Resistencia

22 Septiembre 2020

Argentina lleva en estado de excepción, suspendidos los derechos y libertades fundamentales y bajo un régimen parapolicial desde el 20 de Marzo. Hasta hoy, algo más de seis meses, medio año de golpe de estado que continuará, oficialmente, hasta el 11 de Octubre. Oficiosamente hasta el 11 de siempre. Lo terrible de la situación argentina no es que se encuentre bajo un régimen totalitario, sino que ni los argentinos ni el resto del mundo parecen ser conscientes de la enorme gravedad de lo que está sucediendo o, si lo son, parece no importarles demasiado. Desde luego no como les hubiera importado hasta hace poco, cuando aún la libertad y bienestar económico era la aspiración máxima para diferenciarnos de la dictadura y la miseria que traen todos los sistemas colectivistas.

Ese es el gran golpe. Que aceptemos sin más la falsamente necesaria pérdida de nuestra libertad y bienestar económico. Ahí se da la batalla. Con esas armas.

En España se han confinado parcialmente algunos barrios de Madrid, después de una semana con 3 ingresos en UCI atribuidos a la COVID-19. Todos los medios informativos sin excepción (de izquierdas y derechas) y todos los partidos políticos, también sin excepción, están bombardeando a la opinión pública para convencerla de una gravedad que, por el misterioso efecto frontera, desaparece a pocos metros, en cuanto entras en Portugal. Todo, menos los recursos sanitarios, claro, está siendo preparado para el nuevo desastre sanitario con el que terminar de convencer a la sociedad de que hay motivos para perder los derechos y libertades y hundirnos aún más en la miseria sin la que no pueden florecer las fétidas flores del colectivismo. Un desastre de nueva gripe española que muestre el resto del mundo libre que la pandemia no es un engaño militar del ejército popular chino, que no es un cuento, que el peligro es real y que, por tanto, debemos abandonar toda reacción en contra, toda resistencia, para rendirnos al totalitarismo si queremos sobrevivir. Aunque, tal vez, lo único que habría que hacer para vivir seguros es cruzar una frontera, la misma que el virus parece respetar, aquella que divide a los países que conservan su libertad y su prosperidad y, además o precisamente por eso, no sufren los zarpazos de ninguna ola pandémica.

Lo sé. La farsa es muy burda. Por eso funciona.

La fulgurante y devastadora ofensiva que, no hay que dejarse engañar, desató el nacionalsocialismo chino y no las élites de idiotas capitalistas que creen que son más listos que nadie y buscan pescar en el río revuelto de miseria, dentro de poco de muerte, por los colectivistas de siempre, ha destruido casi por completo las defensas democráticas de las dos cabezas de puente por las que pretenden invadir al mundo libre. Unas defensas constituidas por la capacidad crítica, la libertad de opinión y reunión y la voluntad de lucha de los ciudadanos.

Esas son las armas que hay que tomar. Y de forma urgente.

España es el eslabón más débil de la cadena europea. Tiene elementos comunes con Argentina que son los que explican que el ejército popular chino haya elegido a estos dos países como playas desde las que invadir el continente liberal occidental y, un poco más tarde, las islas liberales del oriente, las más cercanas, que caerán como fruta madura sin el apoyo de sus lejanos aliados.

  • Gobiernos colectivistas.
  • Oposición inutilizada, jugando en el terreno que marcan los colectivistas.
  • Medios de comunicación completamente en manos del colectivismo.
  • Alta clase empresarial dependiente de las decisiones políticas.
  • Pueblos “domesticados” por una larga tradición dictatorial apenas moteada con periodos de democracia formal controlada por bandas políticas mafiosas. Pueblos que han aprendido a vivir como los ciudadanos de los territorios dominados por la mafia: con realismo resignado. Una vida de omertá, de clandestinidad cotidiana para no señalarse, buscando siempre el favor del Don para colocarse en el entramado de la banda.

¿Hay algún Eliot Ness en Argentina o en España? ¿Alguien capaz de organizar una Resistencia? ¿Alguien que llame a las armas para dar esa batalla cultural que estamos perdiendo de forma abrumadora y vertiginosa? ¿O acaso nadie ve pasear las cruces gamadas, los libros rojos, los colaboracionistas y los marcados con la nueva estrella de David por las calles, las televisiones, los juzgados, las comisarías, los colegios médicos, las universidades o las asociaciones empresariales? ¿Nadie ve a Pétain y es por eso que De Gaulle sigue en su puesto?

El pueblo, nuestros pueblos, están, y con razón, escarmentados de soflamas, de jarramantas que, subidos al camión megáfono en mano, nos venden a precio de saldo una vida como la de los ricos, para marcharse luego en el cochazo que tienen aparcado un poco más allá y mandar a sus matones para que nos recuerden que debemos pagarles la protección: la mitad de nuestra vida de esfuerzo y talento. Pero ¿Dónde están esos sectores mejor formados de la sociedad, jueces, fiscales, médicos, profesores, intelectuales, empresarios de verdad, periodistas… ¿No hay nadie que abandere la Resistencia? ¿Ellos también se rindieron hace generaciones? ¿De verdad se creen la farsa? No. Es imposible. Lo único posible es el miedo. Esa es la única explicación de que, más allá de una línea imaginaria a la que llamamos frontera, el terrible virus no ataque ni sea necesario retroceder quinientos años para enfrentarse a él.

