Solución final

Yo empiezo a considerar posible la redención de España; casi, casi, creo que estamos en el momento en que esta redención va a comenzar. (El Tablado del Arlequín. Pío Baroja)

La niebla de la razón sometida a la histeria milenarista medieval de la pandemia lanzada por el partido comunista chino para intentar un milagro desesperado con el que evitar la derrota de los aranceles nos lleva a un estado general de ofuscamiento por el que juzguemos lo que hace pocos meses serían sospechas más que fundadas como fábulas conspiranóicas. Así, la confesión de culpabilidad china expresada mediante las amenazas a quien pretenda investigar el origen de la plaga se toma como prueba de inocencia aún cuando no se ha determinado ni el paciente cero, ni el eslabón perdido contagiador (el mito del pangolín) ni tan siquiera el origen mismo del coronavirus (se habla de un murciélago como del dragón de San Jorge). Más aún, se pasa por alto el verdadero acto de guerra que, este sí absolutamente probado y ejecutado con la necesaria colaboración de la OMS del ministro comunista etíope, se dirigió directa y letalmente hacia el corazón de la Europa industrial, densamente poblada y debilitada por un gobierno improvisado por los poderes ocultos (la banca y alguno más que pasaba por ahí) para conjurar el peligro populista italiano. Y España, claro, con su recién estrenado primer gobierno de frente popular desde hace ochenta y dos años, cuando Francia inició el camino hacia la gran derrota.

¿Casualidad? Bueno, nuestro medieval estado de estupor, en el contexto de la época con mayor formación e información de la Historia humana, se convierte en estado de estupidez al pasar por alto algo tan evidente como que, dinamitando la UE se acaba no con un proyecto de unión política, económica y cultural, que eso le trae al fresco a todo el mundo, incluidos los señores neofeudales de Bruselas, sino con una potencia en agraz capaz batirse de tú a tú con EEUU y China en cuanto los intereses nacionales que son los que rigen la Unión escondidos tras la hipocresía europeísta, dieran paso una verdadera confederación de estados libres.

¿Casualidad que España haya seguido en cuestión de días la estela de la tutelada Italia, amplificando hasta el primer puesto mundial de mortandad por habitantes la destrucción desencadenada por el hackeo biológico de la pandemia neocomunista? ¿Aplicamos también aquí el estado de estupidez medieval y pensamos que todo se debe a una fortuita coincidencia de ineptitudes y fatalidades? Me temo que esto ya resulta imposible.

En España, gracias al gobierno de frente popular de la España de Vichy, ocupada por la Wehrmacht económica china, la respuesta histérica medieval ha provocado una destrucción económica mucho más allá de lo que exigiría la simple ineptitud. Una destrucción a conciencia, aplicada mediante el sorprendentemente eficaz estado de excepción democrática que ha sido acatado sin rechistar por el pueblo y secundado hasta hace pocos días por la oposición política. Suspensión de la democracia (así es de serio lo que está ocurriendo) permitida cuando no apoyada por las empresas de BOE y maletín, dueñas de facto de los medios de comunicación nominalmente en manos ¿casualidad? italianas.

Una anulación de libertades, tanteo y amaestramiento de la sociedad al completo, que ha desvelado para todo el que siga viviendo en el siglo XXI y no en el X, que España se ha convertido en un nuevo régimen de Vichy a las órdenes de la gran potencia hoy líder del viejo bloque colectivista que inició la actual contienda allá por 1939, con un gobierno que persigue sus propios intereses ideológicos y negocios políticos bajo las directrices estratégicas de la potencia invasora (olvídense de monaguillos venezolanos o iraníes), sometiendo a toda la población bajo un orden exactamente equivalente al de cualquier ocupación militar, clandestinidad incluida, con su parafernalia de controles policiales, bombardeo propagandístico, destrucción de los resortes institucionales capaces de ofrecer resistencia, reclusión de la población, control de la libre opinión y de la información (los bulos y las fake news), mascarillas-bozales, prohibición del derecho de reunión y de libre tránsito, radios España Independiente, esta vez anticomunistas, Stasi hispana persiguiendo comunicaciones desafectas en las hondas de Internet… Repasar las similitudes entre lo que estamos viviendo y lo que vive cualquier pueblo ocupado mediante un gobierno títere resulta espeluznante. Pero más espeluznante aún es contemplar sin la niebla de la estupidez medieval nuestro futuro.

La estrategia de todas las fuerzas involucradas en esta ocupación de la nueva Polonia giran en torno a un mismo objetivo: el punto de no retorno en el que la destrucción económica haga imposible un rescate completo de España. El gobierno del frente popular para alcanzar lo más rápido y profundamente esa línea de meta, nuestros aliados europeos para cubrir el expediente (la drôle de guerre) sin que les salpique demasiado y, las fuerzas democráticas nacionales, buscando sacar provecho electoral en el río revuelto y pestilente que nos arrastra hacia donde ya no habrá intereses electorales por los que luchar.

