Escenario

22 Diciembre 2020

Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la Tierra como herencia. (Mateo 5:5).

Contábamos en “Hipótesis B” (https://ozyesite.com/2020/09/09/hipotesis-b/) que la frenética e irresponsable precipitación para imponer una vacuna sólo es comprensible como estratagema con la que los líderes occidentales, que se dejaron engañar por China y la OMS para implantar unas fórmulas totalitarias e ineficaces que han llevado a sus países a una pérdida de libertades y bienestar económico sin parangón desde el fin de la II Guerra Mundial, piensan salir impunes de su inepta, cuando no criminal actuación.

Según esta hipótesis, el principal objetivo de las vacunas sin las debidas garantías (las farmacéuticas no se hacen responsables de los daños) es servir como placebo social con el que detener el desastre medieval al que nos han llevado todos esos líderes de forma estúpida sin verse obligados a reconocer su error al desvelar el engaño pandémico en el que habían caído y sin afrontar ninguna responsabilidad política o judicial. Las vacunas enmendarían el entuerto sin desvelar el engaño gracias al cuento de una pandemia mediática masiva (la goebbelsiana mentira que se convierte en verdad al repetirla mil veces):

“La gravedad de la pandemia era real y justificó nuestras medidas totalitarias y liberticidas, que desgraciada e inevitablemente os han causado un inmenso daño económico y democrático. Pero, ahora, la vacuna nos va a permitir retornar a la normalidad. A la Nueva Normalidad, claro.”

Una normalidad provisional, sustentada en un estado de excepción de derechos y libertades que es administrado a voluntad por las autoridades al margen de la ley o al amparo de una legislación paralela. Una ley marcial sin guerra, un golpe de estado surrealista, alucinatorio, que sólo pueden ver los pobres disidentes paranoicos.

La vacuna no sólo blanquea cualquier tipo de responsabilidad política y judicial sino que, como beneficio añadido, afianza la predisposición de la sociedad para aceptar mansamente la implantación de un régimen totalitario sin referentes en el mundo libre desde el fin de la II Guerra Mundial, justificado en un falso estado de alarma o emergencia excepcional que persistirá incluso después de que la vacuna permita el regreso impune a esa vieja normalidad económica tutelada. Porque esto quiere decir exactamente el término “Nueva Normalidad”: La tutela política de los derechos y libertades democráticos… y de la actividad económica.

Puro y triunfante nacionalsocialismo.

Pero hay otra hipótesis: Nuestros líderes políticos no han sido engañados o cogidos por sorpresa por la Operación Pandemia china sino que eran y son conscientes de lo que estaban y están haciendo. Las piezas claves del poder político y empresarial conocen y siguen un plan que tiene en su hoja de ruta, entre otros objetivos, la vacunación masiva de la población. Y, si es así, la vacuna contra la COVID-19, una enfermedad que, en el peor de los casos, alcanza la letalidad de las cepas más virulentas de la gripe común, como las de 1957-58 y 1968-69 y que, además, no cuenta con las garantías científicas habituales, tiene un objetivo que va más allá de servir como placebo social.

La explicación más extendida ante esta hipótesis es que la vacuna sirve como vehículo para inocular agentes biológicos nocivos y/o nanochips con los que controlar y, eventualmente, enfermar o incluso eliminar a determinados sectores de la población, cuando no la la inmensa mayoría. Es una posibilidad realmente siniestra, que resulta fácilmente desacreditable al presentarla como fruto de una paranoia irracional. Pero lo cierto es que el comportamiento irracional del “afirmacionismo” a la hora de fabricar una falsa gravedad para la pandemia, manejarla por medios completamente medievales y lanzar desesperadamente u sin las más mínimas garantías científicas una vacuna, justifica plenamente que surjan explicaciones “conspiranoicas”.

Los negacionistas son conspiranoicos exactamente en la misma medida en que los afirmacionistas son conspiranógenos.