Dos pueblos señalados en un mapa por los estrategas de esta ofensiva que nos muestra cuán poco hemos avanzado de verdad o cuán fácilmente se pueden desbaratar los avances de siglos.

Estamos, allí y aquí, domados por la Historia para desconfiar de esos cuentos de libertad. Por eso nos han elegido. Por eso nos derrotan con un cuento chino. Y también por eso, porque es un cuento, tenemos la oportunidad de tomar las armas y parar al enemigo enfrentando la farsa y destruyéndola, como se lucha en toda guerra, persona a persona, cada uno apretando el gatillo de su libertad. Porque, si no, nuestra Argentina y nuestra España serán completamente conquistadas en menos de seis meses y el resto del mundo libre sucumbirá poco después a la gran ofensiva que está por llegar, una vez que se haya propagado el ejemplo de la gran derrota de esas cabezas de puente hispanas y el convencimiento de que toda resistencia es inútil.

Que no se engañe nadie. Si caen Argentina y España, cae el resto del mundo. Porque nuestras naciones no son casos aislados de tradicional fracaso democrático. No son esa caricatura que ha forjado la historia negra. Son las cabezas de puente que el viejo colectivismo vestido de nueva normalidad (la de cualquier dictadura) está consolidando en vivo y en directo, mediante una batalla repleta de caos, traición, sedación social y falsa realidad.

Nadie descarte (todo el mundo de por seguro) que una segunda oleada vírica más mortal que la primera asole al mundo, especialmente al mundo libre, confirmando la veracidad del cuento chino y convenciendo a los negacionistas de que la única forma para sobrevivir al apocalipsis es la que nos mostraron en aquél Wuhan que hoy, trabaja, prospera y se ríe: confinamiento, estado permanente de excepción democrática, suspensión de los derechos y libertades: Nacionalsocialismo chino.

Una segunda oleada que se llevará sin ninguna clase de dudas a la consolidaciòn de la normalidad colectivista si el único gran estorbo que la Wehrmacht popular china tiene en el horizonte sale derrotado en la decisiva batalla del 3 de Noviembre: Donald Trump. Porque sin las ataduras de un político profesional, con el respaldo de su fortuna y con cuatro años por delante para tomar decisiones sin los condicionantes de una nueva reelección, las cosas se pondrán muy feas para el nuevo nacionalsocialismo y sus colaboracionistas de la Argentina, España, Australia o Alemania de Vichy. Sólo un hombre, porque el partido Republicano, sin otro Trump, no es enemigo. Un sólo hombre muy fácil de abatir. Eso es lo que nos separa de la colectivización total y global… si no tomamos las armas y, cada uno de nosotros, sólo un hombre o una mujer, desde las ventanas informáticas de nuestras casas, en la calle, en el trabajo, allí donde estemos, apretamos el gatillo de nuestra libertad sin miedo, sin escepticismo, sin omertá.

Que no nos convenzan de que no sirve para nada. De que poco podemos hacer. Siempre que tengamos ocasión debemos dar la batalla de la información, desmotando la farsa, disparando la verdad hasta matar el espejismo. Porque las minorías, incluso las de uno solo, se convierten en inmensas cuando deciden usar sin ninguna restricción todas las arma que tienen a su alcance.

A la Resistencia sólo puede derrotarla la no resistencia. Sólo si pensamos que no valemos nada No haremos nada. Eso es lo que persiguen. En eso se sustenta su anunciada victoria.

Desobediencia. Disidencia. Voz. Fuerza. Alianza.

Si no, dentro de pocos meses será tarde. Será nunca. Por mucho que el cuento chino dentro de tu cabeza te diga con una sonrisa de desprecio que soy un exagerado, un conspiranóico… un radical ignorante y alarmista que quiere desestabilizar a la sociedad y desarmarla ante el peligro de la pandemia, no lo escuches. Tú eres la resistencia. No hay nadie más.

Bueno sí. Un tipo llamado Donald Winston Eisenhower De Gaulle, al que intentarán abatir antes o después de que se alce con la victoria el 3 de Noviembre de 2020, para que sea más fácil abatirnos a todos los que queremos vivir en libertad. En Argentina, en España… o en China. Que allí también hay hombres y mujeres libres, luchando en la Resistencia, y a los que los aliados confinados en el Dunkerque pandémico, desconcertados y aterrados, han olvidado y no deberían hacerlo. Tampoco a los que luchamos en las playas de nuestra Argentina y nuestra España, para que la batalla de Noviembre no se convierta en un triunfo tardío e inútil.

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