Operación Pandemia

20 Septiembre 2020

El escenario geoestratégico actual es tan claro, que ni la vertiginosa sucesión de acontecimientos impensables hace tan sólo un año, ni la calculada confusión informativa introducida por propios y extraños, por los nuestros y por los otros, debería ocultar la cuestión determinante que está decidiendo el signo de esta tercera fase del enfrentamiento entre colectivistas y liberacistas que no concluyó con el fin de la IIWW ni de la Guerra Fría.

Todo orbita alrededor de la rentabilidad de las inversiones en defensa. Rentabilidad de las inversiones en medios y en operaciones.

Es mucho más rentable invertir en medios de comunicación, vectores de opinión (personajes académicos, expertos o constructos mediáticos como Greta Thunberg), instituciones “neutrales” como la ONU, la OMS, universidades, ONGs… o sucesos y mantras ideológicos (BLM, oleadas migratorias, sostenibilidad, solidaridad inmigracionismo…) que en medios convencionales de poder como los portaaviones, los sistemas de información clásicos (espías) o las operaciones militares convencionales.

¿Por qué? Pues porque el enemigo ha cambiado su estrategia y en el mundo occidental aún no se ha asumido ese cambio y/o no existe capacidad para adaptarse a la nueva situación.

¿Y cuál es la clave de esa nueva estrategia que se repite absoluta e invariablemente en todos los enfrentamientos? Plantear una weichkrieg (guerra suave) mediante la que se lleva al enemigo (nosotros, el mundo libre) a la indefensión, a no utilizar todos los medios no ya proporcionales a la agresión sufrida sino los totales para neutralizar esa agresión y eliminar la posibilidad de que se repita.

¿Cómo se lleva a cabo este escenario de enfrentamiento al que intentan constantemente arrastrarnos? Aprovechando nuestra mayor debilidad: la dependencia del poder político y la toma de decisiones de la opinión pública y la lucha partidista.

¿Cómo explotan esta debilidad? Mediante la ingeniería social.

¿En qué invierten los colectivistas? En medios y operaciones de ingeniería social.

¿Qué busca esa ingeniería social? Convencernos de que no nos defendamos con todas las fuerzas a nuestro alcance. Que limitemos nuestro poder hasta equilibrarlo o, mejor aún, dejarlo por debajo del suyo.

“Nosotros no somos como ellos”. “Somos mejores”. “No podemos responder a su mismo nivel”. “Nuestros valores y principios están por encima…” ¿De qué? ¿De nuestros intereses? ¿De nuestra libertad y prosperidad?

Y les funciona. Es así de estúpido, pero les funciona. Nos olvidamos de que nuestros valores, principios e intereses son una misma cosa: libertad y prosperidad. Si la perdemos, lo perdemos todo.

  • Medios de comunicación
  • Vectores de opinión
  • Instituciones “neutrales”
  • Mantras ideológicos

Con esas armas frenan el uso legitimo de nuestro poder de autodefensa para que no vaya más allá de los limites que ellos han establecido en sus programas de ingeniería social para que no podamos derrotarlos.

“Cuando os ataquemos, podéis usar la fuerza hasta aquí, sin sobrepasar nuestra fuerza de ataque. Yo puedo usar toda mi fuerza pero tú no puedes usar toda la tuya”.

Y admitimos que sean ellos los que impongan unilateralmente (a través de los mecanismos de control de nuestra opinión pública) cuál es el uso “proporcionado” de la fuerza que nos está permitido… por ellos. Pero usar la fuerza sólo en la misma proporción que la del enemigo supone renunciar a nuestra ventaja. ¿Por qué?

Tanto en la autodefensa colectiva como en la individual, el uso proporcional de la fuerza determinado por una de las partes, en este caso la más débil, es equivalente a no usar la fuerza y, además, supone establecer una igualdad de legitimidad (y legalidad) entre agresor y agredido y, en nuestro caso, entre libertad y totalitarismo, prosperidad y miseria.

“¿Por qué te defiendes, si somos iguales?”

Genial ¿verdad?

