Anatomía de la sumisión

27 Septiembre 2020

Los gobiernos de las democracias representativas occidentales han caído en la trampa del timovirus chino esparcido como falsa pandemia por la OMS a la que aún siguen financiando esos mismos estados. Y lo han hecho por miedo al desgaste que podrían sufrir a manos de la oposición política concertada con los intereses del neocomunismo chino que ha enviado una bomba propagandística directamente al corazón de la mayor debilidad de la democracia: el poder de la opinión pública.

Decíamos en un artículo anterior (“Operación Pandemia”) que el bloque colectivista, que sobrevivió al cierre en falso de la II Guerra Mundial (uno de los dos causantes de la misma, el internacionalsocialismo soviético, quedó a salvo en el bando ganador), adoptó la táctica de explotar esta debilidad invirtiendo en los medios para manipular la opinión pública mediante, entre otros procedimientos, la construcción de conflictos sociales y la influencia en los grandes medios de comunicación que llevan a cabo utilizando mediadores “capitalistas” coordinados por un conglomerado ideológico que podríamos resumir como “colaboracionismo elitista”, como fue, en su momento, el de Henry Ford con el nazismo o el de George Soros y Bill Gates con el actual nacionalsocialismo chino, que es la poderosa sombra que se mantiene oculta tras muchas cabezas visibles utilizadas como parapeto y camuflaje (esos mismos colaboracionistas y la tropa de ilusos seguidores que los siguen de buena fe).

La lógica que preside los increíbles, vertiginosos y aparentemente caóticos acontecimientos que estamos viviendo y en la que se basa la estrategia de esta Operación Pandemia que China ha lanzado para contrarrestar el exitoso ataque de la guerra de aranceles, es pasmosamente sencilla:

– Los políticos en las democracias representativas dependen de la opinión pública.

– La opinión pública está controlada por los grandes medios audiovisuales.

– Los medios audiovisuales amplifican la gravedad de una enfermedad (o de cualquier otro suceso social, ambiental, racial, migratorio…)

– Aquéllos políticos del mundo libre, dramáticamente dependientes de la opinión pública, que no respondan tal y como esos mismos medios determinan, se verán acusados de irresponsabilidad.

– Para evitar el daño en su carrera política, aceptan la gravedad ficticia y adoptan las medidas estipuladas por los medios de comunicación y los agentes sociales colaboracionistas, aunque no crean en ellas y sean conscientes del daño que van a causar a la sociedad: Supresión de derechos y libertades nunca vista en el mundo occidental en los últimos ¿200 años?, métodos de lucha epidemiológica medievales, destrucción económica sin precedentes desde el fin de la II Guerra Mundial…

Lógicamente, allí donde la partitocrácia es mayor y/o existe una menor madurez democrática, este proceso perverso en el que se ha basado la dictadura china para llevar a cabo el contraataque con el que detener la guerra de los aranceles (incluye de forma prioritaria impedir la reelección del autor de esa guerra, Donald Trump), el daño causado a la libertad y el bienestar económico de la población ha sido mayor.

Un endiablado círculo vicioso.

Porque, una vez que han caído en la trampa, para tapar/justificar su inmenso fracaso/error los líderes políticos en el poder y la oposición que se apoyó en el engaño para presionar a sus gobiernos, tienen que mantener la farsa de la gravedad, agrandando así los daños colaterales, haciendo de forma completamente gratuita el trabajo sucio al bloque colectivista, hasta convertirlos en un problema en sí mismos contra el que se debe reaccionar. ¿Como?, implantando medidas totalitarias permanentes y/o sacándose un as de la manga por el que, sin tener que reconocer su error y responsabilidad, puedan detener el círculo vicioso. Lo contamos en otro artículo anterior (“Hipótesis B”).

En los países donde se den las circunstancia propicias para profundizar en el totalitarismo mediante el proceso revolucionario blando de la Operación Pandemia lanzada por China, se mantendrá la farsa de la gravedad del COVID-19, incluso después de la vacuna, cuyas expectativas para desactivar el proceso en el que han caído la mayoría de los países del mundo libre ya están siendo rebajadas por la OMS al advertir que una vacuna será fundamental para luchar contra el coronavirus pero que no acabará con la pandemia por sí sola. Por tanto, “Las personas deben aprender a hacer ajustes permanentes en su vida cotidiana(la nueva normalidad totalitaria) para reducir al mínimo los contagios” (Tedros Adhanom, Director General de la OMS) ¿Está suficientemente claro?

