alberga en sus seno su propio final apocalíptico que abrirá paso (ya ha empezado a hacerlo) al nuevo modelo, el Ciberlítico.

La “Burbuja Poblacional” es la esencia del Neolítico en la medida en que determina su inicio y, también, su final. Una carrera demográfica, “creced y multiplicaos”, que tiene, como todas las burbujas, un límite al que alcanza en sí y por sí misma, gracias, paradójicamente, a su eficacia. Todo esto lo contamos con detalle en “Homo Simulator” (https://www.amazon.es/Homo-Simulator-Rafael-Ortiz-Garcia-ebook/dp/B086Z38P2Z). Pero lo que aquí nos interesa es arrojar luz sobre ese tránsito entre modelos “evolutivos” en el que nos hemos visto repentinamente envueltos, desde una de las perspectivas, quizá la más significativa, de esta carrera demográfica iniciada con la invención del engaño con el que nos zafamos de la razón predador/presa: El engaño. La farsa convertida en una gran estafa sobre la que se ha sostiene nuestra sociedad.

Esquema Ponzi.

Desde el inicio del Neolítico hasta nuestros días la vida humana se sustenta en un Esquema Ponzi o estafa piramidal del que todos los elaborados discursos no son más que el complemento típico de charlatanería con el que los timadores tratan de encubrir el engaño al que, eufemísticamente, llaman (llamamos) “Civilización”.

Una de las consecuencias más importantes de que nuestra sociedad se fundamente sobre una inmensa y continuada estafa es que no existe creación neta de riqueza. En un modelo de económico regido por un Esquema Ponzi los beneficios se generan en exclusiva gracias a la incorporación de nuevos “inversores”, es decir, mediante un esquema piramidal del que la burbuja poblacional es su máximo exponente, pues supone una aportación total de todos los recursos de todas las personas que se incorporan a la sociedad.

Sin embargo, dadas las características del fraude Neolítico Civilizado, en este caso sí existe una creación de riqueza marginal, derivada de los mecanismos necesarios para mantener en funcionamiento el motor de la estafa, la burbuja poblacional, que podemos resumirlos en la Tecnología capaz de alimentar, cuidar y controlar al ganado humano, por ejemplo, modificando el ecosistema mediante la ganadería para intensificar la extracción de recursos, es decir, para crear riqueza. Pero no sólo eso, sino mediante la innovación tecnológica y científica en los más diversos campos todos ellos relacionados con el negocio ganadero, como la medicina, las armas, el transporte… o los sistemas de ingeniería social.

La “riqueza”, en un Esquema Ponzi sustentado en la burbuja poblacional, se asocia exclusivamente con crecimiento económico y, este, con producir/consumir más, algo que sólo es posible mediante la incorporación de nuevos partícipes partícipes/víctimas. No hay beneficio económico si no hay crecimiento. Y no hay crecimiento si no se aumenta la burbuja poblacional.

El negocio en el modelo Neolítico Civilizado es la estafa. Por eso todos los conceptos económicos, políticos, sociales, culturales y hasta religiosos son sinónimos o equivalentes de Crecimiento, es decir, de lo que constituye la esencia del negocio: incorporar constantemente cuantas más víctimas sea posible.

Son los nuevos cotizantes los que pagan las pensiones de los antiguos. Si no hay nuevos cotizantes, el sistema de pensiones quiebra porque esa es su única fuente de ingresos. Si no hay nuevos habitantes el sistema Neolítico Civilizado quiebra porque esa es su única fuente de ingresos. Así de sencillo.

Todos los ámbitos de la existencia, todos los conceptos despojados de su charlatanería fraudulenta, orbitan alrededor de dos conceptos básicos: Crecimiento y engaño.

Los nuevos partícipes sirven para pagar a los que se encuentran por encima en la escala de la pirámide, creando en estos una sensación ficticia de creación real de riqueza, cuando en realidad sólo hay un reparto fraudulento de la riqueza que “traen” los nuevos partícipes. Pero, obviamente (se trata de una estafa) a los inversores “más antiguos” no se les reparte todo el beneficio obtenido por las nuevas incorporaciones, ni tampoco el que ellos aportaron a lo largo de su vida, sólo se reparte lo suficiente para mantener el engaño. La diferencia entre lo aportado y lo repartido se dedica no a invertir en fuentes creadores de riqueza sino a tres “apartados contables” destinados a:

  • El aparato burocrático (contables, matones…) y de propaganda con el que mantener el engaño.
  • El incremento de partícipes (mantenimiento de la estructura): La tecnología.
  • El beneficio de los pastores-estafadores.

