El Error Witiza

11 Diciembre 2020

Extracto de “Homo Simulator” https://www.amazon.es/Homo-Simulator-Rafael-Ortiz-Garcia-ebook/dp/B086Z38P2Z

Si se desnaturaliza la lealtad, el milagroso equilibrio con la disidencia se desmorona y nace una disidencia desleal que se transforma en lucha fratricida. Un ejemplo de esta alianza con el exterior para lograr el triunfo sobre el adversario interior convertido en enemigo al romperse el binomio del europeo ancestral y desaparecer la lealtad lo encontramos en la invasión mahometana del reino visigodo de Hispania: El “Error Witiza”.

Los reyes de la Hispania visigoda eran elegidos por los nobles, lo cual causaba intrigas y sangrientas luchas por el poder a las que se denominó morbus gothorum o “la enfermedad de los godos”. Esta enfermedad se produce cuando la sociedad no actúa como un solo grupo sino como campo de enfrentamiento entre distintas facciones que buscan el poder.

La conquista de la Hispania goda por los mahometanos estuvo presidida por uno de estos enfrentamientos. Los seguidores del rey Witiza, al que había sucedido el rey Roderico, decidieron apoyar a los mahometanos, que invadieron la península desde el Magreb, pensando que podrían utilizarlos para hacerse con el poder y, luego, deshacerse de ellos. Y con este objetivo en mente, los seguidores de Witiza, que lideraban las alas del ejército visigodo en la batalla del Guadalete, se pasaron al enemigo en el momento crucial llevando a la derrota de las huestes de Roderico.

Por supuesto, los invasores mahometanos no tenían intención de disfrutar del botín y volverse a sus tierras, sino que ocuparon toda la Península Ibérica y, tras pocos años de condescendencia con sus aliados witizianos, terminaron haciéndose con el poder absoluto.

El Error Witiza consiste en apoyarse en fuerzas exteriores para lograr vencer en una lucha interior.

La invasión musulmana de Hispania se produjo en un contexto caracterizado por la indefensión de la sociedad visigoda, confiados en la tolerancia inicial que mostraron los mahometanos. Pero nunca habría sido posible sin el “morbus gothorum” que llevó a la división política y a la traición de los “fidelis regis” de Witiza, persuadidos de que los musulmanes les servirían para tomar el poder pero no serían un peligro para su poder.

Desde todos los puntos de vista, el reino visigodo era suficientemente poderoso como para haber impedido la invasión. Pero tenía una debilidad social que le llevó a no defenderse y a permitir el triunfo de los musulmanes. El error Witiza, la debilidad sustentada en la solidaridad indiscriminada y un engaño mitológico: La III Guerra Mundial.

La II Guerra Mundial fue iniciada por el nacionalsocialismo (la Alemania Nazi) y el internacionalsocialismo (la Rusia soviética). Tras derrotar a uno de los contendientes mediante una alianza coyuntural con Rusia, exactamente igual que la que se había dado entre esta y Alemania, la Guerra Fría no fue sino la continuación de esa II Guerra Mundial inacabada. La socialdemocracia y el neofeudalismo instaurado en Europa para defenderse del avance de las tropas ideológicas comunistas tuvo un éxito de altísimo costo en la medida en que estableció una debilidad profunda que ahora está siendo explotada en la tercera fase de la II Guerra Mundial.

Llamar III Guerra Mundial a esta última fase de la contienda desatada en 1939 con la invasión de Polonia por Alemania y Rusia genera una perspectiva engañosa que forma parte de la estrategia del bloque colectivista. Porque la mejor forma de vencer a un enemigo superior es hacer que se mantenga indefenso a la espera de un conflicto convencional que nunca va a llegar, mientras es invadido de forma atípica desde fuera y desde dentro.

Los defensores del mundo libre están completamente engañados por el enemigo tratando de buscar lo más parecido a un campo de batalla convencional en un conflicto que se ha definido como radical y profundamente distinto a todos los demás. Andan luchando contra molinos de viento, persuadidos de que son los gigantes mitológicos contra los que se decide el futuro de la Humanidad. Y no son gigantes sino enanos que distraen la atención de los quijotes aliados para que sus antiguos enemigos colectivistas los derroten sin realizar ni un sólo disparo.