Especialmente en los países donde el totalitarismo ha consolidado una cabeza de puente (España, Argentina…), se generalizará una penuria económica desconocida por las presentes generaciones así como un fuerte incremento de la delincuencia y de los conflictos sociales, todo lo cual se “solucionará” impidiendo la contestación social en contra de las medidas totalitarias, mediante la presión en los medios contra los disidentes/negacionistas/reaccionarios y la contraprogramación de manifestaciones de grupos progubernamentales altamente violentos que se adueñarán de la calle. Una realidad venezolana (Triste y olvidada Venezuela. Experimento piloto de lo que ahora se extiende por todo el mundo y aviso que deberían seguir los que quieren vivir en libertad y prosperidad)

No tenemos la distancia del tiempo para poder contemplar con nitidez la trascendencia de lo que ocurre, pero podemos describir y desentrañar algunos de los mecanismos de implantación comunes a todo totalitarismo. Quizá no sean los más determinantes desde un punto de vista tradicional, pero sirven para trazar los rasgos de este combate atípico entre el colectivismo y el liberacismo, y para lanzar algunas recomendaciones coherentes con la extraña singularidad de estos tiempos.

El tiempo. Este, y no propiamente la violencia, es el principio defensivo por excelencia de la mafia: No hacer nada, desaparecer hasta que todo se haya olvidado. No responder nunca a las acusaciones. Dejar pasar el tiempo, sin defenderse y actuando discretamente contra los activistas cuando ya no son el foco de atención. De este modo, usando el vacío temporal, sembrando y cultivando el olvido, se puede imponer cualquier normalidad: la nazi, la estalinista, la maoista o la del hampa. Basta con dejar pasar el tiempo sin que suceda nada o haciendo que lo que sucede se convierta en nada.

El miedo. El fin último de todo proceso totalitario es desmantelar lo púbico excepto en su vertiente represora y de ingeniería social. Los servicios públicos colapsan y, poco después, desaparecen. ¡No hay consultas de atención primaria en España!. Se generaliza y acepta un sentimiento colectivo de desamparo. Los mecanismos de control del poder ejecutivo quedan anulados, la seguridad ciudadana también (okupas, menas, no-go zones, violencia antifa…) ¿Has probado a conducir con miedo, a defenderte con miedo…? El miedo es el principal inutilizador de la persona. En miedo permanente viven los herbívoros gregarios, en masa anónima (no puedes hacer reuniones de grupos personalizados, como hacen los depredadores o los primates). En esas condiciones resulta increíblemente sencillo llevarlos a donde quieres con tan sólo insinuar un peligro (que ladre el perro pastor y haga el amago de atacar a las ovejas). Y sobre el miedo se sustenta otro principio, quizá el fundamental, del totalitarismo colectivista:

La despersonalización es equivalente a un estado gregario, de manada, que se produce igualmente aunque estés solo. La despersonalización es la esencia del colectivismo que alimenta y, a la vez, es alimentada por el miedo difuso, constante, acechante que te predispone a entregarte a la protección de la masa, asumiendo las opiniones y las reacciones mayoritarias inculcadas y dirigidas por las consignas de los protectores/pastores. Pero la despersonalización no sólo destruye la identidad individual para sumirnos en una Verdad y respuesta única, la de la manada, sino que elimina la confianza en la fuerza individual y acaba con las veleidades que pueda tener alguien para resistirse, defenderse, atacar. “No eres nadie y, por tanto, no puedes hacer nada”. La mascarilla es un masificador que destruye nuestra identidad y nos somete a la inercia de la manada mucho más allá de lo que imaginamos. Por eso se está imponiendo en toda circunstancia en España, experimento piloto junto a Argentina y cabeza de puente desde las que propagar el totalitarismo al resto del mundo libre (no lo olviden quienes se sientan por ahora a salvo en otros países)