Basta reducir a términos de fraude todas las estructuras sociales, económicas, culturales y políticas, así como los discursos asociados al engaño, para que se esfume la apariencia de honradez y bien común dejando al descubierto que están pensados para el engaño. Realizar este minucioso trabajo de desenmascaramiento es una tarea imposible para unas pocas páginas. Pero sí que sería factible, sencillo y extraordinariamente revelador realizar un análisis personal en el que se sometan los fundamentos de la sociedad y de nuestra vida cotidiana a esta perspectiva: Todo es un montaje para llevar a cabo un fraude piramidal sustentado en una variante amplia y potente, la burbuja poblacional, en la que simplemente aumentando la población se incrementa el número de estafados y, por tanto, el beneficio de los timadores.

En un contexto fraudulento, la población no está compuesta por las personas desde el punto de vista demográfico sino en la medida en que ofrecen un valor económico para el Esquema Ponzi sobre el que se sostiene la sociedad en todos los regímenes políticos. Por tanto, la población, el pueblo, los ciudadanos, las personas deben entenderse dentro de un ciclo que no tiene como objetivo la verdadera creación de riqueza sino la simulación de “valor económico ficticio” que genera un problema acumulativo que, antes o después, termina por hacer explotar la burbuja poblacional sobra la que se sustenta. Más humanos implican menos recursos disponibles, es decir, un empobrecimiento relativo. En la burbuja inmobiliaria las casas no son participes en un sistema económico de reparto de riqueza. En la burbuja poblacional, los humanos sí lo son.

Si se detiene su crecimiento de población productora/consumidora, sobreviene una crisis y la farsa debería venirse abajo. Pero esto no ocurre por el carácter sistémico de la Gran Estafa del modelo Neolítico Civilizado que hace que las crisis económicas basadas en burbujas sectoriales o puntuales queden subsumidas en la propia burbuja poblacional. Hasta que esta no estalle, el sistema conservará su esencia fraudulenta porque conservará intactos sus mecanismos de engaño.

Es verdad que, en el fondo, todas las crisis económicas son el resultado de la explosión de una burbuja. Y que todas las burbujas económicas son equivalentes de la burbuja poblacional, por lo que son desencadenadas una disminución de población y/o la desencadenan: Guerras, epidemias, catástrofes alimentarias, crisis energéticas… pero el sistema vuelve a generar un nuevo fraude precisamente porque el sistema es en si mismo un fraude y todo está diseñado para que no se descubra como tal. De hecho, esta idea de que vivimos en un mundo fraudulento gestionado por timadores, aún cuando logremos confirmarla al descubrir el engaño que subyace tras todos y cada uno de los asuntos públicos (y, en buena parte, también en los privados), nos resultará increíble en cuanto los mecanismos mentales de instalados desde nuestra infancia actúen de la misma manera que lo hacen con quienes son víctimas de cualquier estafa o timo.

Después de que los “gestores públicos” (así se llaman a sí mismos los timadores) arruinen a los cotizantes/inversores/partícipes, vuelven a montar la misma estafa con sólo cambiar la apariencia, el nombre, el discurso o los charlatanes que dan la cara como “líderes” políticos, empresariales o, incluso, religiosos. Gracias a que todo el espectro social y cultural está dominado por la Gran Estafa (es una gran estafa) y, por tanto, no existen referencias externas para descubrirla ni medios para detenerla.

Rápidamente entran en juego los procedimientos de distracción, confusión y fulgurante actuación a los que los timadores denominan con pomposos títulos (“New Deal”, “Nueva Normalidad”…) y son neutralizados los que comienzan a dar la voz de alarma para desenmascarar el engaño al mismo tiempo que crea una situación de peligro ficticio o sobrestimado y se desvía la atención de la escena del crimen y de la intención de los estafadores (Agenda 2030, NOM, Élite, Estado profundo…), saturándolo todo con el mensaje de impunidad y renovación (de la estafa) bajo la promesa de un mundo mejor si aceptamos con resignación y mansedumbre que nadie ha tenido la culpa de lo sucedido y permitimos la instauración de un Tercer Mundo global disfrazado con la más genuina charlatanería de timador (sostenibilidad, igualdad, solidaridad, multiculturalidad…) en el que “No tendrás nada y serás feliz”.

Pero, esta vez, las cosas van a ser muy diferentes, porque no estamos ante un pinchazo más de la burbuja poblacional sino que nos enfrentamos al colapso del propio sistema fraudulento derivado del éxito del mismo. Algo que quienes se encuentran en la cúspide de la pirámide conocen pero que, dado el increíble éxito de la Operación Pandemia (Xi Jinping es el ídolo de la Élite), están empezando a ignorar borrachos de prepotencia.

Cada vez que la estafa se renueva, se va incrementando el “coste de aplazamiento”, hasta que se llega a un punto en el que ni las estratagemas de los estafadores ni el desarrollo tecnológico son capaces de generar un reinicio por la sencilla razón de que, ahora, hemos alcanzado un ámbito global que pone fin a la burbuja poblacional. La globalidad no implica un nuevo orden dentro de la vieja estafa, sino el colapso del sistema basado en la estafa y el inicio de un nuevo modelo que será, o no, controlado por los viejos timadores.