Y una de las muchas confirmaciones para la sospecha racional de oscuros y siniestros intereses la acabamos de recibir en directo y con claridad meridiana: el día 8 de Diciembre comenzó la vacunación en UK y apenas una semana después se detecta, también en UK, una nueva variante de COVID más contagiosa que la anterior. ¿Casualidad? ¿Venía empaquetada en la vacuna? ¿Ha sido “activada” por esta? ¿Forma parte de la segunda fase de la Operación Pandemia del ejército popular chino? Nada como un ambiente intencionadamente brumoso para desatar la fantasía bajo la que ocultar una verdad manifiesta.

Toda cadena de casualidades identifica una causa indefinida pero cierta.

Junto a las vacunas, las “nuevas variantes” de la COVID-19 servirán para aliviar o acentuar en cada momento el control político sobre una sociedad simultáneamente medievalizada por la pobreza, el totalitarismo, el miedo y la irracionalidad. Todo esto catalizado por dos factores que nos retrotraen al pasado: el aislamiento de la población y el control de la información, antes mediante el púlpito y, ahora, mediante los medios de comunicación y las redes sociales, que dejarán también de ser libres.

Pero tal vez este regalo que le ha llegado desde Oriente a nuestros nuevos señores feudales traiga escondida una sorpresa que la inmensa mayoría de ellos ignoran. Una sorpresa de mucho más nivel y trascendencia, si cabe, que la impunidad y la tiranía democrática. Un juego sucio escondido en el juego sucio que creen conocer y controlar.

Imaginemos que las vacunas no están diseñadas contra la COVID-19 o sus variantes ni, tampoco, como vehículos de agentes nocivos, sino para proteger a la población de una plaga verdaderamente mortífera que aún no ha llegado.

Sería una forma limpia y discreta de reducir selectivamente la población sin necesidad de ningún sofisticado agente biológico exterminador incluido en las vacunas o activado por las redes 5G, ni complicados mecanismos tecnológicos con los que manipular la mente de las personas. No haría falta convertir en dóciles y sumisos súbditos a todos los antiguos ciudadanos libres sino, sencillamente, seleccionar a los más dóciles y protegerlos frente a una pandemia que eliminará a los disidentes, que se niegan a vacunarse. Un método de control de la población basado en la eliminación y no en costosas, lentas, complejas y aparatosas artimañas.

La población que no interesa al Nuevo Orden Mundial se seleccionaría ella misma, precisamente alimentada por la torpe y evidente escenificación de una conspiración inexistente o, mejor dicho, inversa, pensada para que mueran en mayor proporción aquellos que se nieguen a ponerse las vacunas: Los sectores de la sociedad más críticos y menos manipulables. Los disidentes, los negacionistas, los revolucionarios, los liberacistas.

Un genocidio eugenésico aplicado por las propias víctimas. Porque los nuevos judíos que persistan en sus convicciones, tras la inmensa presión de la dictadura y el apartheid, decidirán montarse ellos mismos en los trenes y entrar en las cámaras de gas pensando que lo hacen en búnkeres que los salvarán de la hecatombe nuclear.

Y, si es así, las vacunas están diseñadas para la verdadera plaga que va a venir. Esa que eliminará a toda la disidencia y sólo a ella.

No parece algo tan descabellado si vemos la elegancia y sencillez del procedimiento y el hecho de que, al contrario que todo lo demás, lo concerniente a las vacunas se está llevando a cabo con tal torpeza que parece que la intención es ratificar a los menos mansos y sumisos sus sospechas.

Un método elegante y endiabladamente eficaz para depurar con precisión quirúrgica a todos los desafectos al nuevo orden mundial colectivista. Porque bien esta o la siguiente vacuna sí sería la que protegiera contra la verdadera plaga de la “Solución Final” mediante la que exterminar, no a los judíos, sino a la minoría interracial que aún conserva su capacidad crítica y su libertad de pensamiento. A los disidentes irreductibles que no están dominados por demonios ideológicos, sino que piensan y deciden por su cuenta y son capaces de poner en tela de juicio incluso sus más profundas convicciones. Los que actúan con la libertad con la que Dios nos hizo a su imagen y semejanza.

Utilizando la capacidad crítica de los disidentes es como se les va a seleccionar y eliminar haciendo que no se vacunen contra la verdadera peste del Fin del Mundo Insostenible.