El sectarismo es otra forma de despersonalización, mucho más difícil de eliminar porque la asumimos como una decisión libre. ¿De qué hierro eres?. “Yo soy…” cualquier palabra que siga a esta frase y no sea “yo” implica que la libertad personal ha sido sustituida por un programa colectivo que produce percepciones de la realidad, opiniones, deseos, decisiones y actos automatizados. Se anula cualquier capacidad de crítica personalizada y las opiniones se conducen en “manada” siempre a favor de la corriente marcada por la adscripción ideológica, política, religiosa… Es muy significativo que determinadas corrientes de pensamiento permitan la crítica hacia los “nuestros” en mayor medida que otras. El sectarismo es menor, por ejemplo, entre liberales (en su acepción europea) o cristianos que entre nacional o internacionalsocialistas y musulmanes. Cuanto mayor es el poder colectivista de unas ideas mayor es su capacidad para convertirse en ideología sectaria y fanática. Cuando más valor tiene la libertad individual (el libre albedrío del Dios cristiano), menor es el sectarismo y, por tanto, mayor la dificultad para imponer un régimen totalitario.

Y algunas recomendaciones que, como hemos dicho más arriba, no son las que la ortodoxia “académica” incluye en su manual de resistencia frente al totalitarismo. Pero que quizá tengan alguna utilidad imprevista al iluminar aspectos de esta vieja y extraña realidad que sacude la Historia cada vez de forma más frecuente y radical y, especialmente, hacer luz sobre escondidos rincones de nuestra inconsciencia que cobran una importancia decisiva ante esta nueva oleada colectiva de miedo a la libertad.

Resiste activamente a la propaganda totalitaria de la televisión y de cualquier otro medio, desde el vecino a las redes sociales. No basta con “ya sé que manipulan, pero no hago caso”, porque sí estás haciendo caso. Al no reaccionar de forma contundente, al no contestar en tu interior o de forma expresa, permites el efecto subliminal de la propaganda. A través de las noticias, las opiniones, las críticas contra tu opinión o actitud, vas incorporando a tu inconsciente las premisas, los ejes sobre los que interpretar el mundo que quieren que asumas como punto de partida para plantear las cuestiones, la discusión… la realidad. De este modo, cuando no ofreces resistencia a la propaganda, te inoculan el “síndrome negacionista” (antiguamente “hereje”) por el que aceptas inconscientemente los términos del debate como equivalente de campo de batalla elegido por el enemigo. Las reglas del juego, entre las que destaca el principio de proporcionalidad, por el que los medios para la defensa de nuestros argumentos, aún siendo superiores, debemos limitarlos para que no superen a los del adversario/enemigo. Renunciamos a utilizar toda la batería de razones, datos y hechos con la misma o superior contundencia con la que ellos lanzan sus medias verdades, sus mentiras repetidas mil veces al modo goebbeliano. Debemos ser corteses, moderados, proporcionados, limitando la ironía, la sagacidad… Renunciamos a la eficacia propagandística, al uso de todas nuestras armas con toda su intensidad.

Aceptamos que lo mejor que podemos hacer es no hacer nada, no responder, no estar “constantemente replicando” sus constantes manipulaciones. Nos dejamos convencer por la idea de que no merece la pena. Cedemos finalmente a la caricatura que construyen de nosotros (negacionistas, conspiranóicos, insolidarios…) y nos entregamos a la simplismo de la manada, al vacío mental que se produce en los rumiantes cuando la sangre abandona el cerebro para atender a las inacabables digestiones. Apagamos el modo crítico y dejamos de ver la manipulación omnipresente, no sólo en las opiniones de la masa “afirmacionista”, en las noticias, los foros de opinión, los estudios de los expertos (los doctores infalibles de la Nueva Iglesia)… y hasta en las películas y las series aparentemente “inocentes” y “neutrales” ideológicamente pero que llevan una carga oculta de ingeniería social por la que logran un lavado de cerebro unas veces sutil y, otras, absolutamente evidente y burdo.

Ejemplo del primer caso es “Sucesor Designado” (“Designated Survivor”), donde un ciudadano “normal”, solidario y apolítico (no es republicano ni demócrata) nos trasmite la idea de que hay principios e intereses que están por encima del debate político, es decir, que son incontestables, y que, por tanto debe imponerse un “consenso” de “partido único” que se corresponde, cómo no, con los valores del colectivismo adaptados al gusto de las sociedades democráticas en forma de mantras o ideales lo suficientemente “elevados” y difusos como para hacernos marchar a las nuevas cruzadas que no tienen como objetivo al enemigo de nuestra forma de vida sino a nuestra forma de vida basada en la libertad, la prosperidad y la fuerza para defendernos: el multiculturalismo, el pacifismo simplista sustentado en el sentimiento de culpa y la proporcionalidad autolimitante que equivale a la indefensión, la defensa de la inmigración masiva, descontrolada e ilegal, al viaje a la pobreza como única vía del ecologismo conservacionista, el cambioclimatismo (antiguo “calentamiento global”) y, especialmente, la tolerancia con la intolerancia como prueba suprema de nuestro amor por la libertad. El objetivo del presidente por accidente y de su muy solidaria esposa, además de impedir que un gobernador republicano pisotee los derechos de los ciudadanos musulmanes, constantemente presentados como minoría perseguida, es construir un gobierno compuesto por demócratas y republicanos “moderados”. Es decir, un gobierno de partido-ideología única cuyos principios se corresponden con los del colectivismo.