No. El terrorismo no es la forma característica de enfrentamiento en la III Guerra Mundial. Porque esa guerra como tal no existe. La prueba es que sus efectos, desde el punto de vista bélico, son ridículos, a pesar del desmesurado eco que logran en las débiles sociedades europeizadas. El terrorismo en sí mismo nunca logrará invadir y dominar a una sociedad europeizada, porque no es una estrategia de éxito militar sino al contrario, una muestra de impotencia militar utilizada como distracción por la potente propaganda del mundo colectivista. El terrorismo es un termómetro de lo débil que es la sociedad a la que ataca y de su propensión a no defenderse.

El uso limitado de la fuerza en la guerra de Vietnam, que llevó a la derrota de la nación más poderosa de la Tierra, fue una consecuencia directa de la debilidad social americana. Los asuntos políticos internos, un morbus gothorum light, estaban fuertemente condicionados por la opinión pública (en el reino electo visigodo por los nobles), fácilmente manipulable en la era de la globalidad y la información gracias al control de los medios de comunicación, impidieron usar toda la fuerza de la que eran capaces los EEUU y con la que habrían obtenido sin ningún género de dudas la victoria. El resultado fue que, gracias a la presión del conglomerado de solidaridad indiscriminada, y a la división de la sociedad americana, los vietnamitas perdieron su libertad y su prosperidad.

El Error Witiza fue determinante para que un ejército más poderoso se dejara derrotar por otro más débil. Pero en el caso que vamos a describir a continuación ni siquiera llegaron a enfrentarse dos ejércitos.

Franco agonizaba. La única dictadura europea no comunista desde el final de la II Guerra Mundial tocaba a su fin y las incógnitas eran tan abrumadoras como cuando un rey visigodo moría y los partidarios de las distintas facciones se preparaban para luchar por el poder. La debilidad social de España era extrema. Tan extrema que fue aprovechada por sus vecinos mahometanos magrebíes (de nuevo la Hispania visigoda) para ocupar el Sahara Occidental sin realizar un solo disparo.

El 29 de Abril de 1975 cayó el gobierno de Saigón y se consumó la derrota del ejército más poderoso de la Tierra. Apenas seis meses después, el 5 de Noviembre de ese mismo año, el rey Hasán II de Marruecos anunciaba que, al día siguiente, ocuparían el Sahara Occidental. Fue un año decisivo en la Historia de la Humanidad, pero no porque la nación más poderosa la Tierra se hubiera dejado derrotar por un ejército inferior, sino porque se iba a ensayar con un éxito demoledor una táctica inaudita.

La situación de EEUU y, especialmente, de España en aquellos años recordaba en gran medida lo ocurrido al reino Visigodo en Julio del 711. Cuando los musulmanes entraron en Hispania los visigodos se encontraban, como de costumbre, enfrascados en un conflicto interno por el poder que mantenía a Roderico y su ejército sofocando una rebelión en el norte. Durante la acometida comunista en Vietnam, los EEUU se encontraban divididos por la misma tensión que había generado en Europa el antídoto socialdemócrata y que en ambos lados del Atlántico llevó a un Error Witiza que prolongó innecesariamente la Guerra Fría. Pero en España las cosas pintaban mucho peor, dado que se encontraba en una situación de máxima debilidad política por la muerte del dictador y por el decisivo apoyo de los EEUU y Francia al Reino de Marruecos.

El Rey Hasán II no anunció que su ejército ocuparía el territorio español, sino que lo harían civiles desarmados mediante una marcha pacífica. La Marcha Verde. Y esa era la diferencia sustancial con el caso americano en Vietnam y con la invasión del reino visigodo. En el Sahara no se produjo un enfrentamiento militar sino que se explotó al máximo la debilidad social española mediante la simulación de una oleada migratoria. Y España, sencillamente, se negó a defenderse ante un grupo de civiles desarmados. ¿Por qué? Pues porque la opinión pública internacional, los aliados y los países europeos y europeizados no tolerarían que se usara la fuerza de las armas para detener la fuerza de las no armas.