¿Acabar con esa minoría de humanos verdaderos que nunca colaborarán con las élites en el poder? ¿Eliminar competencia y peligros para la Granja Global que están ? Suena muy enrevesado, pero es sencillo y prácticamente imposible de descubrir, porque, aunque se filtrara algún dato, nadie lo creería. Y es necesario que un reducido grupo de personas esté al tanto del verdadero objetivo, mientras todos los demás cómplices, desde los líderes políticos y empresariales a los científicos, sanitarios, técnicos y operarios involucrados en el operativo piensan que están creando y aplicando un método para controlar el COVID-19 o, como mucho, que la vacuna contiene ingredientes secretos beneficiosos para el poder al que ellos sirven y del que se sirven.

Un plan perfecto para que los mansos, los verdaderamente mansos, confiados y manipulables hereden la Tierra.

¿Pero cuál es esa Tierra que heredarán los mansos, los herbívoros gregarios humanos? ¿Hacia qué clase de Tierra nos dirigimos? ¿Es la bienaventuranza una profecía, un mandato, un sortilegio o un aviso? Dos pistas para anticipar la respuesta:

  • Los que verdaderamente heredarían la Tierra no son esos mansos y obedientes ciudadanos, sino quienes los dirijan, que son los mismos que ahora, supuestamente, estarían preparando ese escenario.
  • Se están haciendo esfuerzos para que la mayor parte de la población se vacune y evite su exterminio. Si el objetivo perseguido por las “élites” fuera reducir significativamente la población mediante un genocidio en dos tiempos: primero eliminar a los más críticos y, luego, ya sin resistencia, al resto de la población sobrante, no se estaría intentando convencer al máximo de personas, dejando desprotegidos sólo a los disidentes más irreductibles.

El lugar de partida hacia ese Nuevo Mundo es una dictadura sin precedentes tanto por la amplitud global como por la rapidez con que se está implantando. También por el hecho de que se alimenta de una falsa pandemia que afecta predominantemente a los países más avanzados del planeta, con mejores sistemas sanitarios, más libres y prósperos: las democracias de mayoría racial blanca en las que todas las medidas sanitarias que se están tomando se corresponden con fórmulas neofeudales cuyo objetivo prioritario es censurar, reprimir y, eventualmente, eliminar la capacidad crítica de la población.

Se está instaurando de forma vertiginosa un sistema de “vacunas sociales” destinado a eliminar en lo posible la libertad individual y aumentar la mansedumbre mediante la implantación de eficacísimos agentes virales ideológicos, transmitidos por los medios de comunicación según las directrices de un programa de ingeniería social que sólo requiere disponer del control de la información y contar la colaboración consciente o inconsciente de los poderes oficiales y fácticos.

Se está implantado un régimen de apartheid, esta vez no contra los negros sino contra los negacionistas, mediante la creación y segregación de dos razas virtuales: los sumisos colectivistas y los rebeldes liberacistas. Reproduciremos en nuestras retinas escenas que el cine negro histórico había dejado atrás. Dos razas con distintos derechos sociales y políticos, justificados bajo no importa qué razones, como tampoco importaron en la Unión Soviética de los gulag, la Alemania Nazi de los campos de concentración, la Sudáfrica de Mandela o la Norteamérica de Rosa Parks. Los que se opongan al régimen de la Nueva Normalidad no podrán viajar, ni trabajar, ni estudiar, sufrirán el desprecio, cuando no el odio o el linchamiento de la mayoría afirmacionista y tendrán que arrodillarse frente a los nuevos supremacistas de color ideológico.

Todas las ideologías y creencias colectivistas sin excepción se unirán contra los liberacistas. Ya lo están haciendo. No tener ideología o creencia será motivo de sospecha y exclusión social. Ya está sucediendo.