Se elimina la confianza en el poder individual para que este no se ejerza, convenciéndonos de que el poder individual no sirve para cambiar a toda la sociedad ni la totalidad de la realidad. “Por tanto (sigue el razonamiento) como no puedes cambiarlo todo no cambies nada, ni siquiera lo que sí puedes cambiar”. Un control mental simple, burdo pero devastadoramente eficaz.

“Además (continúa el lavado de cerebro), como la inmensa mayoría no se unirá a ti, tu acción individual será inútil”. Es el mantra del rebaño, de la manada, para que adquieras la mentalidad de un herbívoro gregario que sólo se siente fuerte y seguro mientras se mantenga dentro de una masa dirigida por… quienes sí se sienten seguros de la fuerza de su individualidad: los pastores o los cazadores.

Pero, como no todo el mundo va a caer en esa trampa, es necesario reprimir de forma contundente e inmediata a quienes sí ejercen toda su fuerza individual para defender su libertad y su prosperidad. Y de esto se encargan los perros pastores, con el beneplácito y la colaboración del resto de la población convertida en rebaño humano por medio de la ingeniería social.

La fuerza del mundo libre reside en el ejercicio de la libertad individual en un marco regulatorio que haga compatible la disidencia con la lealtad. El bien supremo es defender la libertad y la prosperidad con toda la fuerza de la que dispongamos.

Siempre que hablemos de derrota debemos tener claro lo que significa: perder nuestra libertad y prosperidad.

Ejercer el poder individual y el poder público del mundo libre sin la restricción que los enemigos quieren que nos autoimpongamos porque, si no lo hacemos, les será imposible derrotarnos. Pero para usar ese poder sin restricciones y hasta el límite de conjurar y eliminar la amenaza de quienes quieren robarnos la libertad y la prosperidad, hay que invertir en medios rentables, que, en el actual escenario geoestratégico, son aquellos mediante los que se puede manipular la opinión pública o mantenerla libre y fielmente informada. El valor bursátil de la CNN es prácticamente el mismo que el de un portaaviones de la clase Gerald R. Ford, unos 15.000 millones de dólares. En las actuales circunstancias geoestratégicas, la efectividad de un gran medio de comunicación en caso de conflicto es, sin embargo, muy superior a la de un portaaviones. Controlando ese medio de comunicación se puede neutralizar a toda una flota de portaaviones.

Más sencillo aún. Si consigues que la población de países democráticos acepte sin rechistar medidas totalitarias que limitan, cuando no eliminan, libertades y derechos y conquistados durante cientos de años, entonces, tienes la posibilidad de, comprando la cúspide política igual que se compran los medios de comunicación y de manipulación, puedes controlar esas sociedades a “distancia” de manera que mantienen la ilusión de independencia y ni siquiera necesitas invadir físicamente ese territorio para tenerlo a tu disposición, y todo ellos sin necesidad de ganar ninguna guerra.

Eso, crear las condiciones totalitarias que permiten controlar una sociedad (su riqueza y su fuerza) con tan sólo invertir una cantidad ridícula en la “compra” de sus dirigentes, es lo que está sucediendo tras la inmensa incompetencia de los dirigentes occidentales en la gestión de la falsamente grave pandemia que ha diseminado por todo el mundo la dictadura china. Curiosamente, existe un efecto frontera por el que el virus es terriblemente letal en España y, a penas a unos cientos de metros, en Portugal se comporta poco más o menos como una gripe común. A un lado de la línea fronteriza crece una dictadura en agraz y, en el otro, reaccionan y regresan a la libertad y la prosperidad.

La implantación de una dictadura vírica en el mundo libre occidental es el principal logro estratégico que, inesperadamente, ha conseguido la dictadura china. Algo que puede hacer que los acontecimientos se precipiten de forma vertiginosa si en la batalla del 3 de Noviembre gana el equipo de Xi Jinping.