Las oleadas migratorias a través del Mediterráneo, desde Libia o Marruecos, las pateras, la gran marcha de refugiados desde el Cercano Oriente a través de Turquía alentada desde dentro de la UE por una facción de “godos socialcristianos” o las caravanas de emigrantes centroamericanos hacia la frontera de EEUU a través de México (siempre hay un a través) son réplicas de la Marcha Verde que ahora sufren quienes en su día no la condenaron, los países europeos y europeizados encabezados por EEUU y Francia. Réplicas de “Marcha verde” como la de “Refugees Wellcome”, que colocó a la UE ante una crisis política sin precedentes por la que nueve meses después los británicos decidirían en referéndum abandonarla, mientras que los partidos antiinmigración indiscriminada, llamados populistas, identitarios o eurófobos por los pro inmigracionistas, alcanzaban cotas de apoyo impensables apenas cinco años antes.

La nueva invasión neolítica se lleva a cabo mediante el principio de Marcha Verde, explotando al máximo la debilidad social que, alentada desde dentro por el Error Witiza, impide usar todo el poder disponible para defender los restos del modelo disidencia-lealtad que perviven en la Europa neofeudal invadida por oleadas de “voluntarios civiles desarmados”.

La Marcha Verde fue el ensayo de la estrategia que domina el actual enfrentamiento, pero no ha sido el inicio de ese enfrentamiento al que sólo en el mundo libre se llama III Guerra Mundial. Sirvió para evaluar el nivel de debilidad que pueden alcanzar las sociedades basadas en el modelo de disidencia-lealtad cuando este se desnaturaliza mediante la simple manipulación informativa, la propaganda y la ocultación de datos propia de una estructura neofeudal.

Si en Polonia se ensayó con éxito la blitzkrieg, “guerra relámpago”, en el Sahara Español se probó con no menor éxito la weichkrieg, “guerra suave”. Esta última mucho más difícil de percibir como una verdadera guerra porque se trata de un enfrentamiento no armado, basado en inducir la indefensión del enemigo, sustentada por el Error Witiza de los socialdemócratas, al considerar que los mahometanos de hoy, como los del siglo VIII, se pueden utilizar de forma segura para obtener el poder en el escenario de un morbus gothorum contemporáneo.

El Reino Visigodo, germánico y profundamente europeo, se autoderrotó. Ahora no es un reino lo que está en juego, sino el desenlace del fin del mundo neolítico. El Armagedón. Una guerra real, cuyas consecuencias durarán mucho más que los ocho siglos de dominación mahometana de la Península Ibérica. Una guerra que comenzó en 1939 y que aún no ha concluido. Es la nueva y última guerra de los 100 años en su fase final a la que muchos denominan, para desconcertar al enemigo que los derrotaría si tuviera claros los términos de la contienda, III Guerra Mundial.

3 comentarios en “El Error Witiza

  1. Emilio

    Hace poco leí su libro Homo Simulator resultándome muy interesante el desarrollo expuesto, en especial su teoría de la simulación a través de la virtualidad… No me ha dejado indiferente nada de lo manifestado, es uno de esos libros que uno, en este caso yo, me alegro de que se haya cruzado en el camino, lo encuentro útil a la hora de ir desarrollando mi propio criterio, etc. Me interesa conocer su visión sobre Exopolítica la cual sigo con atención cierta. Un saludo Rafael.

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    1. Gracias, Emilio. La exopolítica es lo que más me interesa ahora mismo. Pero para una persona racional y educada bajo un estricto criterio científico, me produce cierto pudor. Es lógico porque aún no se dan las circunstancias para poder hablar de ciertas teorías sin sufrir la presión ambiental de la ortodoxia científica. Pero estoy convencido que la perspectiva exopolítica desde una teoría de Universo de mundos paralelos virtuales aporta mucho no sólo desde el punto de vista personal sino para comprender los cambios vertiginosos que se están produciendo. Intentaré no defraudar a nadie. tampoco a mi acentuado sentido racionalista. Un saludo

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