El desarrollo tecnológico que ha ayudado de forma decisiva a superar todas las crisis hasta llegar al límite de acumulación de costes aplazados, ofrece ahora una solución completamente diferente: Destruir el sistema. No resetearlo, sino sustituirlo por otro diferente. Saldar el déficit generado por la acumulación de costes generados en cada reseteo de la estafa y detener la incorporación de “nuevos inversores” (el crecimiento demográfico) para, posteriormente, reducir la población hasta un número compatible con la capacidad tecnológica para producir riqueza real. Es decir, que haya pocos inversores “rentistas” y que estos no sean sostenidos por las aportaciones de nuevos partícipes (humanos) sino gracias a la creación de riqueza neta que produce la la tecnología (Inteligencia Artificial, automatización, robótica, ingeniería ambiental…) Convertir la creación marginal de riqueza en fuente principal de beneficios a repartir entre un numero limitado de humanos, sin necesidad de una burbuja poblacional.

Pero, hasta que llegue ese momento, es necesario gestionar de forma segura para los timadores el final de la Gran Estafa para que un exceso repentino e incontrolable de la conflictividad desatado por causas naturales (merma de cosechas por inestabilidad climática o invierno volcánico) o artificiales (guerras y/o ataques globales de bioterrorismo) no ponga en peligro sus planes para dominar la nueva era Ciberlítica. Por eso, y a la vista del éxito de la Operación Pandemia, se están implementando medidas de esterilización de la población y de eliminación selectiva ante situaciones de emergencia.

Esto es lo que está sucediendo: el colapso de la Gran Estafa ante la imposibilidad de seguir cebando la burbuja poblacional que, además, no será necesaria cuando la tecnología sea capaz de crear verdadera riqueza con la que sostener a una población humana razonable en términos no sólo de sostenibilidad ambiental sino de los valores máximos de densidad demográfica que nuestro diseño virtual, anatómico y fisiológico como depredadores puede soportar sin que se resienta de forma grave nuestra calidad de vida.

Caminamos hacia un modelo económico basado en la creatividad, en el que la rentabilidad económica se medirá en términos de felicidad y no de crecimiento, acumulación y fraude presididos por el principio de “creced y multiplicaos”. Un mundo que puede ser un “Nuevo Orden” dominado por los timadores o una “Nueva Armonía” gestionada por el principio de libertad. La tecnología es la llave. Por eso quieren engañarnos (es lo que mejor saben hacer) para que no la utilicemos y puedan ellos controlarla en exclusiva. Pero antes hay que gestionar la explosión de la burbuja poblacional. Y eso puede hacerse de forma traumática e innecesariamente dañina, o de forma racional y mínimamente dañina. La Élite de estafadores parece invencible tras el aplastante éxito de la Operación Pandemia para instaurar una dictadura tercermundista (colectivista) y eso les puede llevar (lo esta haciendo sin que nadie se percate) a cometer graves errores contra sus propios intereses, lo que nos ofrecería la oportunidad de implantar un Ciberlítico basado en la felicidad y la libertad humana, pero también contra el interés general de la Humanidad, causando un holocausto absurdo y cruel.

4 comentarios en “La gran estafa

  1. Emilio

    Es confuso para el mundo de los ciegos y cristalino para los videntes que se están dando muchas evidencias para concluir estar asistiendo a la fase moribunda de esta tragicomedia llamada Civilización y por méritos propios, no es necesario echarle la culpa a nadie más que una simple mirada sincera a uno mismo, qué y cómo pensamos y decimos, cómo y qué sentimos, cómo actuamos, qué nos mueve…. Como diría un amigo,: “Nada hay más infiel que una mente pensando”.
    Cito al estimado Claudio Naranjo: “El morir de lo que hemos sido colectivamente sea el reverso de algo que está naciendo. Que se ve más el aspecto destructivo, que se ve más la catástrofe, pero que la catástrofe no es tan catástrofe como parece…, que tiene un revés, tiene otro lado, que nada tan necesario para la transformación del mundo, nada tan necesario para un mundo mejor que el que hemos tenido que nos vayamos a pique”.
    Quizás sea lo mejor…

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    1. Perfecto. Sólo me atrevo a recalcar una cosa: “La catástrofe no es tan catástrofe como parece” Realmente lo único que me da miedo es ese error por prepotencia que pueden cometer algunos que piensan que controlan algo y no controlan nada. El apoteósico éxito de la Pandemia para conseguir su objetivo de convertir en siervos sumisos a los antes libres y críticos occidentales puede hacer mucho daño, porque la borrachera de poder destruye las neurona mucho más rápido que el alcohol. Sí, es mejor que nos vayamos a pique… de la mejor manera posible.

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