Pero la Operación Pandemia, lanzada contra el mundo libre occidental por el ejercito popular chino para neutralizar la exitosa Operación Aranceles lanzada por el primer presidente empresario de EEUU, no habría obtenido el fulgurante éxito que está teniendo si los que queremos ser libres y prósperos hubiéramos invertido en portaaviones de ingeniería social. Los mismos que lograron que EEUU no usara todo su poder para vencer al colectivismo internacionalsocialista en Vietnam. Porque fue ahí, en Vietnam, donde se ensayó con éxito la táctica de hacer que el enemigo, en este caso nada menos que la primera potencia mundial, limitara el uso de su poder hasta un punto en el que pudiera ser derrotado por unas fuerzas muy inferiores.

¿Quién derrotó a los EEUU en Vietnam? Las marchas de civiles desarmados movilizados por el enemigo mediante el control de los portaaviones de ingeniería social (medios de comunicación, vectores de opinión, instituciones “neutrales” y mantras ideológicos). Exactamente la misma táctica que permitió a Marruecos apropiarse de un territorio, el Sáhara Occidental, sin necesidad de realizar un sólo disparo para arrebatárselo a una nación superior militar y económicamente sobre el papel. Porque, sin voluntad, la fuerza es papel mojado. Y eso fue lo que ocurrió con la Marcha verde, una movilización de “civiles desarmados” que invadió un territorio neutralizando la fuerza del enemigo.

La marcha Verde estableció el principio básico de toda invasión migratoria:

“Yo no uso la fuerza (para invadirte o para imponer mis ideas). Tu no usas la fuerza para evitarlo”. Proporción de mínimos. Estupidez de máximos.

Después de comprobar el extraordinario éxito en Vietnam y el Sáhara Occidental, la estrategia colectivista no ha variado ni un ápice: invertir en portaaviones y operaciones de ingeniería social para que las sociedades libres se autoimpongan limitaciones a la hora de defender su libertad y prosperidad. Utilizar civiles indefensos para ocupar territorios físicos y sociales, por ejemplo las invasiones migratorias o los antifas y BLM, y convertir la indefensión voluntaria del enemigo en elemento definitivo para lograr lo que, en caso contrario, sería una victoria imposible.

Podemos aprender la lección y reaccionar antes de que sea tarde o perder nuestra libertad y prosperidad. Podemos seguir invirtiendo en portaaviones o invertir en los mecanismos de ingeniería social desde los que se nos convence para no usar los portaaviones, los guardacostas, la policía, las leyes, la tecnología, la ciencia, o la economía, y utilizar esas armas para tapar el hueco en la muralla, nuestra debilidad consustancial a nuestra fuerza: el poder de la opinión pública para controlar las decisiones políticas. Impedir que sean los colectivistas, más débiles que nosotros, los que tengan la exclusiva de esas armas tan poderosas, que nos convierten en extremadamente vulnerables. Podemos invertir en defensa mediática o permitir que nuestra libertad convierta nuestra fuerza en debilidad.

Hoy, la inversión más rentable en defensa no son los portaaviones, sino los moduladores de la voluntad para usarlos hasta sus últimas consecuencias: la victoria total.

Todo lo demás, ceder a la tentación programada por la ingeniería social del enemigo exterior o interior, caer en la trampa de sus mantras para que no nos defendamos: “racistas”, “insolidarios”, “negacionistas”, “fascistas”… o “desistid y no os defendáis”, “no se pueden poner puertas al campo”, “es criminal detener por la fuerza una invasión de civiles desarmados”… todo eso lleva a un Vietnam comunista, a un Sahara convertido en provincia marroquí, a una Europa de guetos y “no go zones” o a que alguien tenga que hincarse de rodillas frente a otro porque no tiene su mismo color de piel.

Y ahí estamos. Blancos, negros y amarillos libres, de pie, pero dejándonos derrotar, a pesar de ser mejores y más fuertes, por la fantasmal armada en la que han invertido durante años los enemigos de la libertad y la prosperidad, mientras nosotros gastábamos millones en ejércitos que nunca serían usados hasta superar el poder del enemigo.

En esto consiste la batalla cultural: Invertir, además de en portaviones, en medios de protección de nuestra opinión pública para que nadie nos convenza de que no es conveniente ni justo usar toda nuestra fuerza para derrotar a quienes quieren robarnos nuestra libertad y nuestra prosperidad. Es así de sencillo, así de difícil y así de necesario. De otro modo, sobran todos los portaaviones.

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