Se ha iniciado el apartheid con la llegada de las vacunas y las nuevas cepas aún más virulentas. Estamos en ese mundo que apenas hace unos meses sólo existía en las películas, los libros de historia y las novelas de ciencia ficción. Un escenario envuelto en irrealidad teledirigida que no se puede explicar desde el pasado ni, tampoco, desde el presente. Porque nunca en la Historia de la Humanidad había sucedido un cambio de tal envergadura, rapidez y perfección como el que estamos viviendo. Por eso todo es desconcertante, increíble. Y una inmensa y sutil corriente de aturdimiento nos arrastra hacia la mansedumbre y la indiferencia de la Nueva Normalidad.

Sin embargo, a poco que elevemos la mirada por encima de tropel de cabezas arrastradas por la riada, vemos que es imposible poner de acuerdo a la práctica totalidad de los poderes sociales de todos los continentes, ideologías, intereses geoestratégicos y desarrollo económico y tecnológico. Y que todo parece haber ocurrido porque, de repente, alguien ha apretado un botón “mágico” o lanzado una consigna subliminal.

La Nueva Normalidad mezcla de forma indiferenciable la inducción a la sospecha y el sentimiento de irrealidad, el afirmacionismo y el negacionismo, la duda de si estamos viendo la realidad oculta o si somos víctimas de la paranoia que están alimentando…

¿Quiénes?

Sólo desde el futuro, ahora sorprendentemente inmediato, se puede entender lo que sucede y aventurar lo que va a ocurrir no ya en las próximas décadas o años, sino en cuestión de meses. Y ese futuro viene determinado por un escenario para el que esos “quienes” a los que vagamente identificamos como élites en la penumbra, depredadores ocultos tras las sombras del bosque, están tramando sus planes, mientras tratan de acomodar su estrategia a los caóticos movimientos de la inmensa y estúpida estampida en la que se ha convertido el Mundo. Un vertiginoso aluvión de cambios ante el que sus presuntos ejecutores están tan perplejos como el resto de los mortales. Porque, en el fondo, también ellos albergan el convencimiento de que nadie ni nada conocido controla el perfecto caos de la mayor riada histórica desde el Diluvio.

Sólo podemos saber con seguridad que nos dirigimos a un escenario marcado por un nuevo mega ciclo de la Historia Humana que sustituirá al Neolítico, en cuyos estertores nos encontramos. Una nueva era, el Ciberlítico, que explica eso que llamamos “Nuevo Orden Mundial” como el plan de los colectivistas de siempre para controlar en lo posible la riada y quedar como dueños de lo que quede tras ella.

Los mansos, esa mayoría de personajes no jugadores, poblarán la Tierra Ciberlítica hasta que sus verdaderos dueños no los necesiten ni siquiera como paisaje y, entonces, sobrevendrá el verdadero Nuevo Orden Mundial. Mucho antes de lo que estamos dispuestos a creer. Mucho después de lo que tememos. Cuando la nueva especie que lleva años evolucionando entre nosotros sin que nos demos cuenta de lo que son y lo que serán, pongan fin a la burbuja poblacional y a la gran estafa piramidal a la que llamamos Neolítico, Civilización, Viejo Orden Local.

Son los Homo machina. Son nuestros hijos. En ellos sobreviviremos después de que los mansos hayan abandonado la tierra que se les prometió heredar y el NOM de las élites oscuras haya sido convertido en polvo de lo que una vez fue la Historia.

Un comentario en “Escenario

  1. E.R

    Afortunadamente Dios tiene otros planes . Para los mansos de corazon y para aquellos cuya fe sea inquebrantable. Todo lo que describes ha de ocurrir , asi estaba escrito hace casi 2 mil años . (Revelación, la Biblia ) de momento Dios no va a actuar , pero cuando diga “basta” esa elite malvada y satanica sera destruida para siempre . Animo ! Estamos al final de toda esa terrible maldad ! Yo no me voy a vacunar , y si soy eliminada , pues da igual . No sere esclava de esa elite ! Seguid informando y abrid los ojos de todos aquellos que valoren la libertad mas que la propia vida . Y tened fe , buscar a Dios cuyo nombre es Jehova en la Biblia .Buscad la paz y bondad de su hijo Jesucristo y no olvideis que si pudo vencer hasta la misma muerte tambien va a vencer a sus enemigos . La verdad os sera revelada .

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