Como ejemplo patéticamente zafio de manipulación omnipresente en los medios y productos culturales dominados y/o subvencionados por el colectivismo tenemos la serie “El cuento de la criada” (“The Handmaid’s Tale”), que describe un mundo de ficción en el que los cristianos (radicales) imponen un orden social, moral, legal, económico y cultural exactamente igual que el que existe en la vida real en el mundo islámico, el mismo que se pretende que ocupe y someta al mundo libre, con especial inquina sobre las mujeres, “no-go zones” regidos por los mismos principios que la serie adjudica a los cristianos fanatizados que, por cierto, replican el arquetipo en el que la leyenda negra colectivista pretende demonizar al mundo libre, occidental, democrático y solidario.

Protege tu individualidad. Lo público ha fracasado. Una dictadura es equivalente a un estado fallido. No puedes contar con la protección social. Sólo puedes contar contigo mismo y con los tuyos, los de verdad, los más próximos, los absolutamente fiables ¿Poca cosa? En absoluto. Protege tu individualidad. Mímala. Reafírmate. Aplica un egoísmo positivo, que no conlleve ni se centre en la negación o el daño innecesario a los demás. Pero no cáigas en ese “sálvese el que pueda” en el que esperan que caigan los disidentes. Un estado sin esperanza, sin el objetivo de acabar con la dictadura, afectados por un síndrome de Estocolmo resignado, por el que no los justificamos, pero los consideramos invencibles, intocables.

Salvarse cada uno selectivamente, es decir, dañando sobre la marcha, sin perder nuestro rumbo ni perjudicar nuestro interés, a los que nos dañan: partidos políticos de la sociedad de Vichy y empresas que sostienen a los medios de comunicación colaboracionistas. Boicot absoluto a dos o tres de esas principales empresas. No se compran sus productos y, además, se hace publicidad en contra siempre que tengamos ocasión. ¿Poca cosa? Tratarán de convencerte de eso. El mismo boicot a los partidos políticos colaboracionistas con el proceso totalitario implantado al amparo de la falsa gravedad del virus chino: no les votaremos a ninguno sean de derechas o izquierdas y, además, no perderemos ocasión de hacer propaganda en contra. ¿Poca cosa? ¿Olvidamos que ellos son una minoría exactamente igual que nosotros, solo que conscientes del poder de sus acciones amplificadas en el eco de la inmensa mayoría convertida en manada rumiante? ¿Olvidamos que nosotros somos tan minoría inmensa como ellos; que somos élite?

Ese es el “sálvese quien pueda” que debemos seguir: una resistencia personalizada haciendo que el totalitarismo no pueda salvarse a sí mismo. Salvar nuestra libertad y bienestar económico como podamos, que podemos mucho si utilizamos todas nuestras fuerzas sin autolimitaciones ni complejos de inferioridad o culpa, sin aceptar que ellos establezcan las reglas de la contienda basadas en la proporcionalidad, es decir, que no usemos todo nuestro poder porque, si lo hacemos, ellos, los colectivistas, no podrían ganarnos. Hacer que nuestra individualidad sea un espacio social libre de totalitarismo. Simplemente con eso ya es mucho. Ir a lo nuestro. Salvarnos a nosotros y a los nuestros. Porque es lo más efectivo para salvar a todos los demás: ejercer nuestra individualidad. Lo que hacen ellos, los líderes colectivistas, que no son ni más ni mejores que nosotros.

Haz de tu vida lo que quieres conseguir para toda la sociedad. Sé libre para poder propagar el virus de la libertad. Porque la libertad o es individual o es mentira. Y esa mentira es la que constituye la anatomía de la sumisión.

2 comentarios en “Anatomía de la sumisión

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s