Alcanzado el punto de no retorno España ya no se podrá rescatar sin poner el riesgo a la UE por razones de cuantía económica y de juegos políticos (se negarían radicalmente los países del núcleo duro). Pero no auxiliarla también conllevaría riesgos, especialmente para el euro y, a medio plazo, para la propia Unión. De manera que, ante este dilema, y una vez constatado que en España no existen fuerzas capaces de detener la agenda neocomunista, la alternativa por la que se ha decidido la UE es la sedación: Una ayuda a fondo perdido (y otra mediante préstamo blando) que es justo la cantidad necesaria para evitar el descalabro económico de España pero para nada más, arrojando al vertedero de la marginalidad subvencionada a un pueblo español eficazmente controlado por el gobierno del gulag domiciliario y la tierra quemada para que no arme mucho escándalo, lo que causaría sobresaltos que podrían desestabilizar los mercados financieros.

Hemos sido condenados a una debilidad mísera y crónica, asistida y sostenida mediante renta vital de menesterosos por una UE que, a cambio, y para no frustrar la agenda política neocomunista, sólo pide reformas estructurales de ornato y postureo que el gobierno progresista se apresurará a aceptar encantado: Transición ecológica, perfeccionamiento de la vida online y el trasunto digital sobre el que pivota la vida confinada de la nueva normalidad de granja intensiva, contrarreforma laboral, atención social de los colectivos vulnerables, mucha ciencia y tecnología… Y, cuando ya no sea necesario aislar el irritante problema español, se desenchufará el respirador financiero y se abandonará a su suerte a los sin techo de la nave industrial abandonada de la España progresista. Un barrio-estado marginal que habrá servido para modular el valor del euro con sólo subir o bajar su nivel de tensión social sin que nadie pueda acusar a Bruselas de prácticas desleales.

Encantado con la solución, el gobierno títere del frente popular colaborará en todo porque todo le viene de maravilla para consolidar el proceso revolucionario apalabrado con las maletas de Delcy, arras que se prometen multiplicadas en contenedor gigante con nombre chino. La UE no llevará a cabo un verdadero rescate que les prive del sustrato de miseria sobre el que consolidar su revolución, ni exigirá que el dinero entregado se gaste en provecho del porvenir de los españoles, sino para financiar el aparato de poder clientelar.

Nadie piensa cumplir la letra pequeña que ni siquiera se han molestado en escribir con las exigencias de los más puritanos gobiernos de esa Europa protestante que ha descubierto las bondades de la diplomacia vaticana. No habrá medidas que aumenten la competitividad de España y dibujen esperanza en nuestro futuro. No le interesa a nadie. Ni a los de fuera, cansados ya del problema español, ni a los nuevos capos de las bandas político-empresariales dominantes ni, por supuesto, a la potencia ocupante, la lejana China que urde el destino desde las sombras de la distancia y la discreción sólo perdida cuando alguien exige investigar la autoría de la pandemia que ha dado la vuelta a la partida. Todos contentos, excepto los españoles. Pero que nadie olvide un detalle decisivo. Mientras la UE quiere ganar tiempo, China necesita no perderlo.

Se precipitará la solución final que la socialcristiana UE y el liberal bloque anglosajón esperan para dentro de unos años (tres, al menos) y cogerá a todos por sorpresa, exactamente igual que ha hecho el nuevo coronavirus.

Un incidente va a precipitar la victoria de la revolución neocomunista mediante un autogolpe de estado que instaurará una china en el zapato de Europa, llevando las cosas hasta un nuevo nivel de enfrentamiento internacional que, si las cosas suceden como hasta ahora, marcará el declive de un bloque, el de los países libres, y el acenso del contrario, los países de origen internacionalsocialista evolucionados a nacionalsocialistas. Y, entonces, cogidos por sorpresa y desunidos los aliados, apenas una caricatura de crisis de los misiles y, de inmediato, gran alegría por haber evitado el holocausto nuclear de la Humanidad, tras lo que China con su, ahora sí, rendidamente fiel Rusia, se sentarán en la puerta de sus mares para ver pasar los harapos de su enemigo.

Tal y como las cosas predicen, el pueblo español sólo encontrará un aliado para evitar en el último momento el triunfo del colectivismo y el fin de las libertades: el bloque anglosajón… si EEUU despierta a tiempo de su borrachera preelectoral, no le dura demasiado la resaca y consigue fraguar una nueva alianza. Y la UE, depurada o no en IV Reich socialcristiano, sólo tendrá una oportunidad: librar la que será su última batalla en esta guerra de penumbra, la de los españoles a los que ha condenado a una solución final dictada no desde el realismo pragmático sino desde el inconsciente colectivo que aún imagina a España como el imperio más peligroso de la Historia. Porque lo que acaban de decidir nuestros socios europeos no es librarse de los fantasmas de sus pesadillas que habitan al otro lado de los Pirineos, sino que la puerta de Europa se abra de par en par para que entre por ella, martillo y guadaña en mano, la famélica realidad medieval con la que el verdadero monstruo colectivista devorará los sueños de los muy sensatos y pragmáticos nuevos señores feudales del viejo Sacro Imperio Romano Germánico.

Y a pesar de todo, o gracias a todo esto, yo creo en la redención de España.

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